La semana pasada se me venció la licencia de conducir que había hecho en Recife, donde vivía. Como hace cuatro años que estoy en Buenos Aires y no tengo tiempo para viajar -y recorrer los cinco mil quilometros que me separan de una ciudad a la otra- tendré que hacer una nueva licencia aquí. Estoy un poco preocupada porque no sé cómo va a ser el trámite con el implante coclear. Cuando pedí mi licencia en Recife tuve algunos problemas. Me mandaron a un médico para que me haga una audiometría y escriba mi historia clínica. Le pregunté a este último si podría conducir con mi audición pero él sabía menos que yo. Lo único que me dijo fue: “¡Pero usted es totalmente sorda!”. ¡Chocolate por la noticia! No necesitaba verlo para saberlo, a decir verdad nunca iba al otorrino ya que lo mío no tiene cura y en aquel entonces ni se me pasaba por la cabeza hacerme un implante coclear. Me las arreglaba con un audífono de lo más bien: escuchaba lo que quería. Es una broma, escuchaba lo que podía pero entre la lectura labial y la intuición lo llevaba de lo más bien. Finalmente supe que en Brasil los sordos tienen derecho a un registro, como cualquier persona, sólo que en el momento del examen nos acompaña un funcionario para decirnos lo que tenemos que hacer. Hoy en día existe un logo en forma de adhesivo para que los deficientes auditivos lo peguen en el vidrio del coche. No es obligatorio, pero es bueno así los otros conductores o policías saben que en ese coche maneja alguien que no oye bocinas o silbidos.
Los tiempos deben haber cambiado; mi padre fue sordo y piloto de Fórmula 3 en los años cincuenta. Yo no había nacido todavía y sólo tengo las fotos para imaginarlo como corredor. Me emociona
Cuando era niña él ya no era más piloto de fórmula 3; andaba en un cochecito. Las vueltas de la vida lo llevaron de un Jaguar a un Auto Unión. Sufrió mucho por eso, pero nunca se quejó. Lo perdió todo en las épocas turbulentas de la revolución Libertadora, cuando los militares derrocaron a Perón. Lo pusieron preso por tener una fábrica de trenes. O sea: lo pusieron preso siendo inocente. Bueno, esto es una larga historia que terminó en Francia, donde se casó con mi madre y yo soy el fruto de ello. Una historia digna de una novela y mi deseo es aprender a escribir para contarla.
Con el tiempo mi padre volvió a levantar la cabeza como abogado. En el año 1976 ganó un juicio muy importante y con ello mucho dinero. Lo primero que hizo fue comprarse un BMW deportivo y un antiradar. No sé como se consiguió el antiradar, lo único que sé que venía de Estados Unidos y era ilegal. Lo conectaba desde el encendedor de cigarros y enganchaba el aparato en el parasol del parabrisas. Cuando le entregaron el coche me vino a buscar, me sentó a su lado, sin cinturón de seguridad (otra época) y me dijo: “vós sos la copilota”. Volabamos y a mi me encantaba. Observaba con atención todos sus movimientos. Observaba como y cuando hacía los cambios, como manipulaba el volante, en que exacto momento ultrapasaba un coche. Lo observaba todo y así aprendí a manejar. Con pura adrenalina y pura concentración. Nuestros viajes a la playa eran carreras de fórmula 3, sólo que corríamos en una ruta – y no autopista – donde pasaban camiones y coches de todo tipo. Mi madre se sentaba atrás y lloraba durante todo el trayecto mientras él se hacía el sordo o le recordaba como en sus años de romance lo aceptaba todo para estar con él.
Muy pocas veces un coche nos ultrapasaba en la ruta, pero cuando eso sucedía nuestro viaje se transformaba en una persecusión. Mi padre vivía sus propias carreras, impulsado por una pasión incontrolable al volante. En esos momentos yo rezaba para que el otro coche desapareciese de la faz de la tierra. Sólo el chillido del antiradar lograba que bajase la velocidad. Al poco tiempo veíamos a nuestro “adversario” parado en el costado de la ruta con la policía y mi padre le mandaba un saludito irónico. El otro nos miraba desconcertado, no podía comprender como habíamos sabido que el radar de la ruta estaba activado.
Una vez lo paró un policía de moto y no tuvo tiempo de esconder el antiradar. El policía afirmaba -con razón- que nos vió volando por la ruta y mi padre se lo negaba a muerte. De repente vió nuestro aparatito mágico conectado al encendedor y preguntó desconcertado: “¿Que es eso?”. Mi padre lo agarró al vuelo y le respondió: “¿Cómo, no sabe?”. Le tocó el ego y por eso dijo: “Claro que sé” a lo que mi padre le retrucó con un “¿Y entonces porque me lo pregunta?” . Nos dejó ir.
Irnos de viaje a la playa era algo fuera de lo común. Cuando mi padre se sentaba al volante se ponía unos guantes especiales para que sus manos no se deslicen con la transpiración. Ponía el reloj a cero y decía: en tres horas tenemos que llegar. No se podía hablar, ni comer, mucho menos tener ganas de ir al baño. Por suerte nunca hemos chocado, a los diez años de uso su coche parecía recién salido de una concesionaria. ¿Cúal era el secreto para que un sordo manejase a 200kms por hora en una ruta de mala muerte sin chocar? . Primero de todo tenía mucho talento, pero tambien tenía un secreto que me repetía una y otra vez: los espejos. Los espejos son importantes para todos pero para un sordo es fundamental.
Hace poco tiempo atrás fuimos al cumpleaños de Magui. Se hizo la fiesta en un restaurante. Yo estaba muy feliz al poder participar finalmente de las conversaciones de mis amigos pero de repente se me acabó la batería y me había olvidado la otra en casa. Y si, soy una tonta, ya lo sé, me la olvidé de nuevo. La cuestión es que en el momento que el procesador de voz se apagó yo me desconecté de la fiesta. El silencio lo invadió todo y decidí ir por la otra batería que estaba en casa, a unas treinta cuadras de allí. Me fui sola de coche, en el silencio total y de noche sin ningún problema. Cuando agarro el volante me siento segura y no le tengo miedo al silencio. Manejo con los espejos, como me enseñó mi padre, y con la intuición que adquirí en todos estos años de sordera… y muy bien… modestia a parte…jejeje
Despues de todo esto no tengo duda que un sordo puede manejar. Se maneja con los ojos y con el cerebro. Es cierto que la audición tambien es importante pero no es indispensable. La observación es mucho más importante y los espejos son de gran ayuda. La semana que viene empiezo con el trámite para tener mi nueva licencia. Ya les contaré.






Espero que las anquilosadas normativas legales no te impida hacer algo para lo que estás sobradamente preparada.
SI SE QUIERE, SE PUEDE (esto no va por tí, sino por los legisladores).
Besotes y suerte.
Miguel Nonay
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http://www.miguel-asaltodemata.blogspot.com
Buena suerte y que te lo renoven.! Bonita historia.
Olivia: que recuerdos tan bonitos guardas de tu padre, y eso a pesar de la distancia que os separó en tu adolescencia, la juventud tiene esos defectos son, mejor dicho fuimos, muy egoístas y nos creíamos el ombligo del mundo cuando no éramos mas que un pequeño apéndice de el. Nuestros padres tuvieron que luchar y sacrificar mucho para que pudiéramos tener algo en que sujetarnos ahora nos damos cuenta cuando en realidad y es muy tarde, esperemos que nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos no tropiecen en las mismas piedras que tropezamos nosotros.
Me encantará saber que te renuevan tu licencia de conducir.
A mi me caduco cuando estaba en la UC,I y si bien no me tuve que examinar, si tuve que pasar un reconocimiento medico que creí que no lo podía pasar.
Tan solo me obligan a renovarlo cada año, no por el oído, sino por problemas que tuve durante mi estancia en el hospital en mi corazón.
Por lo demás nada, solo tengo que poner un espejo panorámico en el coche, como tu decias fijarme mas en los espejos, nada más.
Te deseo suerte Encanto.
Por cierto tu papa era lo que se dice por aquí un DANDI una hermosa persona, pero segurao que tambien era una Gran persona.
Hola Lourdes, que linda sorpresa tenerte por aqui. Gracias, yo tambien espero que me la renoven que sino voy a estar manejando sin licencia… y eso no es bueno…. y… en fin. Te mando un beso
Angel guapo, la verdad que para mí es como si te conociese personalmente. Mi papá fue un dandi como dices en esa época pero despues de la cárcel él cambió mucho. Yo era una jóven adolescente, es cierto, pero el viejo tomaba demasiado y tenía un carácter muy complicado. Y era celoso de su hija. De todos modos me ha marcado mucho su personalidad y guardo recuerdos muy especiales e inolvidables. Pero claro, nuestros padres pasaron lo suyo e hicieron lo mejor que pudieron, de eso no tengo dudas. Los niños no llegan con un manual de instrucciones. Hay que improvisar continuamente mientras vivimos y si nos equivocamos hay que seguir adelante…. no se puede hacer un borrador y despues la pintura.
Te mando un beso bien graaaaaaaaaaande
¿compraste auto ?!!!!!!!…conociendote como reaccionas y por como está el transito ahora, nada como escuchar de nuevo aquellas hermosas puteadas.-un beso.-
jajajajajaaaaaaa….¡¡¡¡¡Juan!!!!!! no, no me compré auto pero confían tanto en mí que me lo prestan. Le prestan el coche a una sorda…jejeje. Y acá no puteo, no tiene la misma gracia que allá. Besos grandes
Oli, como me encanta leer las historias que nos cuentas de tu vida. Lo haces tan bien, que me he sentido como si yo fuera dentro de ese coche camino de la playa.
Hace poco pusiste una entrada con una foto tuya y de tu padre, porque tu madre te decía que eras como él. Hoy me hiciste recordar y claro que eres como él, fuerte, decidida, alegre. Espero que llegue ese día en que puedas escribir la historia de tus padres y la publiques, transmites tan bien cuando escribes, que te aseguro que será un disfrute poder leerla.
Si yo pudiera hablar con quien tiene que extenderte la licencia, le diría, mejor désela jajajajajaja.
Besitos corazón. TKM