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Archive for 25 febrero 2010

Once meses sin fumar

Hoy cumplo once meses sin fumar y aunque todavía tenga momentos difíciles cada vez me siento más contenta con mis logros.

 

 

¿Qué gané?

-Respiro bien

– Mi piel está más suave y tiene mejor color.

– Tengo tiempo porque no tengo que interrumpir lo que hago a cada rato para prenderme un pucho.

– Recuperé el control de mi vida.

– No me tengo que preocupar en tener siempre tabaco encima y no entro en pánico si no hay un quiosco cerca.

– No necesito salir a las tres de la mañana a comprar cigarrillos porque no tengo más.

– Puedo disfrutar de los lugares libres de humo sin contar los minutos para salir afuera a fumar.

– No siento culpa de contraer una enfermedad por voluntad propia (ya contraje EPOC pero sin fumar lo tengo controlado)

– No me escondo más detrás de una nube de humo, puedo enfrentar los problemas y discusiones sin la necesidad de prenderme un cigarrillo.

– Disfruto de los aromas, no huelo más a cenicero y el perfume sabe a perfume.

– Recuperé el sabor de la comida.

– No gasto más plata para esclavizarme, la puedo usar para hacerme gustitos.

– Recuperé mi libertad.

¿Qué perdí?

NADA

 

Acabó la ruleta rusa

No me canso de dedicar cada mes, o sea cada conquista, a los compis que me acompañaron y me acompañan en este proceso. Este mes se lo dedico especialmente a Diane. Espero que estés por acá che, no sabés lo que me alegra haber llegado hasta acá y me encantaría festejarlo con un mate juntas. Ya se hará. Mientras tanto te mando un beso bien grande desde acá y te agradezco por estar siempre cerca. Sos especial.

Ahora a por el año, ya falta poquito 🙂

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La frontera

Las fronteras despiertan mi vena aventurera. Al cruzarlas se abre una pueta hacia un nuevo horizonte que se me presenta virgen y lleno de novedades. Me encanta viajar, de chica escribía en mi diario como iba a dar la vuelta al mundo lavando platos en la cocina de un barco. Algo de eso hice pero por tierra y con una mochila en la espalda. A decir verdad siempre viajé. Nací en Francia y a los tres años me llevaron a vivir a Argentina. A los ocho años me subían sola a un avión para ir a visitar a mi abuela en Paris. Las azafatas me regalaban caramelos y me llevaban a ver las estrellas desde la cabina. Era fascinante. Cuando cumplí once años mis abuelos se fueron a vivir a Senegal. Ese país me impactó y despertó en mi un deseo de conocer los tantos mundos que existen en este planeta. Se me abrió una nueva lente y pude ver que mi realidad era sólo una entre miles y nunca más pude creer de que con tantas caras sólo exista UNA verdad.

A los 14 años fui a Brasil por primera vez. Estaba en el campo de una amiga en la provincia de Corrientes. La mamá nos llevó a la frontera para almorzar y comprar ropa del otro lado del río, en ese enorme y exótico país llamado Brasil. Sólo fuimos por el día pero mi vena aventurera latía a gran velocidad. Sentía un deseo irresistible de tomar un ómnibus y entrar más y más adentro de ese extraño y fascinante país. No sé porque pero siempre sentí una atracción especial por Brasil. Sus mezclas, colores,olores; todo intenso y sensual.

Quién me hubiera dicho que doce años despues iba a volver a cruzar esa misma frontera para cumplir ese sueño y subir 5000 kms hasta llegar a Recife. Me fui por un mes, a ver el Rock en Rio y me quedé veinte años. Allí nació mi hija, tuve mi casa, empecé a pintar profesionalmente y encontré mi lugar. La gente me preguntaba porque había elegido Recife para vivir al haber nacido en Paris y vivido en Buenos Aires; dos grandes capitales. “En Francia me consideran una india y en Argentina una franchuta, en mis dos países soy media extranjera así que me vine para acá y así  soy completamente extranjera” les decía medio en broma, medio en verdad.

Las circunstancias de la vida me hicieron volver a vivir en Argentina despues de 25 años fuera. Soy única hija y mi madre vive acá, mi papá ya se murió. Me siento en la obligación de estar cerca de ella en esta etapa de su vida. Es una obligación voluntaria y conciente, me gusta que sea así. Tengo mi familia diseminada por el mundo. Estoy feliz en Buenos Aires pero extraño profundamente Brasil. Allá me olvidé lo que significan las palabras soledad y depresión. Creo que sobreviví tan bien a la sordera por la facilidad de comunicación que la gente de Recife tiene. Te hablan con el cuerpo: gesticulan, son expresivos y te tocan. Nunca me sentí una deficiente en Recife, hace relativamente poco que esta palabra entró a formar parte de mi vida. Eso me permitió hacerme el implante, eso sí.

Tengo residencia en Brasil por ser madre de una brasileña pero si estoy más de dos años fuera del país la pierdo y siento perder veinte años de mi vida también. Hace cuatro años que estoy en Argentina y esta es la segunda vez que cruzo una frontera para tener el sello de entrada y salida al día. Es por eso que volví a cruzarla la semana pasada con el pie roto, porque se me iba a vencer. Me sentía ridícula dando saltitos con mis muletas entre los turistas que se iban de vacaciones a las playas paradisíacas que ese país ofrece. Al encontrarme con la policía fui directo al grano y les dije que sólo estaba ahí por mi visa. Me la dieron en el instante, con un sentimiento de solidaridad.

Cuando pisé el suelo brasileño sentí una emoción subir por mis poros. Estaba en casa. Fuimos a almorzar en un restaurante, comida típica de Brasil: arroz, feijão,  farofa, salada e carne. Todos eran simpáticos y cordiales. No sé si era mi pie roto, el hecho de hablar portugués o porque compartían mi emoción. Les conté que hice 1600 kms (con la vuelta) con el pie roto sólo para renovar la visa: “Eso es amor, paixão pelo Brasil”

Ahora tengo dos años más pero de esta vez quiero volver por la puerta grande, a Recife, para matar as saudades do meu coração. La vuelta fue agobiante. Fue el día más caluroso del verano y llegamos muertos a Buenos Aires. Es un pena que Recife esté tan lejos de Buenos Aires, son 5000 kms de distancia que hice por tierra con mis 26 años a la búsqueda de la tierra prometida, la tierra de los cocoteros, el mar turquesa, el cielo de un azul intenso, la piel oscura, la carne dura, beleza pura (como dice la canción de Caetano Veloso). Al paraíso no lo encontré porque el paraíso no existe en esta tierra y la paz sólo la encontramos dentro de nosotros mismos. De todos modos me enamoré de Recife, un amor verdadero, un amor sincero que no puedo evitar de sentir.


Me aguarda Brasil, eu chego lá.

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Estoy de vuelta

Hace unos días que volví pero no pude escribir todavía. El viaje fue muy cansador a pesar de haber sido lindo. Lo que me tiene cansada es estar con el pie roto, no tengo una vida para quedarme en la cama mientras los otros se dedican a mi. Por suerte ahora puedo apoyarlo y dentro de poquito voy al médico y espero tener buenas noticias y empezar una rehabilitación.

 Mientras tanto le pido a Dios

Serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar,

 

Valor para cambiar las cosas que puedo,

 

Y sabiduría para reconocer la diferencia,

 

Viviendo un dia a la vez,

 

Disfrutando un momento a la vez,

 

Aceptando dificultades como el camino a la paz.

 

 

Me encantaron los comentarios que recibí en mi ausencia, GRACIAS.

Mañana será otro dia y prometo responder y escribir .

Ahora me voy al médico.

Beijocas

 

 

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