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Archive for 29 octubre 2010

Los espero!!!!

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En los diez años que luché para dejar de fumar lo probé todo. Con la fuerza de voluntad conseguí estar siete meses sin fumar. Padecí un sindróme de abstinencia brutal  Estaba nerviosa, ansiosa e irritada por todo. Sentía un hambre interno que llenaba comiendo pero el hambre era de nicotina. Todos los días, a las cinco de la tarde tenía mi pico de crisis. La ansiedad era intensa, no sabía que hacer con mi cuerpo y alma. Me subía al auto y manejaba hacia una pista desierta y sinuosa a toda velocidad gritando y llorando para bajar la adrenalina que no me dejaba respirar. Me sentía capaz de matar. Fue una experiencia tan terrible que después de recaer pasé dos años para volverlo a intentar. En ese tiempo gané una pangastritis e insuficiencia respiratoria. Cuando la médica dijo que debía dejar de fumar me puse a llorar porque NO PODÍA volver a pasar por la abstinecia, no me sentía capaz de enfrentarla. Ella me tranquilizó, un remedio iba a facilitarme las cosas. En mi segundo intento tomé odranal (bupodríon). Es un inibidor de la nicotina pero también un antidepresivo y yo no estaba deprimida; así que dejé de dormir. No pasaba más de tres horas en la cama, estaba hiperactiva. Estuve seis meses sin fumar con el odranal y recaí nuevamente. Después leí el libro de Allan Carr  “Dejar de fumar es fácil si sabes como”, que recomiendo a todos los que quieren dejar de fumar. Me mostró la trampa del cigarrillo como nadie lo había hecho antes. Entendí que la fuerza de voluntad no es suficiente porque así hacemos un sacrificio continúo al creer haber perdido algo maravilloso. Allan Carr nos hace ver que el cigarro no es un placer pero sí una droga y la necesidad que tenemos por fumar no sirve para relajarnos y sí para calmar la abstinencia de nicotina que sufrimos los fumadores al no fumar. Con este libro estuve otros seis meses sin fumar y recaí de nuevo porque todavía no era mi momento. De todos modos ya se me había despertado una conciencia interna que no me permitía fumar tranquila, un paso importante para dejarlo definitivamente.





Después llegó el diagnóstico del fumador: EPOC. La fuerza de voluntad no me sirvió, el odranal tampoco, ni el libro de Allan Carr, así que busqué un grupo de autoayuda. Fui a “Chau pucho” con un cuaderno y una birome en la mano pero no funcionó. La gente no tenía paciencia para escribirme lo que se decía y yo no escuchaba ni mi propia voz. No pude participar. Entonces busqué en la internet y por suerte conocí un foro genial. El grupo me ayudó mucho pero continué recayendo una y otra vez durante casi dos años. Ya nadie creía en mí, empezando por mi misma.




En los foros adquirí mucha información. Varias personas conseguían dejar de fumar sin sufrir los tremendos síndromes de abstinencia, con un remedio llamado champix. Parecía milagroso así que decidí probar. No tenía nada que perder y todo para ganar. Fui al médico y le pedí una receta. Los ex-fumadores de los foros me acompañaron y guiaron en ese nuevo proceso. Se empieza el tratamiento fumando, la primera semana se toma el champix y se fuma también. A la segunda semana se lo deja pero a los tres días ya no me entraba la nicotina por el cuerpo. Algo lo rechazaba y por primera vez en treinta y pico de años sentí lo que era vivir sin fumar. Experimenté una sensación de liberación interna, no dependía más del cigarrillo para ser feliz. Dejé de fumar sin sufrir el horrendo síndrome de abstinecia. Fue un proceso suave y agradable que reforcé con el grupo. Infelizmente no pude continuar con el tratamiento porque el remedio tiene unos cúantos efectos colaterales bastante fuertes y uno de ellos se relaciona con el estómago que yo tengo frágil. Tuve naúseas y dolor. También tuve momentos difíciles psicológicamente. Me olvidaba de todo, algo común en mí pero de esta vez la cosa se puso realmente mal. Dejé plantado a todo el mundo y me asusté. Una agujero se abría delante mío y sentía caer. Era puro vértigo. Dejé de tomar el champix al mes y medio cuando se lo debe tomar durante siete meses pero me dejó algo muy importante, me mostró que se puede vivir sin fumar y que se está muy bien así. Me agarré a esa sensación y cada vez que vacilaba lo recordaba. Hoy cumplo diez y nueve meses sin fumar y me siento feliz. El champix produjo el milagro dentro de mi cabeza, me mostró un camino que conocía pero no podía ver. Me hizo mal al estómago, eso sí. Hoy en día hago un tratamiento para la esofagitis y gastritis erosiva de la cúal todavía no logré librarme pero tengo que reconocer que con el champix logré lo que no pude durante diez años. Es cierto que ya venía con una importante experiencia, que fue esencial para el éxito. El champix es milagroso pero varias personas no consiguen dejar de fumar mismo tomándolo. Lo más importante de todo es la CONVICCIÓN, si no tenemos las cosas claras, no hay nada que hacer. Varias veces me pregunto si hubiese podido dejar de fumar sin el champix y creo que no.



Hoy quiero festejar este nuevo mes con Claudia, Nieves, Magui, Adry, Lola, Diana y muchos otros ex-fumantes. ¡Felicidades Claudia!, ahora nos tenemos que conocer personalmente che que nos lo merecemos. Por ahora te digo desde acá que

🙂 HOY NO FUMO 🙂



Y mañana tampoco


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El nueve de octubre no sólo fue el cumpleaños de mi hija como también el de mi nueva vida sonora. El nueve de octubre del año 2008 me implanté y mi vida dió un giro fenomenal. Me hubiera gustado escribir una entrada por mis dos años implantada pero no pude y ahora le quiero escribir a Maritza que se va a implantar el sábado 16 de octubre. Ella nos necesita .

Durante todos estos días las “chicas” han estado escribiendo por los diferentes posts del blog (El implante de Alma, El implante de Mónica, Mis avances con el implante coclear), contando sus experiencias por un lado y alentando a Maritza por el otro. Estas chicas son Alma, Silvia, Mónica y Maritza. Es una pena que sus comentarios estén separados,  así que espero que desde ahora sigan escribiendo desde este post, porque todo lo que dicen es muy interesante y a mucha gente le puede venir bien leerlo. En los comentarios de cada una leemos sus experiencias y vemos como cada una es única e irrepetible. Silvia, por ejemplo, es un caso a parte. Si bien la activaron empezó a escuchar como una oyente practicamente. Hacía veinte años que no escuchaba de ese oído. Ella está muy feliz y entusiasmada, no es para menos. Escucha la música, las letras de las canciones y el celular. Alma quedó sorda a los dos años de edad así que está aprendiendo a escuchar desde cero. Una verdadera odisea digna de admiración. Se siente feliz con el implante y cada sonido nuevo que descubre lo vive con una enorme alegría. Con Mónica me identifico más. Somos el caso “piano, piano vai lontano”, o sea: poco a poco. Pero hay algo que nos une a todas por igual: La actitud positiva.


Cuando me activaron discriminé las palabras que la fonoaudióloga pronunciaba con un sonido metálico y lejano, pero las discriminé. Todos los otros sonidos eran incomprensibles. En la calle escuchaba de todo pero no me daba cuenta de nada. Sentía un enorme zumbido seguido de un mareo que con el tiempo se transformó en malestar. Las voces retumbaban en forma de eco. Mi voz parecía salir de una caverna. Mi activación fue como un big-bang. El sonido se me presentó como una masa informe e incomprensible que poco a poco fui moldeando y organizando en mi cerebro. El médico me dijo que en cuatro meses ya estaría escuchando. Y así fue. De todos modos el camino no terminó ahí, sólo hizo empezar. Es un camino largo pero cada vez más ameno. Al año y medio empecé a distinguir la música cada vez mejor. Hoy en día reconozco la letra de una canción conocida. Ayer prendí la televisión para ver el rescate de los chilenos. Cuando todo terminó el presidente hizo un discurso. Me emocioné mucho por lo que dijo, pero me emocioné más al  entender lo que decía. No salía de mi asombro, pude seguir todo el discurso por primera vez en años mil. Yo casi no miro televisión. A veces miro porque otro lo está haciendo y poco es lo que discrimino. Creo que los chilenos tienen una buena dicción o simplemente ya estoy escuchando más de lo que creía. Hoy en día, después de dos años, puedo decir que escucho bien. Esto lo digo desde mi perspectiva de sorda. Si un oyente entrase en mi oído no diría lo mismo. Pero todo es relativo en la vida y en el mundo de los ciegos el tuerto es rey. Y así me siento: una reina. No necesito leer los labios como antes, puedo seguir una conversación (si no hay ruídos de fondo) sin mirarle la cara a mi interlocutor. Escucho el teléfono tocar de lejos, a los pajaritos ni les cuento. Estoy practicando con la música en el taller. No tengo discos actuales, pasé quince años sin escuchar  música, pero tengo los que mi padre me dejó. Muchos de ellos son de jazz y jazz progresivo. Los disfruto a mil. Nunca pensé que podría llegar a esto nuevamente. Tenía guardados los discos de mi padre como un recuerdo de lo que fue y no volvería a ser. Me había resignado a vivir escuchando desde un audífono de una forma precaria e irritante. Con el audífono los ruídos de fondo eran insoportables  y con el implante son agradables.


Al principio – cuando me activaron – todo sonaba en forma de notas musicales. Cuando subía las escaleras en vez de escuchar el tac, tac de mis pasos, lo que escuchaba era clooong, clonggg. Era muy extraño, como si fuese un piano, pero estaba feliz porque escuchaba. Venía del silencio completo y estaba preparada a lo peor. Con esto quiero dejarle un mensaje a Maritza para que se tome las cosas con mucha paciencia. Puede ser que cuando la activen oiga como Silvia pero lo  más probable es que no sea así. Hay que tener mucha paciencia y FE. La actitud positiva hace milagros. Hay gente que no disfruta del implante porque se molesta por no escuchar como lo hacía antes, se molesta por lo que no escucha o le molesta lo que escucha. Lo que debemos hacer es alegrarnos por lo que estamos escuchando mismo si suena a voz de extraterrestre. Con el tiempo el sonido se hará natural. Así lo es para mi hoy en día. Escucho de forma natural, o mejor dicho, mi cerebro lo escucha así, que no es lo mismo pero es igual. Hay que mirar el vaso medio lleno siempre.


El miedo que tuviste Maritza por la operación también lo tuve yo. Una semana antes me hicieron todos los exámenes para ver si estaba todo bien – como te hicieron ahora a vós – pero me encontaron una anemia al límite de la transfusión. Nunca me había pasado algo así antes, nunca había tenido anemia en mi vida. Me pregunto si no habrá sido el miedo porque la cabeza te juega cada pasada. La cuestión que estuve cinco meses tomando inyecciones de hierro para recuperarme. Durante esos cinco meses yo no estaba ni acá ni allá. Vivía una espera interminable. Una parte mía alargaba ese proceso lo más posible para evitar el momento de entrar en el quirófano. A lo largo de esos meses me hicieron montones de examenes para averiguar el porque de la anemia. Finalmente el médico me llamó personalmente para saber que pasaba. El aparato había llegado de Austria hacía meses y yo desaparecida. Ya estaba recuperada de la anemia y lo fui a ver. Miró los examenes y me dijo: “te operamos pasado mañana”. Sentí un calor subir por mi cuerpo, una mezcla de felicidad y pánico invadieron mis neuronas. No podía seguir así, tenía que dar el paso. Le pedí una semana y me dijo que si. Creo que el médico se dió cuenta que sólo me iba a operar si me apretaba… Y funcionó.


Entré al quirofano entregada, Desde la camilla veía a montones de personas con gorro y barbijo blanco que me miraban. No los podía oir, ni leerles los labios. Me daban la mano y se quitaban el barbijo para que los reconozca. Algunos me daban un beso.  Cecilia, la secretaria, ahora era la instrumentista. La enfermera que me llevaba al consultorio también estaba, otros médicos y el dr. Arauz, mi ángel salvador. Me alegré tanto cuando los reconocí. Recibí mucho cariño desde el principio por todos los del equipo de la fundación y les estaré eternamente agradecida por eso…… Et voilá!!!, me durmieron, me operaron y  luego desperté con una venda enorme en la cabeza. Los primeros días tenía mucho vertígo pero sino estaba bien. A la semana mejor y al mes me activaron. Ahí empezó este largo y maravilloso proceso de volver a escuchar nuevamente a través del implante coclear.


Maritza querida, ahora te toca a vós. Sos una mujer valiente, porque el que no tiene miedo no es valiente, es inconciente. Valiente es el que afronta una situación mismo cuando le tiene miedo. Y esa sos vós. Quiero que sientas que no estás sola, acá estamos unas cuantas locas implantadas para animarte y apoyarte. Nosotras te entendemos mejor que nadie porque pasamos por lo mismo que vós. A veces los oyentes no pueden ayudarnos porque no nos entienden. Haceles leer el blog a tus amigos y familiares para que vean que lo que te pasa a vós le pasa a todos los que no escuchamos.


Cuando quedé en el silencio total una angustia tremenda me invadió. Sólo escuchaba mis pensamientos y creí enloquecer. Se dice que los locos hablan solos y así estaba yo, hablando sola. Lo fui a ver al médico desesperada y me dijo dos palabras que me aliviaron: “Es normal” ; “Lo que le pasa es normal”. Me alivió porque así supe que no me estaba volviendo loca, no era un capricho mío, mi angustia era genuina, porque el silencio es devastador para quién escuchó y deja de escuchar. Tuve ayuda psicológica que fue fundamental para mantenerme en pie. La psicóloga, al saber que soy pintora, me propuso pintar mi angustia. Fue una catarsis y el principio de una serie de cuadros sociales que se llama “Los otros”. Porque yo me sentía del lado de los otros, del lado de una minoría abandonada, del lado de los que los “normales” no registran.


Pero eso va a cambiar, dentro de poco vas a volver a escuchar. Te recomiendo seguir el consejo de Mónica:  poné las expectativas abajo para poder recuperar sin prisa y sin pausa la audición.


Estuviste a punto de implantarte el mismo día que yo pero son pocos los días que nos separan. El año que viene vamos a festejar juntas y recordar estos momentos con alegría, porque vas a estar muy alegre escuchandolo todo.

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