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Archive for 24 abril 2011

En el blog escribo sobre tres temas esenciales de mi vida. La pintura, el implante coclear y dejar de fumar. Durante dos años estuve escribiendo todos los 24 de mes sobre el tabaco. En los foros de ex-fumantes festejamos todos los meses nuestra abstinencia. Los compañeros te mandan regalos virtuales, palabras de aliento y felicitaciones. Eso nos anima y fortalece nuestra decisión en mantenernos alejados del cigarrillo. El tabaquismo es una enfermedad sin cura, siempre debemos mantenernos alertas para no recaer. Y eso fue lo que me pasó a mi hace tres meses atrás. En un momento tonto prendí un cigarrillo, al creer que ya lo había superado. Ese cigarrillo actuó como detonador y al poco tiempo volví a ser esclava del tabaco. Se me hizo muy difícil volverlo a dejar. Me di cuenta que no podia sola y busqué ayuda. De esta vez fui a un grupo de autoayuda en tiempo real. Ya lo había intentado cuando no tenía el implante pero no resultó. No escuchaba nada y me perdía al querer leer los labios. Había llevado un cuaderno para que me escriban los testimonios pero la gente no tenía tiempo, ni paciencia. Con el implante pude formar parte del grupo sin problemas. Escuché todos los testimonios, uno a uno, y después hablé yo. Me sentí identificada con los relatos. A todos nos une lo mismo, el tabaco. En ese grupo nadie puede juzgar al otro, ni decirle lo que debe hacer. Cada uno debe hablar de su propio cigarrillo y nada más. No sé cómo funciona realmente, sólo hablamos y escuchamos pero salgo de ahí con una fuerza especial. De cada testimonio tengo algo que aprender.




La primera vez que fui a Chau Pucho me sentí muy feliz por el hecho de poder escuchar y participar  en el grupo. Presté mucha atención a lo que decían. Me invitaron a que vuelva, que lo iba a conseguir con ellos. La segunda vez que fui me puse a llorar cuando empecé a hablar. Me quebré. Quería dejar de fumar pero había perdido mi convicción. Tenía miedo de perder el cigarrillo en vez de tenerle miedo a la enfermedad y muerte. La adicción me había dado vuelta la cabeza y pensaba al revés. El coordinador dijo que no me presione y siga participando. En los días siguientes intenté fumar menos (grande mentira) con la esperanza de olvidarlo. En vano. Finalmente largué la chancleta un viernes. Ese día pinté durante seis horas sin parar al lado de una fumante y sus cigarrillos en la mesa. Trabajé tanto que no almorcé pero fumé un cigarrillo atrás del otro, como lo hacia en el pasado. A la noche no podía respirar. Sentía varios malestares por el cuerpo. Me dolía la cabeza, tenía mareos y cansancio. Estaba enojada y asqueada. En ese momento dije basta en mayúsculas y la convicción volvió como por arte de magia a su lugar. Se levantó el velo de humo.



Al otro día no fumé más, y así estoy desde entonces. Me siento feliz, liberada y sin síndróme de abstinencia. En el grupo todos se alegraron mucho cuando les dije que ya no fumaba. El coordinador me pidió para que no baje la guardia. La verdad que estoy alerta porque recaí con una enorme facilidad y fue muy difícil volver a dejarlo.


Durante estos tres meses pensé de todo. No sabía que hacer para volver  a mi estado de ex-fumante. Quería tomar champix – el remedio que me ayudó a dejarlo hace dos años atrás – pero me enfermó del estómago. No quiero asustar a la gente con esto, pero deben saber que el champix tiene muchas reacciones adversas. Conozco varias personas que dejaron de fumar con el champix, y una de ellas soy yo. Fue muy fácil, por primera vez no sentí síndrome de abstinencia, al que tanto le tengo pavor. El champix es fabuloso pero es recomendable tomarlo con la supervisión de un médico. En fin, no podía volver a tener una gastritis aguda. Esta vez tenía que dejar de fumar por mi propia cuenta y no me sentía capaz. Pero lo dejé y no siento síndrome de abstinencia. Parece un milagro. ¿Cómo es posible? ¿Cómo puede ser que no esté desesperada? ¡No lo entiendo!



He dejado de fumar muchas veces desde el año 2000. Durante esos años aprendí a conocer a mi enemigo profundamente. Lo intenté todo. Leí un libro muy interesante – Dejar de fumar es fácil si sabes cómo, de Allan Carr – que si bien no me hizo dejar de fumar definitivamente, me mostró claramente la trampa del tabaco. Me cambió la forma de ver mi adicción. Este hombre fumó cinco paquetes de cigarrillos durante treinta años. Sufrió mucho para dejarlo y sólo lo consiguió con hipnosis. La cuestión que no sufrió el famoso síndrome de abstinencia como le había sucedido en sus anteriores intentos y eso le hizo reflexionar mucho sobre el tema. La nicotina actúa muy rápido en nuestro cuerpo. En ocho segundos llega a nuestro cerebro. El efecto se va rápido también. A las dos horas de haber fumado no tenemos más nicotina en el cuerpo. Es por eso que fumamos tanto generalmente. Al fumar no sentimos nada en particular, sólo nos damos cuenta de cuanto lo necesitamos cuando queremos fumar y no tenemos un cigarrillo a mano. Nos ponemos locos. Pero esa necesidad, ese síndrome de abstinencia es una ilusión de nuestro cerebro. Pasamos ocho horas sin fumar al dormir y no nos despertamos por la falta de nicotina. Lo mismo nos pasa cuando estamos dos horas en el cine u otro lugar donde no se fuma. Podemos pasar horas sin fumar tranquilamente pero si estamos en un lugar donde habituamos fumar y no tenemos cigarrillos entramos en pánico. Todo está en la cabeza, pude comprobarlo en carne propia. La primera vez que dejé de fumar sufrí desesperadamente durante tres meses. El síndrome de abstinencia era feroz y yo vivía una verdadera obsesión. Ahora pasé de veinte cigarrillos a cero sin el menor sufrir. Es sorprendente y por eso mismo debo tener mucho cuidado ya que la última vez recaí por exceso de confianza.



Ya no estoy sola en esto, tengo muchos compañeros ex-fumantes que me acompañan. A todos ellos quiero agradecerles por la ayuda que recibo diariamente. Me siento feliz poder volverles a decir convencida que


🙂 HOY NO FUMO 🙂

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Lo que más me llamó la atención al ver el implante por primera vez fue su tamaño. Me trajeron un maletín lleno de piezas y herramientas. En su interior estaban el chip con sus electrodos – el que va dentro de la cóclea – el imán externo, procesador, pilas, control remoto, carcazas de colores, baterías recargables, cargador, destornilladores, porta pilas, estuche antihumecedor, cable para conectar al mp3, pilas, manual de instrucciones, tarjeta de identificación de implantado, etc. Tuve un shock, ¿Cómo voy aprender a vivir con todo eso, yo, que lo pierdo todo?, ¿Ese maletín va a ser mi oreja?, ¡voy a parecer un robot con ese enorme y horrible aparato a en la cabeza! ¿Cómo lo voy a tapar?



Y sí, la parte estética pesa, aunque algunos crean que no. Mientras pensaba en todo eso la gerente me decía que no se iba a ver nada, que el pelo lo iba a tapar. Me costaba creerle, no podía imaginarme con todo eso en mi oreja sin que se vea. Los pocos implantados que había conocido en ese entonces eran niños con pelo corto y el procesador e imán relucían a la vista. Es por eso que existen los colores – me dijo la gerente – y el suyo será negro, como lo es su pelo. Claro, el implante de muestra era beige, para rubi@s. Los hay de todos los colores de pelo, hasta blanco. Esto nos demuestra que la parte estética es importante, sino no se hubieran tomado la molestia de diseñar y fabricar implantes de varios colores. Hay que pensar también en la parte psicológica de la persona que tendrá que operarse y convivir con ese sofisticado aparato para poder escuchar – algo tan normal y banal para los oyentes – todos los días de su vida.



Hace un año y medio atrás Lak Lobato se implantó en Sao Paulo, Brasil. Pasó mucho tiempo para decidirse. Tenía miedo, como tantos de nosotros tenemos. Yo estaba muerta de miedo. En el momento de su activación tan esperada, se dieron cuenta que se habían equivocado de color. El procesador era beige en vez de negro, como lo es su pelo. Ella se sintió muy decepcionada pero sabía que si aceptaba ese color después no iba a haber vuelta atrás. El procesador cuesta lo mismo que un coche nuevo, ¿Cuando iba a poder cambiarlo otra vez? Así que prefirió postergar la activación y esperar el procesador negro, como su pelo. Para eso iba a tener que esperar un mes ya que al aparato lo importan de Austria y antes de llegar a nuestras manos pasa por los trámites de la aduana. Lak tuvo que enfrentar la decepción y frustración de no poder activarse el día previsto, pero ahora tiene el procesador negro, como le gusta. Lo escribió en su blog, porque muchos amigos estaban esperando con ansiedad el momento de su activación. La decepción fue general. Recibió muchos comentarios de apoyo. Algunos pensaban que el color no era importante. Esas personas eran oyentes, que ven la situación desde afuera. Los comentarios son interesantes y nos hacen pensar en el tema de la estética. Transcribo algunos:


“Yo sé que está mal, que es pésimo, ¡pero escuchar no tiene color chica! Al lado de mi casa hay una escuela para deficientes de todo tipo y hace unos días atrás vi a un niñito acariciando un gatito de pelucha. Estoy segura que estaría muy feliz de tener un aparato que lo ayudase a oir y hablar, ¡mismo si fuese beige! ¡TIENE que ser así, esa es la REALIDAD!”



Naturalmente que a Lak no le gustó ese comentario. A mi tampoco me gustó, mucho más viniendo de una médica. ¿No ve la parte humana? Si no existiesen opciones de colores habría que aceptarlos así, pero existen porque ha sido demostrado que la estética pesa en la gente. Con el tamaño pasa lo mismo. Antes, el procesador era una caja que se cargaba en la cintura. Hace 25 años atrás me lo mostraron. Había fracasado mi segunda operación y varios médicos veían el implante cómo la mejor opción. Cuando vi la caja lo rechacé inmediatamente. Todavía escuchaba de un oído con un audífono y no me quería volver a operar, pero la verdad que me desagradaba enormemente la idea de cargar con esa caja. ¿Y en la playa iba a tener que llevar esa enorme caja en la cintura, como si fuese una radio? ¿Cómo iba a hacer con la bikini? ¡No quiero! Seguí el consejo del único médico que confiaba en aquel entonces: Mientras escuches con audífonos no te dejes tocar y esperá que la ciencia adelante. Y la ciencia adelantó, con la estética también.


Volviendo a Lak, quiero transcribir otros comentarios escritos en su blog. Son un aporte interesante a este tema del color y el implante.



Y así dijeron:


Erika:

Es increíble como la gente subestima la importancia de los detalles, ¡principalmente en este tipo de situación! Todo el mundo pierde horas y horas eligiendo el color de los zapatos, cartera, anteojos, coche, celular, imaginen el implante que deberán usar todos los días “queriendo o no”, y no para estar más bella, y sí para conseguir oir! Hiciste muy bien en rechazar el color beige. Lak, ¡no renuncies a tu derecho por los detalles! Es una sutileza, si… ¿¿¿y por qué no??? Finalmente, ¿sólo porque es una protesis tenés que aceptar el color que te den? Estoy contigo.

Rogerio:

Bueno, veamos bien, si pago por un coche negro y me entregan uno amarillo patito, lo que iba a querer hacer es darles una piña a todos. Estoy contigo linda, hiciste lo que se debe hacer.


Algunos creen que el implante es “gratis” y no hay que reclamar, porque a caballo regalado no se le miran los dientes. ¿Pero quién dijo que el implante es gratis?


Rogerio dijo:

Hay que recordar algo muy importante, los implantes y cirugías no son gratis, ni son caridad, se pagan con el dinero del contribuyente, ¡mi dinero, tu dinero! Y si el paciente no lo paga, el país lo va a pagar, ¿no? Entonces tenemos que aprender a comportarnos como consumidores y hacernos respetar como ciudadanos. No somos pedigüenos desagradecidos. Con las obras sociales pasa lo mismo. Es un servicio que pagamos, y muy bien pago, ¡así que no hay que aceptar cualquier cosa con la cabeza baja!

Só Ramirez dijo:

El implante no es una donación, ni caridad. Necesitamos ser respetados no sólo como deficientes auditivos pero también como consumidores de productos y servicios de salud. Si uno acepta algo que no le agrada se puede arrepentir más adelante porque le va a costar muy caro cuando lo quiera cambiar. Parece que juegan con la ansiedad y expectativa de los que se implantan y descuidan esa parte pensando que al final de cuentas el cliente se llevará el color b…para no tener que esperar más tiempo. No se preocupan del lado psicológico de la cosa y creen que es un capricho de la gente. Y no es un capricho, es un derecho una vez que son fabricados en diferentes colores.


En Argentina también han pasado estas cosas. A algunos se los cambiaron y a otros no, por falta de información.


A veces me cuesta escribir en el blog, más ahora que volví a las clases de pintura, exposiciones, proyectos, casa, comida, cuentas, plantas, más pinturas, comprar pínceles, bastidores, solventes y más pinturas… pero necesitamos tener información sobre el implante y sus leyes. En Argentina las leyes para los deficientes son fantásticas. Estamos muy protegidos pero de nada sirve si no lo sabemos. La internet nos ha dado la posibilidad de informarnos y crear redes solidarias. Debemos mantener vivo el blog por ese motivo. Sin l@s loc@s no hubiera sido posible, esto lo hemos hecho entre tod@s, porque una misma causa nos une.



Cuando se trata del implante hay quienes subestiman la estética. Esas mismas personas se preocupan con el color de su coche, zapato o vestido. Los implantados debemos usar nuestro procesador todos los santos días para escuchar.La estética nos ayuda a aceptar este aparato tecnólogico que se implanta, y con esa invasión pasa a formar parte de nuestro cuerpo. Debemos sentirnos cómodos con nuestro oído biónico y es por eso que se camufla con el color y tamaño. Con mi pelo nadie ve mi implante y eso me hace sentir segura y feliz. Tanto así que muchas veces me olvido que lo tengo.


¿Y para ustedes la estética es importante? Estaría bueno que cuenten sus experiencias. Estoy segura que podrán ayudar a más de uno, que con miedo de la estética no se quiere operar.

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La entrevista

Existen varias empresas que fabrican implantes cocleares. El mío fue fabricado por Medel, que tiene su sede matriz en Austria y sucursales en varios países del mundo. Cuando me propusieron exponer en Nueva York también me aconsejaron buscar un sponsor ya que tenía que hacerme cargo de los costos del viaje, hospedaje, vernissage y alojamiento de los cuadros en la galería. Se me ocurrió presentar mi proyecto a Medel del cúal soy usuaria. Con ello ofrecía hacer una fusión entre el arte y la audición. “Total el NO ya lo tengo”, pensé. Me recibieron muy bien en la Medel de Buenos Aires. Le entregué al gerente de marketing un CD con las fotos de mis pinturas, curriculum, ubicación de la galería en Nueva York, carta de la galería y de la cancillería argentina, que me apoyaba. El gerente se entusiasmó con el proyecto y guardó el cd para mandarlo a Austria. Maria José, gerente de marketing en España, y que conozco a través del blog de Pepe Lozano, se enteró y entusiasmó con el proyecto. Me escribió para darme su apoyo y proponer una entrevista en español sobre mi experiencia con el implante coclear.”Hay muchos usuarios iberoamericanos que no tienen información en su idioma”, escribió. Según ella yo era un ejemplo de superación al viajar sola a un país extranjero para hacer una exposición de pintura. Maria José es una mujer que ama lo que hace. Tiene pasión y creatividad. Siempre está presente y quiere aprender a través de los testimonios de las personas implantadas al leer nuestros blogs.

Medel me pagó el pasaje de ida y vuelta como apoyo. En EEUU la sede se ubica en el estado de Carolina del norte. Hillary, la gerente de marketing de ese país, me escribió un mail para arreglar nuestro encuentro. Ella viajó con una fotógrafa a Nueva York para encontrarse y quedarse tres días conmigo. Hemos recorrido la ciudad, para sacar varias fotos en las diferentes situaciones que se nos presentan en el día a día. En esos tres días hemos convivido juntas. Hillary habla español ya que vivió durante tres años en España. Brittany sólo habla en inglés pero lo compartió todo con su sonrisa. A veces yo hablaba en inglés y otras veces Hillary traducía. Estabamos felices de poder trabajar y pasear al mismo tiempo en una ciudad tan fascinante y encantadora como Nueva York.

El primer día me vinieron a buscar en la residencia de monjas. Me encontré con dos chicas jóvenes, bellas y encantadoras. De ahí nos tomamos un taxi y fuimos al Washington square para nuestra primera sesión de fotos. El día estaba precioso, con un sol radiante a pesar del frío. Nos sentamos en un banco y empezamos a trabajar. Hillary quería que me recoja el pelo para que se vea el implante, lo que es difícil al ser del mismo color que mi pelo. Yo no tenía ningún prendedor a mano así que improvisé un rodete con un lapiz. Estaba con mis anteojos de sol, que tenía que sacar para que se me vean los ojos en las fotos. Sin los anteojos veo mal tanto de lejos como de cerca. Tengo la vista cansada de tanto dibujar y leer los labios. Me sacaba los anteojos de sol para ponerme los transparentes y me sacaba los dos para las fotos. Un lío. Hillary me pidió que le pregunte algo a una persona en la calle. Me acerqué y pregunté donde estaba el subway a una mujer. Cuando empezó a hablar Brittany se nos acercó con su enorme máquina de fotos y disparó una y otra vez con ella mientras la señora me explicaba donde y cuando doblar en tal o cúal calle. La señora se sorprendió al ver como le sacaban fotos impunemente, pero mismo así siguió con la explicación. Yo la miraba como si le prestase atención, divertida con la situación. Se fue sin preguntar nada. Yo no hubiera podido contener la curiosidad. Increíble. Después nos fuimos a un bar a tomar un café y calentar el cuerpo. Estaba lleno de estudiantes sentados en las mesas con sus notebooks y apuntes. Estabamos en un barrio de universidades. Britany sacó la máquina y nos mostró las fotos. Busqué mis anteojos transparentes y no los encontré, se me habían caído en la plaza. Fui a buscarlos y nada. No veía nada y estaba preocupada porque no iba a poder escribir ni leer con la netbook, como lo hacía todas las noches en la residencia. Nos fuimos las tres a una óptica. El vendedor era de Santo Domingo y hablaba en español. Fue muy simpático y agradable. Le encargué anteojos para ver de lejos porque con los bifocales iba a tener que esperar una semana, ¡y yo los necesitaba para ayer! El empleado fue muy comprensivo y agilizó el trámite. Luego fui a una farmacia y compré anteojos de emergencia para leer. Todo eso en inglés. Las chicas se reían. Estabamos contentas ¡Estabamos en Nueva York!

Al otro día fuimos a la galería de arte. Hillary compró varias gomitas para el pelo y pude hacerme una colita. En esta seción tenía que mostrarle los cuadros a alguién, con el cúal mantendría una conversación. En ese momento la dueña de la galería estaba sentada con un amigo que se prestó de modelo para las fotos. Nos colocamos junto a un cuadro. Empecé a hablar con él mientras Brittany sacaba fotos, pero en vez de explicarle el porque del cuadro, le conté la historia del implante coclear. ¡Se lo dije todo en inglés! Me escuchaba fascinado. La dueña de la galería también. Ella dijo que Medel tendría que ir a la televisión porque pocos saben lo que es un implante coclear y muchos lo necesitan.

Al tercer día fuimos al Central Park. El sol lo iluminaba todo a pesar del prónostico de lluvia. Hillary me compró un block de dibujo, grafite y goma. Ella quería sacar fotos mientras yo dibujaba en distintos lugares del parque, relajada y feliz con la vida. Me senté en un banco frente a un lago mientras hacía que dibujaba, porque sin los anteojos poco veía. Al lado mío estaba sentado un señor con una máquina de fotos profesional. No sé que habrá pensado al vernos pero de repente se me acercó y preguntó si podía sacarme una foto él también. Yo estaba tan feliz, la situación era increíblemente especial y divertida. Nos pusimos a hablar en español porque era cubano. Vivía en Nueva York desde el año 1959 y era fotógrafo profesional. Yo entendía todo lo que me decía gracias a mi fabuloso implante. Brittany aprovechó la escena para sacarnos fotos mientras hablabamos. Otro ejemplo de que podía comunicarme en distintos tipos de situaciones, con gente extraña y en cualquier idioma, a pesar de ser sorda. Finalmente el fotógrafo también me sacó unas varias fotos, y después nos sacó otras tantas más a las tres juntas. Les dimos nuestros mails pero infelizmente no nos dió noticias. Las fotos eran hermosas.

Hillary estaba muy satisfecha con la entrevista, habíamos logrado cumplir con todos los objetivos. Todavía teníamos tiempo para almorzar juntas antes de despedirnos. En el camino nos encontramos con un show en el parque. Nos sentamos junto a otros curiosos y disfrutamos del momento. Yo escuchaba la música perfectamente y pescaba varias palabras en inglés. Comimos en un restaurante italiano. Estabamos felices con la entrevista y tristes con la despedida. Nos habíamos entendido a las mil maravillas. Brindamos por el encuentro (con agua) y prometimos escribirnos. Cuando nos separamos el cielo se nubló y finalmente llovió como estaba previsto. Tuvimos suerte con el clima, los astros estuvieron siempre a nuestro favor. Fue una experiencia muy enriquecedoras, la más feliz del viaje.

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