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Archive for 31 diciembre 2011

Ya estamos a la puerta de un nuevo año y con ello renovamos nuestras esperanzas de amor, salud y bienestar. El año 2011 fue multicolor. Me pasó de todo, tanto bueno como malo. Hice mi primera exposición en Nueva York; mi madre se enfermó de cáncer; después de muchos meses de lucha le dieron de alta; el taller creció y yo aprendí con mis alumnas a compartir el arte de pintar; descubrí muchos sonidos nuevos con el implante; le activaron el implante a Color Esperanza; compartí momentos inolvidables con mis amigos biónicos; nos vino a visitar José Luis de España; dejé de fumar, recaí y volví a empezar. A pesar de los altos y bajos que viví este año, disfruté mis presentes y mis afectos intensamente. Mientras tanto el mundo nos removió con las crisis mundiales. Por suerte Argentina pudo mantenerse en pie. Estamos acostumbrados a las crisis y sabemos sobrevivir mejor a ellas que otros países. En el 2001 hemos vivido la peor crisis de nuestra historia y pudimos salir adelante. Eso nos alejó del salvaje mundo financiero y creo que gracias a ello hoy en día no estamos sufriendo tanto como otros países. De todos modos el 2012 es una gran incógnita para el mundo, cualquier cosa puede pasar, y nadie está a salvo.


Es por eso que les deseo todo lo mejor, que podamos aprender a ser más solidarios, respetar mejor a nuestra madre tierra y ser más justos. Deseo poder seguir difundiendo el implante junto a las maravillosas personas que conocí en el blog; para que la gente pueda integrarse mejor en la sociedad y salgan del silencio que los aísla de los demás. Agradezco a todos los que me han ayudado con esta causa porque gracias a ustedes aprendí a ser mejor persona. El implante me dio muchos nuevos hermanos, que siempre están dispuestos a dar una mano al que llega perdido y asustado porque necesitan de ese aparato para escuchar.



A Doris, Moni, Color Esperanza, Paulita, Rosario, Nieves, Anadry, Gemma, Juan Carlos, Silvia, Alma, Loli, Sun Melody, Lak, Rodolfo de las Rosas, Fra, Jordana Espejo, Maria Palacios, Diana, Odalis, José Luis, Felicidad, Angel, Carlos Alberto, Natalia, Angeles, Claudia, Maritza, Helena, Angela, RBK. Kriss, Maffy, Lola, Pepe y sus comentakas y todos los que pasan por aquí les deseo un muy FELIZ AÑO NUEVO, lleno de sonidos de paz, amor y felicidad.



Los quiero mucho, gracias por existir.

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FELIZ NAVIDAD

Ya llegó navidad y nos mandamos felicidades por todos lados, tanto en el mundo virtual como en el real. La ciudad está efervescente, la gente compra desesperadamente regalos y comidas para esta fiesta que nunca entendí. Cómo dicen los psicólogos, estamos condicionados a las vivencias de nuestra infancia. Las navidades que pasé de chica han sido más tristes que felices. Mi mamá tenía a toda su familia en Francia y lloraba desconsoladamente porque los extrañaba. No es para menos, mi abuela creaba unos pesebres preciosos y llenaba de buena onda su casa con un amor desbordante. Toda la familia se reunía junto a su mesa para comer platos deliciosos. Pasé algunas pocas navidades en su casa, todas ellas inolvidables. En Buenos Aires -donde vivía- era distinto. Papá Nöel transpiraba bajo sus ropas polares a treinta grados de calor. Los pinos estaban adornados con algodón para que parezca nieve. Mi padre odiaba navidad. Siempre llegaba a casa borracho ese día. Era una fiesta hipócrita para él. “Todos se abrazan hoy a la noche pero el resto del año se dan con dardos”. Estaba enojado con sus hermanas. Sus padres y sus hermanos varones ya habían muerto. Era el menor de nueve hijos. Yo no las conocía, ni a los miles de primos que tengo esparcidos por todo Buenos Aires. En Argentina no existía el divorcio y yo era el producto de un segundo matrimonio, con una francesa para completar. Pasabamos navidad solos. Mi madre lloraba y mi padre estaba borracho. Me acuerdo perfectamente cuando mi mamá me daba dos regalos, uno de ella y otro de él. Cuando le decía gracias a papá me respondía: “Si yo no te compré nada”



A los quince años conseguí que mis padres me acompañaran a la misa de gallo. Ya que la navidad era una fiesta de hipocresía y consumo busqué encontrarla en la espiritualidad. Me llevé una decepción. Fuimos a la iglesia del Pilar, porque quedaba a pocas cuadras de mi casa. Todos estaban vestidos con ropas lujosas. Parecía una fiesta de gala. Mientras tanto el cura nos hablaba de la pobreza y la humildad. La iglesia relucía en oro y riquezas y la gente brillaba, cómo si fuesen un árbol de navidad, con sus collares y sedas. Me sentía confundida con tanta contradicción. De repente entró un mendigo por la puerta principal y se dirigió hacia el altar como una novia que camina al encuentro de su futuro marido. Todos quedaron mudos en ese momento, el cura inclusive. Tenían miedo, el mendigo les mostraba una realidad que no querían ver, la realidad de la que nos hablaba el cura con su sermón, cómo si se tratase de un ideal que sólo existe en nuestra imaginación. Cuando el mendigo llegó al altar vi algo que produjo mi divorcio con la iglesia: Lo echaron. Me sentí tan ridícula con mi vestido largo. Jesus se había presentado frente a nosotros a través del sufrimiento de este hombre y lo expulsaron. Ya no tenía más nada que hacer en ese lugar.



Sólo volví a festejar la navidad cuando mi hija tuvo uso de razón, para que viva la misma ilusión que sus amiguitos pero siempre me faltaba plata para que la fiesta sea cómo “Dios manda”. Todo me costaba una fortuna, hasta el arbolito. Mi mamá fue la benévola papá nöel que yo no podía ser. Ella le compraba la carísima barbie que tanto deseaba mi hija. La única que disfrutaba de la fiesta era ella. Mi madre y yo la soportabamos como mejor podíamos. Estabamos las tres solas en Recife. Nos acompañaba los recuerdos de nuestros seres queridos que estaban lejos o muertos. Era una suerte estar en Recife, que apacigua todo sentimiento de nostalgia con su desbordante alegría frente a cualquier sufrimiento. En esa ciudad hay mucha pobreza pero la gente nunca deja de festejar lo que sea. El pueblo brasileño me enseñó muchas cosas. Siempre está “tudo bem”, siempre tienen un motivo para alegrarse. Gracias a ellos nuestras navidades llegaron a ser “felices”



Desde que estoy en Buenos Aires puedo comprar regalos y hacer “feliz” a mis seres amados. De todos modos no me gusta la navidad porque el consumo no me hace feliz.


Durante estos días he leído y recibido muchos deseos de felicidad en el facebook. No podemos ir contra la corriente, ¿no?… ¿O me habré puesto vieja? Es por eso que les deseo una FELIZ NAVIDAD y les agradezco por todo el cariño que me han dado durante este año…


Y todavía les debo la entrada de Color Esperanza, ya empecé a escribirla aunque no lo crean. ¡No desesperen! jajajajaja


Los quiero

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Estuve durante todo este tiempo ausente en el blog por varios motivos. El más importante fue la organización de la exposición de fin de año del taller de Olinda Arte. Colgué más de cincuenta cuadros por toda mi casa y taller, que está arriba. En esos días vino Paulita desde Cipolletti para visitar a sus compañeros biónicos y se quedó a dormir en casa. Ella me ayudó a poner los ganchitos, alambres, colgar y ver si los cuadros estaban derechos. Cayó a mi casa como si fuese una hada. Su ayuda fue de gran valor. Ella me cebaba mate mientras charlabamos y reíamos. Siempre le voy a estar agradecida por su generosidad. A pesar del trabajo pudimos disfrutar de nuestra compañía porque Paulita es encantadora.


Me dió mucho trabajo organizar la exposición. Había que colgar los cuadros, darles buena iluminación, comprar comida, champagne, gaseosas, crear e imprimir invitaciones y diplomas. Se deben resolver miles de detalles para que todo salga de diez. Y así fue, la exposición fue maravillosa. Todas las alumnas estaban radiantes y felices junto a sus amigos y familiares. A las siete empezaron a llegar y al poco tiempo la casa se llenó. La exposición duraba hasta las diez de la noche pero a las once la fiesta seguía. Todos charlaban y reían. El champagne ayudó. Después llegó el momento de entregar los diplomas. Alma obtuvo el diploma de alumna fundadora al igual que mi vecina Marcela. Ellas fueron mis dos primeras alumnas, cuando inauguré el taller hace dos años atrás.


Todo eso me trae tantos recuerdos. No sabía si iba a ser capaz de enseñar. Soy autodidacta y lo mío está más en la experiencia que en la teoría. Le ofrecí a Marcela darle unas clases gratis – cómo si fuese un conejito de India- por un mes. Estabamos las dos solas. Le gustó tanto que se quedó hasta el día de hoy. Sus cuadros son cada vez más lindos. Después llegó Alma. Se venía todos los sábados religiosamente, a las cuatro de la tarde. Estabamos solas también. Alma nunca había tocado un pincel en su vida, no sabía nada de pintura pero eso no la desanimó porque es una mujer perseverante, dedicada e inteligente. En el taller descubrió su talento. Se enamoró de la pintura y es por eso que aprendió tan rápido. Hace unos meses atrás se presentó en un concurso y obtuvo el primer premio de pintura abstracta. No se pueden imaginar el orgullo que sentí.


Hoy en día tengo varias alumnas. Algunas llegaron al taller sin saber pintar y todas aprendieron a hacerlo. Me di cuenta que al enseñar también se aprende. Todo es un ida y vuelta, un alimento mutuo. Yo crecí como pintora junto a ellas.


Las alumnas subieron las fotos de la exposición en el facebook. Las pueden ver a través del enlace Olinda: Oficina de Arte. Nieves creó un video con las fotos de la exposición y de los cuadros que fueron pintados durante el año. Es precioso y lo comparto con ustedes, espero que lo disfruten.


¡Gracias Nieves!


La próxima entrada que subiré es muy importante para la familia biónica. Se trata de la activación de Color Esperanza. Quiero escribirla bien y para eso necesito sentarme tranquilamente una tarde, cosa que no pude hacer en estos días. Fue muy emocionante 🙂

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