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Archive for 16 septiembre 2012


La primera vez que ví un implante fue en el año 1990. Estaba en Madrid y ya no me quedaba casi nada de audición. Fui a ver un médico que me dijo que lo único que me restaba hacer era un implante coclear. Una señora de sesenta años, implantada por ese doctor, me vino a ver e intentar convencer, en su consultorio. Ella estaba muy feliz porque escuchaba las voces de sus nietos. Yo estaba horrorizada, su procesador era una caja, como una radio de las de antes, que tenía enganchada en su cinturón. Un largo cable la conectaba a los electrodos, enchufado por un orificio en su cabeza. Era demasiado para mi, en aquel entonces vivía en Brasil, cerca de la playa y mi ropa eran vestidos, shorts y biquinis. La estética y la falta de comodidad me afectaba mucho. No sabía cómo podría enganchar ese enorme procesador a mi biquini.


La señora me agarró de los brazos y me dijo: ¡Tenés que querer escuchar!. Yo había pasado por dos operaciones y no quería sufrir otra decepción. Me negué. El médico le preguntaba a mi hermana – qué vive en Madrid – cómo hacía yo para tomar un colectivo. Si me tomo un avión sola, pensé.


Por otro lado, el médico que me operó la primera vez en Buenos Aires, y con el qué escuché durante cuatro años (la otoesclerosis siguió avanzando, comió el resto de los huesos y me dejó de nuevo en el silencio) me dijo que esperase la ciencia adelantar. “Mientras escuches con audífonos no hagas nada”. Y eso hice, milagros con los audífonos, cada vez más potentes.


Veinte años después no había milagro que sirviese. Hacía quince años que no escuchaba la música y apenas distinguía la palabra. Grande fue mi sorpresa cuando ví los nuevos implantes. Se parecen a un audífono, ya no hay un orificio en la cabeza, ni una radio pesada en la cintura, ni largos cables. La ciencia adelantó tal cómo lo había dicho mi médico. En la época se escuchaba con cinco electrodos y ahora son 24. El sonido es más definido y natural. Se escucha música y se pueden regular varios programas según los ambientes con un control remoto.


¿Hice bien en esperar? Creo que perdí mucho tiempo. En ningún momento me informé, estaba cerrada a todo tipo de innovación. Mi enfermedad no tiene cura y había luchado mucho para aceptar mi destino. Otra decepción me hundiría.


Llegué al consultorio del Dr. Arauz de casualidad, sin intención de implantarme, y aquí estoy implantada. Escucho de todo. Los pajaritos me deleitan por la mañana, la música volvió a ser parte de mi vida, no necesito de la lectura labial y cada día me sorprendo con un nuevo sonido.


Me siento tan agradecida a la tecnología y al dr. Arauz que me siento en la obligación de transmitirlo en el blog e informar sobre las ventajas que este aparato brinda a los que estamos en el silencio.


El implante me regaló tantos sonidos que no los puedo contar…. ¡Gracias a la vidaaaa!


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Hola mis querid@s amig@s:


Antes que todo quiero pedirles disculpas por haberme ausentado así del blog. He estado trabajando sin parar en un cuadro grande e importante para mi carrera. Todavía no puedo revelar el tema y con el tiempo sabrán porque. Las fotos ya vendrán cuando esté terminado. Ya está la primera etapa lista, la más larga, llena de detalles. Ahora viene la parte más difícil pero al mismo tiempo más rápida de elaborar. Este trabajo es de tal amplitud que dejé de dar clases en la segunda quincena de agosto. Por suerte tod@s mis alumn@s han vuelto en septiembre, menos una, que espero que pueda estar con nosotr@s en breve.


En estos quince días prácticamente no salí a la calle. Comí gracias a la generosidad de Germán, que me llevaba el plato al taller, entre óleos y pínceles. Me volví un lobo estepario. La verdad que pintar es un acto solitario. Estuve frente al bastidor entre seis a diez horas por día, sin levantarme. Los colores se apoderaron de mí. A pesar de todo, en los momentos más mecánicos mi mente viajó por montones de lugares escondidos en los cajones de mis recuerdos. Al levantar la cabeza estaba tan cansada que no me daba el cuero para escribir, sólo quería ir a la cama y no pensar más.


A pesar de todo siempre recordé al blog y a la gente que acá lee y comenta. Tengo unos comentarios pendientes, que pronto responderé. Amo el blog, acá comparto momentos y pensamientos con personas maravillosas. Algunas no conozco personalmente, pero no importa, en las letras nos conocemos mucho.


Tengo una sorpresa para contarles. Una participante del blog se implantó hoy con el Dr. Arauz. Ella me pidió que se los cuente. Escondió este momento hasta el día de la cirugía porque tiene muchos amigos hipoacúsicos, con distintos modos de ver el implante coclear y quería estar tranquila, poder elaborar sola esta decisión que tanto le costó tomar. Esta amiga se llama DIANA ROSMARIN. Así que tenemos una nueva biónica en el club. Desde acá le doy la bienvenida al mundo de los sonidos a través de los electrodos, que tanta alegría nos causa a muchos.


¿Rodolfo será el próximo? Ya sabemos que su aparato está viajando por el mundo de la burocracia, pero que ya está en camino. Espero que pronto tengamos la buena noticia.


Escribo esta entrada rápido y por eso les pido disculpas si tiene algún error. Me gusta escribir con calma y releer mis escritos antes de publicarlos. Escribir es cómo pintar, es una forma de creación.


Les mando un abrazo a todos.


Pintura de Diana Rosmarin, “Renacimiento”

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