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Archive for 30 marzo 2013

La Provence


El desarraigo me define. La palabra justa en francés sería “déracinée”, o sea, con las raíces arrancadas. De madre francesa, padre argentino, hija brasileña y el resto de la familia diseminada por varios lugares del mundo, no sé qué decir cuando me preguntan de dónde soy. Porque nací en París pero a los tres años me fui. Viví mi infancia y juventud en Buenos Aires pero estudié en un colegio francés y no recibí la misma formación que la mayoría de los porteños. Mi formación fue el dualismo, aprender a vivir con un pie en cada cultura. Para completarla viví 20 años en Brasil, que adopté en mi corazón por la fuerte razón de que mi hija nació y se crió allí.


Yo siempre dije que era argentina – además de francesa y brasileña – pero siempre argentina primero aunque no tuviese ni la nacionalidad. La nacionalidad argentina se adquiere al nacer en el suelo del país y en aquel entonces no había acuerdo con Francia. Mi padre me “cargaba” y llamaba de “franchuta”. A mi me amargaba escuchar eso y negaba mi verdadera nacionalidad. No quería hablar en francés y le respondía a mi madre en español. Cuando estaba en Francia le decía a mi familia que yo era argentina hasta la muerte. A los chicos no les gusta ser diferentes y yo necesitaba pertenecer. A mi papá no le importaba ni conocía la psicología y llegó al colmo de hacerme firmar a mis nueve años un papel en que decía que abandonaría mi nacionalidad francesa al cumplir 18 años de edad para ser argentina. Y yo lo firmé con aire solemne mientras mi padre se reía de mi inocencia.


A los 18 no cumplí con la promesa, no por el hecho de hacerme argentina pero sí por el hecho de no querer negar una parte mía. Con los años aprendí que no tengo que negar quién soy. Sólo así encontré mi paz interior. Los tiempos cambiaron y ahora Argentina tiene acuerdo con Francia. Soy argentina desde el año 2001, en el momento en que el país pasó por la mayor crisis de su historia. Lo mío era una cuestión sentimental, de pertenencia con la tierra de mi padre.


Mi familia materna es de Marsella pero después de la guerra mis abuelos y sus hijos se fueron a vivir a París, donde yo nací. A los 22 y a los 23 años viajé durante meses de mochilera por todo el sur de Francia: La Provenza y la Costa Azur (la costa). Volví varias veces y cada vez que fui se me despertó una emoción visceral, estaba en casa, aunque nunca hubiese vivido allí. Es muy fuerte y esto no me sucede ni en Paris, donde nací. Marsella me fascina a pesar de que sea sucia, desordenada, irreverente, transgresora, además de bella en su gente y en su naturaleza, llena de accidentes naturales y piedras blancas bañadas por el azul radiante del Mediterráneo. Me siento plena en el sur de Francia, me reencuentro con mis ancestros.


Fui pocas veces pero siempre lo disfruté con pasión. En enero tuve la suerte de volver y reencontrarme con sus aromas, colores, sabores, luz y -sobre todo- amigos y familiares que tienen el privilegio de vivir en aquella hermosa región bendecida por una naturaleza generosa.


La Provenza; yo podría vivir y sería muy feliz en la tierra que los impresionistas se enamoraron. Muchos de ellos llegaron del gris y helado París para encontrarse con una paleta llena de colores y luz ¡Y qué luz! Los impresionistas fueron los primeros artistas plásticos de Europa en pintar al aire libre. La Provence era el lugar ideal para tal fin. Además de su luz y colores está llena de riquezas históricas. Allí pasaron todos, desde la prehistoria pasando por los celtas, etruscos, romanos, bárbaros, galos, francos y etc. Todos ellos dejaron una riqueza cultural sorprendente. Es el país de las mezclas, lo que justamente me define.


Y finalmente pinté un cuadro. El año pasado mi producción artística fue muy pobre. El picaflor y Don Juan Manuel de Rosas fueron las dos únicas obras que realicé. De todos modos  con el cuadro de Rosas tuve el privilegio de hacer algo grande y que nunca tuve la oportunidad de hacer antes ni sé si se repetirá en el futuro.


Este es el primer cuadro de la nueva serie que acaba de nacer. Un homenaje a La Provenza, el país que late en mi corazón, el país de mi madre, un homenaje a mi madre, que hace poco partió y siempre extraño.

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Rosas


Hace seis meses atrás pinté el retrato de Juan Manuel de Rosas para el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Manuel Dorrego, que lo donó al Colegio Militar de la Nación, y el 21 de marzo fue el acto de inaguración de la llegada del cuadro y del busto de Rosas, esculpido por el artista Juan Palau. Con estas dos obras Rosas entró en la sala de próceres del Colegio Militar.


audiencia


Yo no tengo academia, soy básicamente autodidacta. Pintar este cuadro fue un desafío para mi, que por suerte salió bien. Y suerte tuve al haber sido elegida para tal tarea. Un aire naif se vislumbra en las escenas que se encuentran alrededor de su retrato. Siempre luché para dejar de ser naif, pero me quedó esa huella callejera, de falta de escuela. El retrato en sí no es naif, se parece a él y tiene una fuerte expresión. Una extraña mezcla la mía.


aula magna


Tuve que escribir un discurso sobre mi pintura para leerlo en el acto, frente a miles de personas. Ese mi peor desafío porque tengo fobia de hablar en público. Eso me tuvo nerviosa durante días y creí que no lo iba a conseguir pero me fue muy bien, con la ayuda de Germán, al ensayar conmigo oratoria en casa. No se olviden que Germán es profesor de teatro. Los militares que me acompañaron hasta el aula magna también me dieron ánimos. Todos ellos me trataron con simplicidad e hicieron todo para que yo me sienta segura.


en el discurso


En el aula magna estuve sentada en la mesa con Pacho O´Donnell, director del Estudio de Investigaciones Históricas Manuel Dorrego, el General Fabián Brown, director de Educación del Ejército, el artista escultor Juan Palau, que realizó el busto de Rosas, el director del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, Dr. Alberto González Arzac y el director del Colegio Militar de la Nación, Grl. Br. Bari del Valle Sosa. Era mucho para mi y no me sentía a la altura de la circunstancia. Lo que me ayudó a relajarme fue el cuadro. En el momento que lo desvelaron me invadió una profunda emoción y se me cayeron las lágrimas. Después de eso, todo fue más fácil.


cuadro tapado


destapando rosas


aplausos


Coloqué el FM sobre la mesa y gracias a eso pude escuchar los discursos de Pacho O´Donnell y del General Brown. Fue la primera vez que no me aburrí en una conferencia porque pude comprender todas las palabras, muy interesantes e instructivas. Cuando me dieron el micrófono, miré al director del Colegio Militar que estaba a mi lado. Me hizo un gesto para empezar. Empecé bajito y luego subí el tono y la emoción de mis palabras. Fue una experiencia maravillosa que nunca había vivido antes.


en la mesa de discurso


Luego hubo danzas folclóricas y para terminar nos llevaron al comedor. Nos esperaban ricas comidas. En ese momento no me sirvió el FM porque la acústica era mala y todos hablaban a la vez. Es ahí cuando la lectura labial se vuelve una herramienta importante.


danza folclórica


danza en acto


en el comedor


Mi hija, Germancito, Germán, Rosario y Maffy (Maria Balcarce) me acompañaron ¡Qué alegrón compartirlo con todos ellos! Ahora lo comparto en el blog


rosas y agatha


Mi discurso:

Para la generación de mi padre, reinvindicar a Don Juan Manuel de Rosas no era el resultado de vacías rebeldías juveniles. Era enfrentar el anatema, sumergirse en el “mal gusto”, y en última instancia era la violación de una ley.

Esta obra es a la vez un homenaje a mi padre y a todos los que se animaron a ubicarse en el lugar que le aseguraba el desprecio de la academia, el rechazo de la prensa y el boicot de las editoriales.

Es claro que esto ya no es así. Hoy en día los restos de Don Juan Manuel descansan en su patria, aunque el blindaje de su tumba nos recuerda que el odio nos es contemporáneo. Su figura se plasma en un billete, su estatua ecuestre se sitúa en el lugar de la que fuera su residencia y hoy la fecha que le diera un lugar en la historia de América es feriado nacional. No es poco.

Y sin embargo aún faltaba esto: hoy el lugar donde se forman nuestros oficiales, allí donde las imágenes instaladas de los héroes de nuestra independencia y de la formación del Estado Nacional son parte de la instrucción, el Colegio Militar de la Nación recibe la imagen de un héroe que fue olvidado, de un General gaucho, criollo, negro y pampa.

Esta obra me introdujo al estudio de su figura, su piel, su postura y sus ojos. Hay sobre estas características muchas descripciones y en todas ellas, aún para denostarlo, queda la clara impresión para un artista, que sus cronistas sabían que se encontraban frente a un hombre diferente, un hombre que sentía que su paso por la historia dejaría su huella.

Darwin, Ramos Mejía, Mitre, Sarmiento, Mansilla y la poesía gauchesca y negra han descrito su mirada, el color celeste de sus ojos penetrantes, como imborrables, como parte sustancial de su capacidad de conducción, de su autoridad. En el cuadro sus ojos lo abarcan todo, siempre nos está mirando, no importa donde nos encontremos, para dar enfásis a su fuerte personalidad.

El cuadro está dividido en cuatro escenas contemporáneas a la vida de Rosas, bajo un cielo rojizo, pampeano y federal. Los rojos del cielo se reflejan por todo el cuadro, tanto en la tierra como en el agua y una las cuatro escenas en una sola esencia federal. Evité el celeste, menos en sus ojos, color de sus enemigos unitarios. Dos líneas imaginaria, en forma de cruz diagonal llevan las cuatro escenas hacia la figura del restaurador. El río Paraná contornea su busto y esa imagen refuerza la curva que le dió el nombre donde se libró la batalla de la Vuelta de Obligado.

En la parte superior, y a la izquierda está su residencia, en pleno barrio de Palermo, en el corazón de la ciudad que amó y que todavía le debe el nombre de una calle.
Arriba a la derecha, nos encontramos con un Rosas que reinvindica un candombe con su presencia, junto a su esposa Encarnación y su hija Manuelita, en un claro indicio de la idea de la integración nacional, que fue el desvelo de su pasión sanmartiniana.

Abajo a la izquierda, sus Colorados del Monte, su milicia rural, su milicia gaucha. Entre ellos se encontraban no pocos indios pampas, a los que no he querido diferenciar para no ofender la memoria de quien no quiso diferenciarlos.

Y finalmente, abajo a la derecha, el acontecimiento en el que Rosas fue Rosas, allí donde afianzó la independencia argentina, su soberanía, su derecho a que se la reconozca como Nación: La batalla de la Vuelta de Obligado, la batalla olvidada y hoy recuperada para la memoria de la patria.

Para producir esta obra he debido sumergirme en su iconografía y redescubrir su figura con nuevas lecturas, aprender a indignarme por el oprobio que este patriota ha sufrido y destacar al Ejercito Argentino por este reconocimiento a uno de sus jefes más gloriosos.

P.D: Quién quiera ver las escenas de cerca acceder aquí

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Cinco meses

Hoy cumplo cinco meses sin fumar y finalmente me animo a escribirlo. Ya estuve dos años sin fumar y para mi era una alegría festejarlo todos los meses con una entrada en el blog. Después vino la recaída, la frustración, los intentos fallidos, los cigarrillos escondidos, la falta de aire, la esclavitud y la lucha diaria para volver a dejarlo.


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De esta vez lo dejé sin ningún tipo de ayuda externa. Pasé meses juntando los pedazos rotos para armar una convicción más fuerte y segura. Cada pedazo era una experiencia en el “arte” de dejar de fumar. No hay que olvidar que estuve diez años luchando contra el tabaco y me da verguenza decirlo, pero es así . Me costó a horrores apagar mi último cigarrillo y cuando lo hice fue demasiado fácil. No sufrí sindróme de abstinencia físico pero el día antes de dejarlo estaba muerta de miedo. Tuve un clic: el cáncer de un ser querido me abrió los ojos. Un cáncer producido por el tabaco. Me enojé tanto cuando lo vi salir del hospital, recién operado y prender un cigarrillo. Eso fue el colmo, la gota que rebalsó el vaso, la mano que me quitó la venda de mis ojos ¡Basta! Esto no puede continuar así. Aplasté la colilla en el cenicero y salí. Fui al grupo de chau pucho, porque a esa hora había reunión y yo no podía postergarlo más. Cuando llegué al lugar el coordinador estaba en la puerta y una fumante desesperada a su lado. La reunión había terminado antes porque habían cambiado los horarios. Necesitaba de ayuda, tenía que aprovechar ese impulso al vacío que acababa de antes de salir de casa. No quería fumar más pero me sentía frágil.


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Dicen que Dios aprieta pero no ahoga. Me acordé de Lucrecia, una buena amiga que se pone de todos los colores cuando me ve fumar. Ella vive cerca de Lalcec, donde se hacen las reuniones de chau pucho. Caminé hacia su casa mientras le mandaba mensajes. En la puerta me respondió. Fuimos a comer sushi juntas – con agua mineral – para no tentar al diablo y una agradable conversación de por medio.Y así pasé mi primera noche sin fumar.


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De esta vez decidí no participar en grupos, ni tomar remedios.Viví el proceso de desintoxicación con alegría. Sufrí tanto para volverlo a dejar que me sentí libre y triunfante al no fumar. Me agarré a ese sentimiento. Cada vez que quiero prender un cigarrillo recuerdo todo lo que viene después, me despejo y en pocos segundos se me pasa.


Dejar de fumar es un acto de amor y de crecimiento interior. En estos años aprendí a conocerme. Los adictos mentimos y nos autoengañamos. Nos cuesta conectarnos con nuestras emociones. Tenemos miedo a andar solos y nos aferramos a un chupete o muleta emocional (en mi caso el tabaco) para mantenernos en pie. Y escribo en primera persona al plural porque todos los que caen en las adicciones se comportan igual. No somos originales aunque nos autoengañemos con un “yo soy diferente”. Antes las adicciones todos somos iguales: frágiles y soberbios. No sabemos escuchar. Nuestra mayor dificultad está en la negación. Tenemos miedo de reconocer nuestra impotencia frente a la adicción.


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Dejar de fumar es un acto de humildad. El primer paso para la liberación está en reconocer que no se puede solo. Pedir ayuda. Los grupos son muy eficaces porque allí aprendemos a pedir ayuda, a escuchar y a compartir. Los testimonios de las otras personas nos ayuda a comprender. También aprendemos a no juzgar y respetar el “cigarrillo” de cada uno.


Para muchos el nunca más paraliza. En AA se vive un día a la vez y como las adicciones son todas iguales, esta filosofía se adapta para otros tipos de sustancias, cómo el tabaco también. Con el Hoy no fumo, mañana veremos varias personas dejaron de fumar por años e inclusive de por vida. Hay que tener metas cortas, que se puedan cumplir. Con altas expectativas nos hundimos. Otro de los problemas que enfrentamos los adictos son las dificultades que tenemos frente a las frustraciones. Es por eso que con el paso a paso la cosa se hace más llevadera y cúanto más lejos nos encontremos del tabaco más alta se encontrará nuestra autoestima.


Me gusta escribirlo en el blog, me gusta compartir mi conquista, pero sobre todo me gusta saber que mis palabras puedan ayudar a alguna persona sola y desesperada frente a su adicción. Porque yo lo pasé, porque me costó una barbaridad y porque la información es poder.


UNO ES DEMASIADO, MIL NO BASTAN.


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Hoy no fumo porque cumplo cinco meses de ¡conquistas!


Edito: Subo el video que mi amiga Nieves me regaló en el foro apagaelcigarro, por mi cumplemes ¡Gracias amiga, me encantó! Adoro Caetano Veloso 🙂


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