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Archive for 15 octubre 2013

Metodos-Para-Dejar-De-Fumar


El quince de octubre del 2012 apagué mi último cigarrillo. Era un lunes a las siete de la tarde. Aplasté la colilla contra el cenicero, apagué la luz del taller y partí al grupo de chau pucho. El cáncer de vejiga fue la gota de agua que rebalsó el vaso. Era tan injusto y patético jugar asi con la salud. Hacía doce años que lo venía intentado con interminables idas y venidas. Lo probé todo. A pelo, con Odranal, libro de Allan Carr, grupos de autoayuda por la internet, tratamiento con los adventitas, Champix, Chau pucho y escribir en el blog.


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Dejar de fumar fue lo más difícil que hice en mi vida y mi vida no fue un mar de rosas. Pasé por varias pruebas y las superé a todas pero el tabaco siempre me vencía. “No nací fumando” me dije en plena crisis de abstinencia. Todavía recuerdo ese momento, en Recife, al volante, desesperada por un cigarrillo.


Frases para el Dia del No fumador 2012


El que busca encuentra y finalmente encontré. Encontré mi convicción. Ahora, la que no quiere más soy yo. Antes necesitaba la nicotina para todo, para después de comer, para tomar un café, cuando bebía una cerveza, cuando pintaba, cuando descansaba, al relajar, para estimular, porque estaba estresada, había tenido una mala noticia o al contrario, una noticia fabulosa. Para todo la necesitaba. En las fotos de mi pasado siempre estoy con un cigarrillo en la mano. El tabaco y yo eramos una sola persona.


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La pesadilla acabó, me siento libre. Si, la palabra es libertad. Soy de la generación de la libertad. Argentina vivió la peor dictadura de su historia cuando era adolescente. Mis profesores del liceo franco-argentino eran franceses e hijos del mayo 68. Los Beatles imaginaban un mundo sin fronteras. Georges Moustaki y Joan Manuel Serrat cantaban por la libertad de ideas. Me escapé de una boda, abandoné mi vida burguesa, me puse una mochila en la espalda y viajé durante cuatro años sin rumbo fijo. El mundo estaba a mis pies pero un cayo me impedía correr lejos. Era el tabaco.


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Cuando llegué a Chau pucho, en aquel 15 de octubre a las ocho de la noche, la reunión ya había terminado. Me encontré con un coordinador, exfumante en la puerta del edificio. Charlamos un rato y me pasó los nuevos horarios. Salí de ahí algo angustiada por la abstinencia que se avecinaba pero sabía desde lo más íntimo de mi ser que ya no iba a fumar más. La llamé a Lu, gran amiga y ardua luchadora contra el tabaco. Nunca me lo dejaba pasar, siempre me recriminaba cuando me veía fumar. Necesitaba de compañía en ese momento crucial. Era ahora o nunca y muchas ganas de vivir. Lu atendió. Nos fuimos juntas a comer sushi con agua mineral. Tenía que darme un gusto.


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No volví a prender un pucho desde ese entonces. No tuve sindróme de abstinencia, solo unas leves ansias por momentos. No fui a chau pucho, no participé de los grupos por la internet, no tomé remedios, ni parches, ni agua, ni me puse a comer. Estuve doce años sufriendo momentos desesperados de abstinencia cada vez que dejaba de fumar y de esta vez nada de eso sucedió. Fue mágico. Olvidé el tabaco en un instante, ya no me identifico con él.


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Estoy libre pero nunca tengo que bajar la guardia porque el tabaco no abandona la batalla. El muy cabrón espera el momento indicado para infiltrarse y recuperar su poder perdido. No hay que dramatizar pero tampoco hay que subestimarlo. Todo eso lo aprendí en las miles de recaídas que tuve.


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Se dice que de tanto intentarlo se consigue. Doy fe que es así. Hay que volverse a levantar todas las veces que sea necesario. Aprendí mucho en estos años. Aprendí a vivir sin el tabaco. Para eso lo tuve que desvincular de mis actividades, de mi vida. Hoy miro para atrás y veo a esa Olivia que no sabía vivir sin un cigarrillo en la mano. La vida sin el tabaco me parecía vacía. Ahora lo veo tan distinto, ahora soy feliz de no fumar porque no fumar engancha (gracias Nikola)


La vida es bella y sin tabaco es mucho mejor.


HOY CUMPLO UN AÑO SIN FUMAR


GRACIAS

¡Gracias a todos los que me ayudaron hacerlo posible!

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Nueve de octubre del 2008 me colocaron un implante coclear. En ese momento yo todavía no sabía lo que eso significaba. Con el implante coclear volví a descubrir los sonidos perdidos. Recuperé mi voz, escucho mi voz, los pajaritos, la gente hablar y puedo seguir una conversación si estar pendiente a los labios de mi interlocutor. Soy sorda y nunca escucharé como una oyente. Ni con el implante. Para empezar oigo con un sólo oído y eso ya lo dice mucho. No importa, ahora escucho y me deleito con la música, cuando el sonido ambiental lo permite. Me gusta el caos sonoro porque me conecta a la realidad y a la sociedad que me rodea.


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El día que me implanté es el del cumpleaños de mi hija. Voy a tener suerte, pensé. Y así fue. El implante me cambió la vida y por eso lo quería compartir en el blog.


Hoy cumplo cinco años con el implante coclear ¡Feliz! 🙂

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La sordera es invisible pero aisla más que la ceguera. No me gusta comparar pero eso es lo que los médicos dicen. No me extraña, el silencio me aleja de todos los que me rodean. Me aleja de la vida.


Con el implante coclear recuperé la audición perdida, lo que me permitió retomar actividades que en el silencio no puedo hacer. Antes de seguir con mi relato quiero aclarar que lo que oigo con el implante no es lo mismo que un oyente. Primero de todo oigo y escucho con un solo oído. En segundo lugar escucho con 24 electrodos en vez de las cinco mil células ciliadas que forman parte del complejo y perfecto oído humano. Pero todo está “en relación a” en la vida. Lo mismo pasa con los colores de un cuadro. Cada color se hace valer en relación a otro. Un rojo al lado de un verde resalta más que si estuviese al lado de un naranja. Yo oigo miles de sonidos maravillosos con el implante coclear que para un oyente son rústicos e incompletos. Es la famosa ley de la relatividad.


La sordera nos limita la comunicación, que es fundamental en la vida de cualquier persona. Yo no pude terminar la facultad porque no escuchaba más a los profesores. Perdí trabajos por ese mismo motivo. Soy buena en ventas y hablo cuatro idiomas pero nadie quiere tener a una vendedora o guía turística sorda, claro está. Al no encontrar un empleo en relación de dependencia me dediqué a la artesanía y pintura. Me gusta trabajar con las manos y no necesito oídos para ninguna de esas dos actividades.


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La pintura es mi vocación y la artesanía fue mi medio de subsistencia durante años pero un día me cansé de trabajar mucho y ganar poco. Me volqué a la ilustracíón y busqué clientes en las agencias de publicidad. En aquel entonces vivía en Recife, un lugar turístico. Me dediqué a dibujar y pintar en acuarela mapas del Estado de Pernambuco y sus hermosas playas tropicales. El primer mapa que pinté me lo encargó un tal Marcos Lira, para la municipalidad de Olinda. Este señor se aprovechó de mi sordera y me estafó. Yo no escuchaba nada en las reuniones que tuvimos con la agencia de publicidad que se encargaba de promocionar esa ciudad. Dependía de las traducciones de este buen señor que era muy simpático pero solo me decía lo que le convenía y me ocultaba el resto. Le pedí un contrato por escrito y me dió vueltas y más vueltas con un “no te preocupes”, “ya lo vamos a hacer” “¿No confiás en mi palabra?” No me quedaba otra alternativa. Necesitaba trabajar. Resultado: Solo recibí el 10% de lo estipulado. Sentí una gran frustración pero no me pude defender.


Un día el teléfono tocó y mi hija atendió. Era mi amigo Antonio, artesano al igual que yo pero ella me dijo que era Marcos Lira. Tomé el tubo con odio y le dije:

– ¡Hay que ser caradura para llamar!

– Me parece que no estás de muy buen humor hoy

– ¡Claro que no!, ¡cada vez que escucho tu nombre me pongo de muy mal humor, sinvergüenza!

– Mejor te llamo otro día entonces.


Antonio era un hombre tranquilo y humilde. Cuando me dijo que iba a llamar otro día lo reconocí en el acto. Le pedí miles de disculpas. Todavía me río cuando me acuerdo de la conversación. El humor siempre ha sido mi mayor remedio contra la amargura. Muchas de las situaciones que pasamos los sordos de tan absurdas se vuelven divertidas y esta fue una de ellas.


Me han estafado muchas veces en la vida. Tambien trabajé gratis con la esperanza de que un día valorasen mi trabajo. Nada de eso sucedió pero adquirí experiencia y un vasto curriculum.


La pintura y las ilustraciones no me aportaron la estabilidad económica que necesitaba para vivir así que un día tuve que volver a la artesanía para el pan diario. Decidí pintar y vender ropa de playa, en la playa. No podía hacerlo sola porque no escuchaba a los clientes cuando me llamaban. Marulinha – mi hija de corazón – se caminaba kms en la arena conmigo. Llevabamos la ropa en una canasta y los pareos alrededor del cuello. No oía pero hablaba y así encantaba a los clientes con mis cuentos tanto en portugués, español, francés, inglés y unos rabiscos en italiano. Nos hicimos famosas y vendíamos bien pero el dinero solo daba para comer. De todos modos siempre que ponía los pies en la playa frente a ese mar turqueza intenso, agradecía a Dios por la oficina que me había tocado. Era hermosa pero también era agotador caminar bajo el sol rajante sobre la arena blanda durante cuatro horas seguidas. Mi esfuerzo dió resultado y saqué adelante la economía porque dos niñas adolescentes dependían de mi y una de ellas era mi hija.


Cuando volví a Argentina perdí el cinco por ciento de audición que me quedaba. Conocí al Dr. Arauz de casualidad y me aconsejó hacer un implante coclear. Yo no quería saber nada pero no me quedaba otra alternativa. No supe del paso importante que había dado hasta algunos meses después de la activación. No tenía expectativas y por eso que lo mío fueron todas ganancias. Con el implante llegaron los sonidos y con ellos nuevas oportunidades. Abrí un taller de pintura.


taller


Antes del implante coclear no hubiera podido ser profesora. Ahora escucho las voces de mis alumnas cuando me llaman y hacen preguntas. En el 2008 me operé y en el 2010 abrí el taller de Olinda: Oficina de Arte. La primera alumna sorda que tuve fue Alma. Luego llegaron Diana, Loli y Maffy. A Laura la trajo Loli y otras amigas le siguieron. Son todas distintas, algunas con implante, otras con audífonos, o sin audífonos, oralistas y gestuales. Entré en la dimensión de la discapacidad auditiva, con todos sus matices. Un nuevo mundo se me abrió. Laura y Loli me enseñan la lengua de señas entre risas y colores. Gracias a ellas descubrí lo fascinante que es.


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Amo mi taller, mis alumnas y la diversidad. En Olinda Arte conviven artistas oyentes y sordas de todos los colores, en armonía. El arte es nuestro idioma en común y nos entendemos muy bien. No las quiero nombrar a todas por miedo de olvidarme de una ya que todas son especiales para mi.


Gracias chicas. Las quiero

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