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Archive for 31 mayo 2014

Lectura


En el blog me dijeron varias veces que debo escribir un libro, un libro sobre la sordera, mi familia o mis andanzas por el mundo, de mochila. La idea me encanta pero es difícil. Figurense que para escribir un libro primero hay que aprender a escribir una frase, un párrafo, un cuento, varios cuentos, hacer de la escritura un oficio, adquirir experiencia y luego, muy luego, un libro. Y la cosa no termina ahí. Si se llega a escribir el libro hay que encontrar una editorial que esté dispuesta a publicarlo, encontrar lectores que lo compren, lo disfruten y lo divulguen. Son muchos los obstáculos que se deben atravesar para parir y criar un libro.


Me encanta escribir pero me cuesta. Doy miles de vueltas alrededor de una hoja en blanco. Me siento, prendo la computadora, abro el word, me vuelvo a levantar y preparo un té (porque el café me hace mal, ¡con lo que me gusta!), escribo dos líneas, tres, cuatro, un descanso, entro al facebook y ¡zás! cinco minutos se trasforman en una hora, busco el té, se enfrió, lo llevo al microondas, vuelvo a la computadora, tomo el té mientras releeo el párrafo, hago algunas correcciones, empiezo otro párrafo, me rasco la cabeza, abro el solitario spyder, juego, gano, vuelvo a escribir, una línea, dos, me concentro finalmente y los dedos fluyen por entre las teclas, la historia empieza a tomar una forma y en ese instante llega Germán, se hizo de noche, hay que hacer algo para comer, ¿querés empanadas?, me pregunta al verme los ojos cansados de tanto mirar. No, no es fácil hacerle frente al papel en blanco, desafiante en su vasto vacío existencial.


Picasso decía que la inspiración te debe encontrar mientras estás trabajando. Están esas personas que se la dan de artistas y esperan la iluminación divina con los ojos mirando al cielo. Disfrutan de la vida bohemia pero no del trabajo arduo e ingrato que impone la creación. Se necesitan herramientas para expresarse en el arte, sea cual fuere su modalidad. Son las técnicas, que se pueden aprender en soledad como autodidacta, en un camino largo y sinuoso o sino en talleres, escuelas y universidades, en un camino en línea recta. Las técnicas le dan a la inspiración un lugar para existir.


Yo soy autodidacta de vocación. Descubrí mi camino acompañada del silencio que me impuso la sordera. Al no escuchar a los profesores abandoné la facultad. Fueron años de búsquedas y todavía tengo mucho para encontrar por suerte, de mi oficio, la pintura. Aprendí mientras vendía, porque mi fuente de ingresos dependía de ello. Pobre, sorda y con una hija pequeña, no me quedaba otra opción. Durante mucho tiempo me dediqué a la artesanía, luego fueron las ilustraciones y finalmente me lancé a la pintura, mi pasión.


En el blog descubrí la escritura. Los comentaristas me dieron ánimos y me hicieron creer que tengo talento para eso. Pensé en un taller literario pero no sabía donde y con quién. Con el implante coclear ya puedo asistir a una clase, pensé, por lo menos lo podría intentar, pero ¿donde?, ¿qué profesor? Me daba temor caer con un académico más preocupado por la técnica que por el contenido, o que quisiese imponerme un estilo que no fuese el mío. No quería perder la espontaneidad, pero claro, no tengo herramientas.


No me acuerdo como conocí el blog de Veronica Sukacser; ¿QUÉ? Hipoacúsia, otoesclerosis y otros productos en stock. Yo tambien padezco de otoesclerosis y por eso me metí. Me gustó su pluma, mucho, pero casi no le escribí por timidez. Luego me hice amiga de ella en el facebook, junto a la manada de sordos que tambien le pidieron amistad luego de leer una entrevista que le hiceron en el diario. Casi fui a la mutualidad de hipoacúsicos para asistir al taller literario que allí cursó pero me faltó tiempo y me sobró vergüenza.


Hace dos meses ya que estudio escritura de cuentos en el taller de Veronica, ubicado en su casa. Tengo tres compañeros que escriben muy bien. La clase transcurre en una mesa, donde nos sentamos los cinco, con mate y galletas. La perra Trini nos recibe con saltitos alegres y nos entrega su juguete como símbolo de amistad. Leemos, escribimos y llevamos tarea a casa: escribir un cuento a través de una palabra, frase o foto que Verónica nos da como disparador para despertar la imaginación. Al ser hipoacusica, me mira y modula cuando habla y gracias a eso puedo seguir el hilo con facilidad. En las dos horas que dura la clase el tiempo se detiene y me transporta a una dimensión de fantasía maravillosa que toma vida con la creación de los personajes que salen de nuestros bolígrafos. Todo es posible, matar, morir, ser un conejo, un hombre, una niña, hasta una silla. Los cuentos de cada uno de nosotros nos transporta a mil lugares sin salir de la mesa. Es casi mágico.


Lo que sí, al poco tiempo de llegar al taller me di cuenta que eso del libro no es cualquier cosa. Debería cambiar mi forma de vida y dedicarme a pleno a la escritura si quiero lograr algo. Ganas no me faltan…


Les cuento que Veronica no sólo es una excelente profesora pero también es escritora de libros infantiles que se leen en la escuela. Por supuesto, obtuvo varios premios. Así que ya saben donde ir si sienten una necesidad imperiosa de escribir. No se van a arrepentir.

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Mamá


Para serle fiel a la tradición, hoy me olvidé que era el cumpleaños de mamá. Me acordé la semana pasada, el lunes también, pero hoy no. Me cuesta vivir en la dimesión del tiempo y del espacio, me cuesta la realidad. Ando a los manotazos para estar al día y cumplir con todos los compromisos que una persona de bien se debe hacer cargo pero siempre me olvido de algo. Sufro por ello y a veces pienso que tengo un problema mental pero la gente que me quiere me consuela y dice que así son los artistas, que viven fuera del mundo y yo no soy una excepción.


Mamá fue la persona que más me ayudó en la vida. A decir verdad fue la única persona que me ayudó en la vida. Le costaba comprender que fuese tan distraída, ella que era tan organizada y se sintió desolada cuando se enteró que era hipoacúsica. Sufría mis limitaciones como si fuesen propias y quería protegerme a toda costa. Me defendí con garras y dientes de su protección exagerada pero siempre supe que lo hacía por amor. Se preocupó por mí hasta el final. El día anterior a su muerte me animé a hablarle (como si hubiese sentido que era mi última oportunidad) y le dije que se quedase tranquila porque yo estaba muy bien, pero muy bien y le pedí que se ocupe de ella. A la madrugada se fue y yo la vi partir triste pero feliz de haberla liberado de una carga que no le correspondía más.


Siempre tuve miedo de ese momento, a quedarme sola sin ella. A decir verdad solos estamos todos. Nacemos y morimos solos. La soledad siempre estuvo muy presente en mi vida a pesar de tener afectos importantes y sólidos. Tengo un compañero de fierro, una hija hermosa, hijos de corazón, familia, amigos geniales por varios lugares del mundo, animales de estimación dulces y cariñosos. Una cosa no quita la otra, la soledad es otra compañera más, pero ella era mucho más que todo eso junto, era mi mamá.


Ahora mamá vive en mi corazón y mi corazón no sabe de fechas y horarios porque trabaja a tiempo completo, No tiene días especiales para recordarla porque la recuerda siempre, cuando paso por una calle, un bar, la puerta de su casa, en cualquier lugar que estuvimos juntas. Hemos disfrutado de nuestras compañías, de ir al cine y luego comer sushi, que tanto nos gustaba a las dos, con una copita de vino blanco y charlar, charlar de la vida, del arte y del amor.


Ya no está más y la extraño. Su partida dejó un vacío eterno. Ya no está más pero aún vive en mi corazón y el corazón de todos los que la amaron. Por eso mamá que hoy te digo, feliz cumpleaños, adonde sea que estés.


Te amo, en pasado, presente y futuro, en la eternidad.

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A veces es difícil ser sordo, a decir verdad siempre lo es. Es difícil vivir entre personas que tienen ese sentido que te falta y depender del amor, paciencia, buena voluntad, cariño y generosidad de ellos para poder mantenerte comunicado con la vida que tenés a tu alrededor. Y a veces la gente pierde la paciencia, todos las perdemos, pero en este caso que no escuchaste lo que tu interlocutor dijo y él ya no tiene más ganas de repetir, te quedás afuera. Y vos entendés, porque los chistes dejan de ser chistes si se repiten. Todos se ríen a las carcajadas y vos te quedás solo porque sos sordo y te tenés que jorobar.


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Más solo te sentís en una reunión con más de tres personas. En esos momentos ni el audifono, ni el implante coclear te sirven. Te los ponés igual porque sin esas ayudas estás totalmente perdido. Con los aparatos prendidos podés manotear algunas palabras y con suerte, frases enteras. Cuando la conversación se pone interesante vos no entendés un pomo. Sabés que no podés pedirle a la gente que hable más despacio y te miren todo el tiempo. No es adecuado así que te adaptás y te jorobás otra vez.


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Lo peor es una discusión. En ese momento que la sangre te hierve y no podés pararte a descifrar los labios de tu interlocutor que te agrede y lastima con esas mismas palabras que tanto te cuestan escuchar, este se enoja y se aprovecha de la situación para humillarte y decirte que no lo escuchás a propósito. Tu bronca se transforma en impotencia por no poderte defender de tal injusticia. Estás en inferioridad de condiciones. Para no tirarle un cenicero en la cabeza te vas a llorar por ahí y en ese momento te preguntás si vale la pena luchar tanto para mantenerte comunicada con gente que amás pero te hace sufrir.


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Sentís que te clavan un puñal cuando una persona se burla o te insulta, delante tuyo, en un tono que sabe que no podés discriminar pero que escuchaste igual por esos misterios que tiene la audición. El puñal desgarra tus entrañas cuando hay otros junto a él que se ríen a la par y luego te miran y regalan una sonrisa hipócrita de que está todo bien. La decepción duele y perdés la confianza pero después te acordás que sos sordo y tenés que agradecer que te den bola, que te integren y traten como si fueses uno de ellos, y vos aceptás porque no tenés armas para defenderte y no te querés quedar solo.


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Odiás cuando te dicen: “para lo que hay que escuchar es mejor ser sordo”. Se nota que esa persona no se da cuenta lo que significa que te digan algo así, a vos, que tenés que gastar una fortuna en aparatos auditivos, operarte, colocar un implante coclear, que implica calibraciones, reeducaciones, no poder hacer resonancias magnéticas, ni pasar por las alarmas de los aeropuertos; por ejemplo. Tenés que trabajar duro para escuchar algo de lo que ese imbécil escucha sin hacer el más mínimo esfuerzo y además se cree chistoso al decirte que no te perdés nada. Suspirás con paciencia, sonreís y te callás porque él es ignorante pero vos sos sordo. Vos sos el que se tiene que adaptar.


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A esta altura del partido ya sabés que si no te adaptás vas muerto. Por momentos querés mandar todo al diablo porque estás cansado de hacer tanto esfuerzo. Te sentís un extraterreste en la tierra de los oyentes, vos, que venís del planeta silencio, que te oprime con su soledad.


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Pero sos fuerte, te levantás, sacudís las broncas y las angustias que tenés pegadas en el alma y decidís ser feliz en vez de instalarte en la destructiva comodidad de la víctima. Enfrentás tu discapacidad con actitud y suplís esa carencia que tenés con aparatos, cirugías, lectura labial, escritura, intuición, esfuerzo pero sobre todo con fe y esperanza porque sos un campeón.


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