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Archive for 30 junio 2014

Creo que fue la sordera, o por lo menos tuvo algo que ver, que hizo de mi una adolescente tan solitaria y huraña. Me sentía desencajada en el mundo. Mientras los chicos se divertían en las fiestas yo leía en un rincón. Cuando leí “El extranjero” de Camus, tuve una revelación. Me identifiqué tanto con el personaje que dejé a mi novio a cambio de la compañera soledad. Ese era mi destino: la soledad. Era el único refugio contra el mundo hostil y ruidoso que me rechazaba y yo no sabía porqué.


Cuando me escapé a Paris fue peor. El clima frío y gris hicieron de mi soledad un fargo más pesado de llevar. Los parisinos me resultaban insípidos y distantes. Y eso que nací en Paris y estudié en un colegio francés. Eso no impidió que tuviese un choque cultural lejos de mi Buenos Aires de crianza. En vez de integrarme con los franceses, me junté con los refugiados latinoamericanos, tan desencajados como yo y lejos de sus países. Neke era uno de ellos. Nos hicimos amigos al instante. Él era chileno, yo me sentía argentina y Paris nos convirtió en hermanos. Un día fuimos juntos a la estación de tren, la Gare du Nord, donde parten y llegan trenes de varios puntos de Europa. Es una estación enorme y llena de movimiento. Nos paramos en el medio de camino entre los andenes, las escaleras con dirección a los subtes, las boleterías y la salida. Una multitud iba y venía llena de rostros serios, enojados y preocupados, con los ojos vacíos de presente. Neke y yo nos agarramos del brazo para que la marea de gente nos nos atropellase. El bullicio se transformó en un sonido mas cruel que el silencio y la soledad se hizo carne, porque en el lugar donde se está más solo, es en el medio de la multitud.


Es por eso que me fui a vivir a Brasil, en busca de contacto humano. Allí nació mi hija, acepté mi sordera y compré un audífono. La soledad dejó de ser mi mejor compañera. Con los años llegó la era de la globalización y de la comunicación. El sistema se infiltró por todos los rincones del planeta. Me resistí, pasé muchos años antes de comprar mi primer celular. Mientras tanto la internet, la telefonía y las redes sociales mantenían a millones de personas conectadas las 24 horas del día con gente que vive lejos y muchas veces no conoce personalmente, pero desconectada con las personas que están a su lado. La incomunicación de la comunicación, una soledad camuflada. Finalmente caí en la trampa.


facebook


La internet ofrece una fuente ilimitada de información y si se la sabe manejar resulta beneficiosa. En su momento me ayudó a escapar de la soledad del silencio, cuando perdí totalmente la audición. El problema consiste en saber utilizar esta herramienta sin caer en el exceso, en la adicción, otra forma de alienación de este siglo XXI.


El facebook es una cosa seria. Me escandalizo porque los osos del Ártico están amenazados, de las inundaciones de un país que ni sé pronunciar su nombre, de las crueles corridas de toros que por suerte no ocurren en mi país, de las chicas que secuestraron en Nigeria y de muchas otras noticias, serias y dolorosas que leo y también firmo, como repudio. Fue alentador saber que no se lapidará a esa pobre mujer por haberse hecho cristiana en Sudán, gracias a la presión “internacional”. Me sentí responsable por su salvación, porque firmé la petición de Amnistía pero puede ser que eso no tuvo nada que ver con la anulación de la pena. De todos modos me afectó y seguí firmando de acá para allá miles de peticiones, contra miles de injusticias terribles que suceden por el mundo y me entero por la internet. Pierdo la esperanza con la gente que se aprovecha de estas situaciones y se dedica a engañar y mentir. La otra vez compartí en mi muro un artículo sobre la desaparición de una niña, que no era cierta, al igual que la muerte del Chavo del ocho, que lamenté. Lo matan todas las semanas a ese pobre hombre pero sigue tan vivo como yo. Luego están los mensajes melosos, a veces hermosos y otros tontos sobre el amor, la paz, la bondad y frases célebres de personalidades importantes de la humanidad. Y el humor, no falta el humor que invade los muros con frases y chistes de todo tipo. Con la política no se juega y muchos ponen el alma sobre el teclado para defender sus ideales con injurias, desprecios y odios. Todos son justicieros, bien sentaditos en sus sillas, con un café calentito sobre la mesa que apoya el arma letal: la computadora. Hay de todo en la viña del facebook.


En el facebook puedo intercambiar informaciones, muchas veces interesantes. El problema es que soy curiosa (más de uno dirá que soy mujer) y me quedo horas mirando las noticias, de gente que ni sé quién es y ni me interesa saber, porque están ahí. Una foto que me llama la atención, una frase ingeniosa, un mensaje y se me fue la tarde. Algo anda mal, caí en la trampa. Mientras pierdo la mayor parte del tiempo dando vueltas por el facebook dejo de hacer lo que realmente me importa allá afuera, en el mundo que llaman realidad. Me quejo por no tener tiempo de escribir, ni de pintar. Dejo, mejor dicho, dejamos de compartir con Germán momentos preciosos de nuestras vidas, al estar juntos pero distantes, cada uno con su tablet en mano, horas y horas boludeando en el facebook. El sistema nos comió, la ciencia ficción se hizo realidad y 1984 dejó de ser una novela.


El facebook me ha regalado muchos amigos, devuelto los que había perdido en el camino, acercado con mi familiares que viven en países distantes. Ahora tengo que recuperar los que viven a mi lado.


Con permiso, me voy a cenar con Germán.


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