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Archive for 19 octubre 2016

Cuatro años sin fumar

 

area-libre-de-humo

El tiempo pasa para bien y para mal, pasé diecisiete años antes de fumar mi primer cigarrillo y diez años para dejarlo. También pasé treinta y cinco años de mi preciosa vida fumando. Mi adicción aumentó a lo largo de los años y llegó un momento que no me podía imaginar sin un cigarrillo en la mano. Me identificaba, me aseguraba, me otorgaba personalidad. Por lo menos eso era lo que yo creía pero tardé mucho tiempo para darme cuenta de lo equivocada que estaba. Escuché hablar de los males del cigarrillo cuando ya era una adicta. Me costó absorber esa información porque eso implicaba enfrentar mis fantasmas. Del paquete pasé a los dos paquetes diarios. A veces prendía un cigarrillo cuando ya tenía otro consumiéndose en el cenicero, sobre todo cuando pintaba, escribía o trabajaba con artesanía. El pucho pasó a ser mi compañero incondicional. En todas las situaciones me sostenía. En el dolor, la alegría, la sorpresa, en todo estaba él. Si salía a la noche me bajaba otro paquete entre charlas y cervezas. Me inquieté cuando empecé a despertar con el pecho en fuego.


lo unico imposible es lo que no intentas.jpg


Un día sin saber cómo decidí dejarlo. Si otros pueden hacerlo yo también, pensé y no fumé. El primer día di vueltas por toda la casa buscando un modo de tapar el vacío. Me tiré a la comida pero lo compensé con ejercicios. A la semana el mal humor se transformó en desesperación. Todas las tardes me subía al auto y salía a toda velocidad por un viaducto mientras gritaba furiosa. Eso me calmaba por un rato. No podía dejar de pensar en mis ganas de fumar ni por cinco minutos. A los tres meses recuperé ciertos momentos de libertad. A los siete meses me pareció que ya lo había superado. Fumé unas pitadas, a los tres días me fumé un cigarrillo, a la semana me fumé siete y a los veintes días me había hundido nuevamente a mi mortal adicción. De ahí en más estuve dos años y medio repitiéndome todas las mañanas que debía dejar de fumar, sin resultado.


patada


El diagnóstico de los médicos fue feroz: Insuficiencia respiratoria y gastritis crónica. Tenía que dejarlo pero no me sentía capaz. Me recetaron Odranal. Me volví loca. Ese remedio es también un antidepresivo porque dejar de fumar causa depresión entre tantas otras molestias que genera la abstinencia. Pero yo no estaba deprimida. A las seis de la mañana despertaba a mis hijas y las llevaba a la playa. De ahí marchaba al supermercado, al banco, a trabajar, a cocinar y así todo el día. A la noche no conseguía dormir hasta las tres de la mañana. A los cinco meses recaí pero volví a dejarlo sin resultado. Recaí incontables veces hasta el día en que me diagnosticaron epoc. En ese entonces estaba en el silencio y era candidata para el implante coclear. No podía sola, busqué un grupo de autoayuda en la internet.


persevera


Los grupos de autoayuda fueron fundamentales para desprenderme del cigarrillo. Los testimonios de otras personas y la información fueron dos factores decisivos. Conocer al enemigo en profundidad, saber cuales son los daños que causa, la manera de dejarlo, los mitos, los efectos físicos y psicológicos me sacaron paulatinamente de la sombra de la ignorancia. También conocí el epoc, qué es, qué causa, su mortalidad, como convivir con esa dolencia crónica. En los foros hice varios conocidos y algunos pocos pero buenos amigos con los cuales mantengo contacto hasta el día de hoy.


calavera


Dejé de fumar con la ayuda del remedio Champix. Lo conocí gracias a los testimonios. Parecía milagroso pero los efectos secundarios eran muy fuertes y lo tuve que abandonar al mes de tomarlo, con un agujero en el estómago y confusiones mentales. A los dos años pensé que lo había superado y lo recompensé fumando un cigarrillo en una noche de fiesta, feliz de los felices, con ganas de arruinar tanta felicidad. A la semana estaba nuevamente en el horno. Seguí participando en los foros.


Metodos-Para-Dejar-De-Fumar


En el año 2011 mi madre se enfermó y un año después se murió. Me escapaba de su cuarto con cualquier excusa para ir a fumar. Comía chicle, colocaba alcohol en gel en las manos y volvía a su lado. Ella se daba cuenta pero no me decía nada. Ocho meses después de su partida apagué mi último cigarrillo, pero de esta vez fue distinto. Estaba harta de matarme.


cigarrillos y muerte


El 15 de octubre de 2016 cumplí cuatro años sin fumar. Ya no me identifico más con el tabaco, no cuento los días, no pienso y no lo recuerdo más pero las recaídas me dejaron una enseñanza. No puedo fumar una sola pitada, nunca más. Soy adicta y el único modo de mantenerme alejada de mi adicción es NO fumando.


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A los que lo quieren dejar les digo que si lo conseguí yo cualquier persona puede conseguirlo. Que no importa cuantas sean las recaídas, de tanto intentarlo un día se consigue. Uno se olvida de las ganas de fumar NO fumando. No hay que pelearse con la ansiedad. Hay que tenerse paciencia, hay que tener convicción. Las ayudas son solo ayudas, el único que deja de fumar es uno mismo.


En este proceso crecí como persona. Aprendí a caminar sin la muleta emocional. Aprendí a caminar sola.


La perseverancia es necesaria, la convicción fundamental, vivir sin fumar el mayor regalo.


mismo-objetivo

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