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Archive for 11 septiembre 2017

mavi medel


Llegué al lugar de encuentro una hora antes de la charla, tal como me lo pidieron. La coordinadora de Medel, me recibió y llevó a una salita donde estaban Carolina (la psicóloga), Patricia (la fonoaudióloga) y Ana (la audióloga) que trabajan en la fundación Arauz. Allí me presentaron a los otros implantados que iban a contar sus historias junto conmigo. Nos dieron una hoja a cada uno de nosotros con preguntas: “¿cuando te quedaste sordo?”, “¿cómo te sentiste cuando lo supiste?”, “¿cómo te decidiste por el implante?”, “¿cómo salió la cirugía?”, “¿cómo escuchaste en el encendido?”, “¿cómo fue la rehabilitación?”, “¿cómo vivís con el implante hoy en día?”. Cuando llegó la hora partimos a una sala acomodada para la ocasión. Varias hileras de sillas miraban el escenario y la pantalla de proyección. Primero habló el cirujano, explicó como funciona el aparato y cuales son los procedimientos para la cirugía. Luego se acercaron las fonoaudiólogas, psicólogas y audiólogas y explicaron cuáles son sus funciones en el proceso de implantación y rehabilitación. Al final nos sentaron a los implantados en unas sillas frente al público con dos micrófonos que nos pasamos según el turno de cada uno.


Los relatos fueron emocionantes. Primero habló una chica sorda de nacimiento. Ella había escrito las respuestas en un papel que leyó con cierta timidez. La gente aplaudió cuando terminó su testimonio. Les pasó el micrófono a la pareja que estaban sentados a su lado. Primero habló el padre y luego la madre y contaron cómo les costó aceptar la sordera de su bebé y lo que sufrieron durante todo el proceso de la operación y encendido. El hijo ahora es bi implantado, tiene seis años y en aquel momento jugaba en otra sala con niños en su misma condición.


Cuando me tocó el turno tomé el micrófono sin vacilar. Escucharme la voz cuando hablo me devolvió la confianza que nunca tuve. Empecé mi relato con mi niñez y mi madre que me retaba porque yo le pedía que repitiese, su negación, la profesora que se dio cuenta que lo mío era más que una distracción, las operaciones, los fracasos, las limitaciones, la angustia, el silencio, el miedo a la cirugía y la rehabilitación. Sentí una irrefrenable necesidad de llorar cuando llegué a la parte que abandoné la facultad. “Perdón, me emocioné”, confesé. Seguí mi relato con la voz quebrada hasta el final. El dolor sigue vivo pero escondido, con rascar un poquito aflora. La sordera siempre me dolió, por eso lo cuento, porque el implante coclear me devolvió la vida y se la puede devolver a otras personas que sufren lo mismo que yo. Cuando terminé de hablar le pasé el micrófono a la mamá de una nena implantada bilateral de ocho años. El testimonio de la mamá me removió recuerdos dolorosos. Al igual que mi madre negó la sordera de su hija hasta más no poder con las mismas ansiedades y angustias. Mi mamá sufría más que yo por mi sordera. Por eso respeto tanto a los padres, porque a ellos les pesa una culpa inmerecida. Me encantó la honestidad y generosidad con su testimonio. La nena agarró el micrófono y contó divertida que los chicos la veían diferente. Se la veía feliz y segura de sí misma. Al lado de ellas dos estaba sentado el papá de la niña, claramente afectado por el relato de su mujer. Cuando le pasaron el micrófono lo devolvió con lágrimas en los ojos. No pudo hablar.


Ceci tomó el micrófono. Hipoacúsica de niña, escuchó con dos audífonos durante toda su niñez y adolescencia. Al llegar a su vida adulta su sordera se complicó. El médico le recomendó el implante. No quiso saber nada y aguantó esa situación hasta que se le hizo insostenible. Buscó información en la internet y encontró el blog que leyó y la ayudó a tomar la decisión. Me sentí feliz cuando lo supe y por eso me tienen de nuevo acá. Tres meses después del encendido de los electrodos, Ceci escuchó mejor que cuando usaba los audífonos. Con la rehabilitación mejoró más y más, tanto más que dos años después se volvió a operar del otro oído. Hoy en dia se maneja en la vida con la misma facilidad que un oyente.


El último testimonio fue el de un muchacho de unos treinta años. Perdió la audición de un modo súbito a los 18, que le arruinó la vida. A pesar de ello se casó y tuvo dos hijos. Se resistió al implante por mucho tiempo pero cuando se animó pudo escuchar la voz de su mujer y sus hijos por primera vez. Eso me pasó con Germán, mi pareja desde hace más de nueve años. Escuché su voz un año después de conocerlo. Me imagino lo que debe haber sido escuchar la de sus hijos. Una emoción profunda de amor y dolor.


Todos los testimonios se parecen en los puntos claves. Primero, no quisimos saber saber nada con el implante. Segundo, tuvimos miedo a la cirugía y a un posible fracaso. Tercero, estamos satisfechos con los resultados a pesar de las dificultades que tuvimos que atravesar.


Cuando la charla terminó nos reunimos en la parte posterior del salón. En una mesa habían unos termos con café, té y leche. En otras mesas sandwiches y medialunas. Algunas personas se me acercaron para hacerme preguntas. Estaban ahí porque necesitaban y tenían dudas. Lo conocí al hijo de mi cirujano que también es cirujano y fue quien habló en la charla. Se llama Santiago Arauz al igual que su padre, sólo que uno es Luis y el otro Alberto de segundo nombre. Me le acerqué y me reconoció aunque nunca nos hayamos visto antes. Me dijo que soy famosa por los cuadros y el blog. Una linda noticia. Hablamos del segundo implante, el que su padre me recomendó hace unos años atrás y yo esquivé hasta hoy.


Todas los implantados bilaterales dicen lo mismo, que es mucho mejor escuchar con los dos oídos, que cuando uno se apaga el otro deja de comprender porque el sonido es incompleto. Ahora saben de dónde vienen los sonidos, discriminan las palabras en reuniones y lugares ruidosos. El doctor Santiago Luis me avisó que no estoy excenta, que puedo perder el nervio y por ende la audición nuevamente del oído implantado porque mi otoesclerosis es progresiva de por vida. Postergué ese momento hasta el día de hoy aunque a principio del año decidí enfrentar la situación. La vida tuvo otros planes. Germán se enfermó repentinamente. Estuvo hospitalizado durante tres meses entre la vida y la muerte. Largué todo para estar a su lado. Santiago Alberto Arauz apoyó mi decisión sin chistar.


— Cuando tu marido esté mejor nos venís a ver —, me dijo cariñosamente
— El año que viene—, le prometí.


Para ciertas personas oír y escuchar se consigue con riesgos y sacrificios. Por eso son importantes los testimonios, son los que nos guían, nos apoyan y nos fortalecen.


Gracias por empujarme al implante bilateral

ceci y yo

Ceci, implantada bilateral


paula

Paulita, implantada bilateral


daniel y yo

Daniel, implantado bilateral


maffy y yo

Maffy, implantada bilateral


flor ossie yo

Flor y Ossie, implantados bilaterales


hernan omar dani

Hernán, Omar y Daniel, implantados bilaterales


loli

Loli, implantada bilateral


omar dani y yo

Dani y Omar, implantados bilaterales


rodolfo.jpg

Rodolfo, implantado bilateral


Cada día son más

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