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Archive for the ‘Dejar de fumar’ Category

Cuatro años sin fumar

 

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El tiempo pasa para bien y para mal, pasé diecisiete años antes de fumar mi primer cigarrillo y diez años para dejarlo. También pasé treinta y cinco años de mi preciosa vida fumando. Mi adicción aumentó a lo largo de los años y llegó un momento que no me podía imaginar sin un cigarrillo en la mano. Me identificaba, me aseguraba, me otorgaba personalidad. Por lo menos eso era lo que yo creía pero tardé mucho tiempo para darme cuenta de lo equivocada que estaba. Escuché hablar de los males del cigarrillo cuando ya era una adicta. Me costó absorber esa información porque eso implicaba enfrentar mis fantasmas. Del paquete pasé a los dos paquetes diarios. A veces prendía un cigarrillo cuando ya tenía otro consumiéndose en el cenicero, sobre todo cuando pintaba, escribía o trabajaba con artesanía. El pucho pasó a ser mi compañero incondicional. En todas las situaciones me sostenía. En el dolor, la alegría, la sorpresa, en todo estaba él. Si salía a la noche me bajaba otro paquete entre charlas y cervezas. Me inquieté cuando empecé a despertar con el pecho en fuego.


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Un día sin saber cómo decidí dejarlo. Si otros pueden hacerlo yo también, pensé y no fumé. El primer día di vueltas por toda la casa buscando un modo de tapar el vacío. Me tiré a la comida pero lo compensé con ejercicios. A la semana el mal humor se transformó en desesperación. Todas las tardes me subía al auto y salía a toda velocidad por un viaducto mientras gritaba furiosa. Eso me calmaba por un rato. No podía dejar de pensar en mis ganas de fumar ni por cinco minutos. A los tres meses recuperé ciertos momentos de libertad. A los siete meses me pareció que ya lo había superado. Fumé unas pitadas, a los tres días me fumé un cigarrillo, a la semana me fumé siete y a los veintes días me había hundido nuevamente a mi mortal adicción. De ahí en más estuve dos años y medio repitiéndome todas las mañanas que debía dejar de fumar, sin resultado.


patada


El diagnóstico de los médicos fue feroz: Insuficiencia respiratoria y gastritis crónica. Tenía que dejarlo pero no me sentía capaz. Me recetaron Odranal. Me volví loca. Ese remedio es también un antidepresivo porque dejar de fumar causa depresión entre tantas otras molestias que genera la abstinencia. Pero yo no estaba deprimida. A las seis de la mañana despertaba a mis hijas y las llevaba a la playa. De ahí marchaba al supermercado, al banco, a trabajar, a cocinar y así todo el día. A la noche no conseguía dormir hasta las tres de la mañana. A los cinco meses recaí pero volví a dejarlo sin resultado. Recaí incontables veces hasta el día en que me diagnosticaron epoc. En ese entonces estaba en el silencio y era candidata para el implante coclear. No podía sola, busqué un grupo de autoayuda en la internet.


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Los grupos de autoayuda fueron fundamentales para desprenderme del cigarrillo. Los testimonios de otras personas y la información fueron dos factores decisivos. Conocer al enemigo en profundidad, saber cuales son los daños que causa, la manera de dejarlo, los mitos, los efectos físicos y psicológicos me sacaron paulatinamente de la sombra de la ignorancia. También conocí el epoc, qué es, qué causa, su mortalidad, como convivir con esa dolencia crónica. En los foros hice varios conocidos y algunos pocos pero buenos amigos con los cuales mantengo contacto hasta el día de hoy.


calavera


Dejé de fumar con la ayuda del remedio Champix. Lo conocí gracias a los testimonios. Parecía milagroso pero los efectos secundarios eran muy fuertes y lo tuve que abandonar al mes de tomarlo, con un agujero en el estómago y confusiones mentales. A los dos años pensé que lo había superado y lo recompensé fumando un cigarrillo en una noche de fiesta, feliz de los felices, con ganas de arruinar tanta felicidad. A la semana estaba nuevamente en el horno. Seguí participando en los foros.


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En el año 2011 mi madre se enfermó y un año después se murió. Me escapaba de su cuarto con cualquier excusa para ir a fumar. Comía chicle, colocaba alcohol en gel en las manos y volvía a su lado. Ella se daba cuenta pero no me decía nada. Ocho meses después de su partida apagué mi último cigarrillo, pero de esta vez fue distinto. Estaba harta de matarme.


cigarrillos y muerte


El 15 de octubre de 2016 cumplí cuatro años sin fumar. Ya no me identifico más con el tabaco, no cuento los días, no pienso y no lo recuerdo más pero las recaídas me dejaron una enseñanza. No puedo fumar una sola pitada, nunca más. Soy adicta y el único modo de mantenerme alejada de mi adicción es NO fumando.


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A los que lo quieren dejar les digo que si lo conseguí yo cualquier persona puede conseguirlo. Que no importa cuantas sean las recaídas, de tanto intentarlo un día se consigue. Uno se olvida de las ganas de fumar NO fumando. No hay que pelearse con la ansiedad. Hay que tenerse paciencia, hay que tener convicción. Las ayudas son solo ayudas, el único que deja de fumar es uno mismo.


En este proceso crecí como persona. Aprendí a caminar sin la muleta emocional. Aprendí a caminar sola.


La perseverancia es necesaria, la convicción fundamental, vivir sin fumar el mayor regalo.


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Tres años sin fumar

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Dejar de fumar no fue una tarea fácil para mi. Estuve 14 años para lograrlo. Durante ese tiempo pasé por muchas etapas. Primero fue la desesperación. No sabía vivir sin un cigarrillo en la mano. Me acompañaba en las reuniones sociales. Me permitía lidiar con situaciones difíciles, con la soledad, los estudios, las conquistas, el trabajo y con la otoesclerosis que avanzaba sin prisa y sin pausa hacia el silencio total.


La primera vez que dejé de fumar me quería morir. La necesidad de prender un cigarrillo se transformó en una obsesión. Era el único pensamiento que tenía, todo el resto en mi vida era secundario. Estuve siete meses sin fumar, cuesta arriba, llorando y puteando en casa, en la calle, en la playa, en el auto, en cualquier lugar. Finalmente me quebré y volví a prender un cigarrillo. Fue mi primera experiencia sin tabaco que terminó en fracaso pero me dejó una enseñanza: supe que podía vivir sin fumar.


Luego de la recaída estuve durante dos años diciéndome, la semana que viene lo dejo de nuevo. Pero no lo dejé, al contrario, fumé el doble, el triple, en una eterna despedida. Mis pulmones sufrían en silencio por la falta de oxígeno. A la mañana despertaba con el pecho en fuego, me costaba respirar.


La palabra epoc la conocí de causalidad con los adventistas. No le di importancia, no tenía cáncer y eso era lo que importaba. Cuando supe que epoc era una enfermedad mortal me asusté pero mi adicción fue más fuerte. Me mentí, oculté la realidad, minimicé la gravedad pero me dolía el pecho, tenía un agujero en el estómago y no podía respirar. Busqué ayuda en la internet.


El quitómetro fue el primer sitio de autoayuda que conocí. Allí aprendí que era adicta y que pedir ayuda era un paso esencial para la recuperación. Leí los testimonios de otros fumadores y así supe que lo que me pasaba a mi le pasaba a ellos también. Con mayor o menor intensidad todos sufríamos lo mismo por causa del tabaco, pobres discapacitados emocionales, escondidos detrás de una cortina de humo.


El quitómetro cerró sus puertas, otros grupos se formaron. Busqué ayuda en Chau pucho, siempre sin éxito. Mis colegas dejaron de creer en mi pero yo seguí intentándolo. Mi vida dependía de eso. El epoc era mi condena, una muerte lenta y dolorosa.


Apagué el último cigarrillo el 15 de octubre del 2012 a las seis de la tarde, sin bombos ni platillos. Le habían diagnosticado cáncer a un ser querido. El tabaco era responsable por su enfermedad y mismo así fumó a la salida del hospital. Esa imagen patética actuó como un disparador, la gota de agua, el hartazgo. Aplasté el cigarrillo en el cenicero y partí a Chau pucho desesperada pero segura de que esa tortura no podía continuar. Cuando llegué al edificio la puerta estaba cerrada, habían cambiado los horarios. No había vuelta, con ayuda o sin ayuda debía continuar. Fui a la casa de una amiga que vivía a pocas cuadras de Chau pucho y por suerte me abrió la puerta, se solidarizó conmigo y nos fuimos las dos a comer rico, a charlar, a llorar, a celebrar la vida.


Dejé de fumar sin remedios ni grupos. No sufrí, no lloré, no me puse nerviosa. No sentí síndrome de abstinencia. Nada. Fue fácil, fue increíblemente fácil, como si de un milagro se tratase. Había encontrado finalmente la convicción y con ella había encontrado la salida. Había perdido el miedo.


Es por eso que vuelvo a escribir en el blog, porque no puedo dejar pasar este día, el día que recuperé mi libertad, el dia que me hice adulta, el día que vencí a mi peor enemigo, hace exactamente tres años atrás.


A todos los que fuman les mando este mensaje: Si yo dejé de fumar, todos lo pueden dejar sin excepción, y mejor todavía, hay vida después del tabaco, hay libertad, hay salud.


HOY NO FUMO

Y mañana tampoco

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gun pucho


Es difícil decir algo nuevo después de haber escrito durante siete años sobre el mismo tema: el tabaco. Ya conozco a la perfección mi enemigo. Estoy feliz porque finalmente le quité la máscara. Fumé durante 35 años, a veces más de dos paquetes diarios. Pasé por todas las etapas antes de sacar al tabaco de mi cabeza. Lloré, grité, me enojé con el mundo entero y perdí el sentido de la vida. No había vida sin tabaco, no podía vivir sin un cigarrillo prendido. La pasé muy mal para cambiar el chip de mi cerebro y quitar la nicotina de sus registros. El secreto está en no volver a fumar una pitada, nunca más.


la muerte y el pucho


De jóven creía que el tabaco no me hacía nada. Al contrario, me sentía especial con un pucho entre los dedos. En las reuniones sociales fumar me daba seguridad. Era una chica tímida. La falta de audición me causaba inseguridad. En esa época se podía fumar en todos lados. Era socialmente bien visto.


ceniceros pulmones


La primera vez que dejé de fumar estaba embarazada. Fue fácil porque todo me daba naúseas. Poco tiempo después que mi bebé nació me aferré nuevamente al tabaco. Me separé y tuve que criar a mi hija sola, con el papá que pateaba en contra, en un país lejano y con una hipoacúsia de severa a profunda, que en “cristiano” significa, sorda como una tapia. El cigarro me ayudaba a enfrentar estas situaciones difíciles. Por lo menos eso era lo que yo creía.


humor pucho


Grande fue mi sorpresa cuando supe que en ningún lugar del avión se podía fumar. En todos los que yo había viajado antes habia una zona de fumadores. Estaba en Francia y hacía poco que regía esa ley anti tabaco. Casi me mató la ansiedad. Me sentía una desgraciada a la merced de unos insensibles que no sabían de lo que uno es capaz de hacer con el síndrome de abstinencia.


lugar libre de humo


La ley que prohibió fumar en lugares públicos fue fundamental para que me plantease dejar de fumar. Pasé por momentos terribles en los primeros intentos. Las ganas de fumar eran insoportables. Recuerdo con claridad un día que estaba en mi coche, mojada por la transpiración (normal, estaba en Recife) y desesperación. Libraba una lucha ardua conmigo misma para no prender un cigarrillo pero la ansiedad me superaba. Yo no nací fumando, me decía con lágrimas en los ojos. Nunca voy a olvidar ese momento.


ansiedad por fumar


Pasé doce años para echar al tabaco de mi vida. Yo sé que soy adicta y eso es de por vida. Siempre voy a tener que estar alerta pero mismo así aprendí a vivir sin fumar y ya no sufro más por ello. Al contrario, ahora lo vivo con alegría y disfruto plenamente la libertad que gané luego de tantos intentos fallidos.


librarse del pucho


Las recaídas son experiencias. No importa caer, lo importante es volverse a levantar. Hay que intentarlo hasta conseguirlo, cuantas veces sean necesarias para ello.


no pucho


Yo recaí muchas veces porque en el fondo no estaba convencida. En vez de vivir ese proceso de desintoxicación con alegría lo vivía con tristeza, al sentir que sacrificaba un placer y abandonaba al mejor compañero de mi vida.


fumar no


El 15 de octubre del 2012 apagué mi último cigarrillo y no sufrí por ello. Casi no sentí síndrome de abstinencia. Ya había conseguido cambiar el chip y estaba convencida de lo que hacía. Finalmente se produjo el milagro y pude entender que no duele dejar de fumar y que la desesperación la crea el cerebro. La nicotina nos engaña y hace creer que relaja y estimula a la vez. Es una ilusión y yo finalmente le pude sacar el velo.


feliz sin pucho


Dejar de fumar me hizo crecer como persona porque al final de cuentas envejecer es obligatorio pero madurar es opcional.


carita feliz

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nieves mateando


Es muy triste recordar como vivían los sordos hasta el siglo XIX. Estaban excluídos de la sociedad y se los consideraba tontos o locos porque no tenían herramientas para expresarse. No existían los audífonos, ni la fonoaudiologìa. A los más pobres se los internaba en hospicios. Artistas geniales como Bethoveen y Goya se volvieron insoportables al perder la audición pero en la desesperación del silencio crearon sus mejores obras.


Hoy en día hay muchas formas de comunicación para los hipoacúsicos y sordos. Audífonos, implante coclear, fonaudiología, lenguaje de señas, internet, celular con vibración y mensajes de texto son algunas de ellas.


La internet me salvó la vida. Permitió que continúe comunicada a pesar del silencio. Se acortaron las distancias con amigos y familiares que tengo desparramados por el mundo y con quienes no puedo hablar por teléfono. En el Facebook lo puedo ver todo. Los viajes, las fotos, los estados de ánimos y acompañar el día a día de mis amigos lejanos sin la necesidad de escuchar.


Cuando el médico me dijo que tenía epoc busqué un grupo de autoayuda para dejar de fumar. Me fue mal porque no podía seguir el hilo de los testimonios. No oía las voces ni discriminaba las palabras. Busqué en la internet y encontré una página sensacional: El Quitómetro. Conocí mucha gente en la misma situación que yo, todos locos de atar por la abstinencia de la nicotina. Casi dos mil integrantes escribían sus experiencias y luego interactuaban en un chat fenomenal. Hacía poco que había vuelto a vivir en Argentina. No tenía trabajo y luchaba para obtener la autorización para el implante coclear del que era candidata. Estaba sola y deprimida con el silencio como única compañía. Me la pasaba sentada frente a la computadora y escribía mis pesares en el Quitómetro, con el afán de encontrar la convicción para abandonar al tabaco – mi mejor amigo – el que siempre estaba a mi lado, mismo en ese momento de gran soledad. Tenía que dejar de fumar pero no quería. A decir verdad no sabía como vivir sin un cigarrillo en la boca.


Estuve dos años enganchada al Quitómetro, hasta el día que cerró sus puertas por distintas disputas entre los integrantes del sitio. Ya les dije, todos estaban irritados y nerviosos por la abstinencia. Tuve miedo de quedar sola, necesitaba de apoyo para dejar de fumar.


En el Quitómetro la conocí a Nieves. Ella llegó dos años después que yo pero con una convicción férrea. Ya lo había decidido, sólo necesitaba del empujón del grupo. Lo dejó y más nunca volvió a tocar un cigarro. Yo, por el contrario, era reincidente pero mismo así nos hicimos amigas. Del foro pasamos al chat y del chat al messenger. Nos escribíamos todos los días, sin excepción.


Cuando el Quitómetro cerró sus puertas virtuales Nieves abrió un nuevo foro que lo llamó: apagaelcigarro. Pasó noches enteras despierta para crearlo. Aprendió sola y hoy en día están registrados más de mil integrantes. Muchas personas dejaron de fumar con su ayuda. Nieves le da mucha alegría y belleza al foro. Todos los días sube informaciones sobre el tabaco y abre felicitaciones hermosas, con fotos y vídeos para quienes cumplen meses sin fumar. Al que cumple un año le regala un diploma de premio. La OMS considera que una persona es ex-fumante luego de pasar un año en abstinencia porque las reincidencias son enormes. Para que se den una idea, sólo el 5% de los fumadores consiguen dejarlo. Es una adicción terrible.


El mismo año que ella creó el foro de ex-fumantes yo me operé y coloqué un implante coclear. Abrí un blog y como ella aprendí sola a usarlo. A decir verdad un integrante del Quitómetro me ayudó. Él vive en Galicia y nunca nos vimos la cara aunque nos hayamos peleado bastante por chat. Necesitaba un espacio para subir fotos de mis cuadros pero fue tal la sorpresa que tuve cuando me activaron el implante coclear que este se volvió el tema principal del blog. Poco a poco empecé a oír y escuchar y por ende a dar clases de pintura.


En los seis años que conozco a Nieves muchas cosas nos han pasado, tanto a ella como a mi. Ya no podemos chatear todos los días como lo hacíamos antes pero mismo así entre nosotras se creó una amistad que nunca paró de crecer. Siempre está disponible cuando la necesito y siempre le respondo cuando me llama. Su generosidad es tan grande que se puso a escribir en mi blog a pesar de que ella no sea sorda. Se solidarizó con nuestra causa y la bautizamos de madrina. Sube vídeos con canciones hermosas – siempre con subtítulos – para animar. Felicita los logros de quienes se implantaron y apoya a los que tienen más dificultad para lograrlo.


El grupo de sordos e hipoacúsicos la adoptaron. A decir verdad ella nos adoptó. Se hizo amiga de cada uno de los integrantes del blog, en el Facebook también, y se echa unas risas con todos. Ella conoce el sufrimiento en carne propia porque padece de una enfermedad extraña – la fibromalgia – que toca el dolor. Es por eso que la admiro tanto. El dolor no le quita la alegría, el humor, la esperanza y la generosidad. Eso tiene mucho valor. Es un ejemplo de mujer.


pau y nieves


Paulita se apareció en casa el martes pasado. Al otro día se tomaría un avión para Madrid. Ya lo había hablado con Nieves en privado y esta no lo pensó dos veces. La fue a buscar al aeropuerto en tren y la llevó hasta su hotel. Pocas son las personas que hacen algo así, con una persona que no conocen personalmente. Se hicieron amigas en el instante. Nieves la llevó a conocer la ciudad y Paulita le hizo probar el mate. Sacaron fotos hermosas que subieron en el Facebook. Sus sonrisas irradiaron la internet de felicidad.


Gracias Nieves por todo lo que haces por nosotros y por haberla recibido con tanto cariño a Paulita. Eres una mujer maravillosa y yo me siento muy orgullosa de ser tu amiga, porque eso es lo que somos: AMIGAS, en las buenas y en las malas.


las motoqueras nieves y pau

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El quince de octubre del 2012 apagué mi último cigarrillo. Era un lunes a las siete de la tarde. Aplasté la colilla contra el cenicero, apagué la luz del taller y partí al grupo de chau pucho. El cáncer de vejiga fue la gota de agua que rebalsó el vaso. Era tan injusto y patético jugar asi con la salud. Hacía doce años que lo venía intentado con interminables idas y venidas. Lo probé todo. A pelo, con Odranal, libro de Allan Carr, grupos de autoayuda por la internet, tratamiento con los adventitas, Champix, Chau pucho y escribir en el blog.


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Dejar de fumar fue lo más difícil que hice en mi vida y mi vida no fue un mar de rosas. Pasé por varias pruebas y las superé a todas pero el tabaco siempre me vencía. “No nací fumando” me dije en plena crisis de abstinencia. Todavía recuerdo ese momento, en Recife, al volante, desesperada por un cigarrillo.


Frases para el Dia del No fumador 2012


El que busca encuentra y finalmente encontré. Encontré mi convicción. Ahora, la que no quiere más soy yo. Antes necesitaba la nicotina para todo, para después de comer, para tomar un café, cuando bebía una cerveza, cuando pintaba, cuando descansaba, al relajar, para estimular, porque estaba estresada, había tenido una mala noticia o al contrario, una noticia fabulosa. Para todo la necesitaba. En las fotos de mi pasado siempre estoy con un cigarrillo en la mano. El tabaco y yo eramos una sola persona.


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La pesadilla acabó, me siento libre. Si, la palabra es libertad. Soy de la generación de la libertad. Argentina vivió la peor dictadura de su historia cuando era adolescente. Mis profesores del liceo franco-argentino eran franceses e hijos del mayo 68. Los Beatles imaginaban un mundo sin fronteras. Georges Moustaki y Joan Manuel Serrat cantaban por la libertad de ideas. Me escapé de una boda, abandoné mi vida burguesa, me puse una mochila en la espalda y viajé durante cuatro años sin rumbo fijo. El mundo estaba a mis pies pero un cayo me impedía correr lejos. Era el tabaco.


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Cuando llegué a Chau pucho, en aquel 15 de octubre a las ocho de la noche, la reunión ya había terminado. Me encontré con un coordinador, exfumante en la puerta del edificio. Charlamos un rato y me pasó los nuevos horarios. Salí de ahí algo angustiada por la abstinencia que se avecinaba pero sabía desde lo más íntimo de mi ser que ya no iba a fumar más. La llamé a Lu, gran amiga y ardua luchadora contra el tabaco. Nunca me lo dejaba pasar, siempre me recriminaba cuando me veía fumar. Necesitaba de compañía en ese momento crucial. Era ahora o nunca y muchas ganas de vivir. Lu atendió. Nos fuimos juntas a comer sushi con agua mineral. Tenía que darme un gusto.


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No volví a prender un pucho desde ese entonces. No tuve sindróme de abstinencia, solo unas leves ansias por momentos. No fui a chau pucho, no participé de los grupos por la internet, no tomé remedios, ni parches, ni agua, ni me puse a comer. Estuve doce años sufriendo momentos desesperados de abstinencia cada vez que dejaba de fumar y de esta vez nada de eso sucedió. Fue mágico. Olvidé el tabaco en un instante, ya no me identifico con él.


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Estoy libre pero nunca tengo que bajar la guardia porque el tabaco no abandona la batalla. El muy cabrón espera el momento indicado para infiltrarse y recuperar su poder perdido. No hay que dramatizar pero tampoco hay que subestimarlo. Todo eso lo aprendí en las miles de recaídas que tuve.


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Se dice que de tanto intentarlo se consigue. Doy fe que es así. Hay que volverse a levantar todas las veces que sea necesario. Aprendí mucho en estos años. Aprendí a vivir sin el tabaco. Para eso lo tuve que desvincular de mis actividades, de mi vida. Hoy miro para atrás y veo a esa Olivia que no sabía vivir sin un cigarrillo en la mano. La vida sin el tabaco me parecía vacía. Ahora lo veo tan distinto, ahora soy feliz de no fumar porque no fumar engancha (gracias Nikola)


La vida es bella y sin tabaco es mucho mejor.


HOY CUMPLO UN AÑO SIN FUMAR


GRACIAS

¡Gracias a todos los que me ayudaron hacerlo posible!

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DEJAR-DE-FUMAR


Y así, sin querer queriendo ya pasó otro mes sin fumar. Entre tanto, apenas pude escribir en el blog. Me resisto en abandonar este sitio que sirvió de punto de encuentro y tiene muchas informaciones que acumulé a lo largo de estos años. Es cierto que de comentarios se alimenta el blog y que necesita de una dosis de gas para que recupere la vida que ya tuvo y no tiene más. Los días, horas, minutos y segundos se me van de las manos y yo no tengo tiempo para escribir.


Mucho de esto se lo debo al implante. Antes de operarme estaba sumergida en la internet para escapar del silencio. En vez de navegar, buceaba. Este era el único medio de comunicación que me quedaba. En ese entonces escribía en un foro de ex-fumantes – Quitómetro – porque ya sabía que tenía epoc. Se me hacía cuesta arriba dejar a mi compañero maldito porque siempre estaba a mi lado. Escribí tanto en el foro que me hice famosa. Algunos me amaban y otros me odiaban pero todos me conocían. Supe que algo malo pasaba cuando mi hija me dió un beso antes de ir a la escuela, a las diez de la mañana. Estaba sentada frente a la computadora de camisón y con una toalla en mi falda, lista para tomar una ducha. A las cuatro de la tarde ella volvió y yo seguía en la misma posición, con la toalla en la falda, lista para tomar la ducha, fuera del tiempo y el espacio.


Poco tiempo después de operarme empecé a oir y a escuchar. Eso me animó a construir un taller de pintura y dar clases. Los sonidos me empujaron hacia la superficie. Las alumnas me devolvieron las ganas de pintar. La voz de mis hijas me recordaron que estaba viva.


En el blog escribí – como si se tratase de un diario – como volví a escuchar gracias al implante coclear. Lo conté todo y ya no tengo tanto para contar.


Debo aclarar que no oigo, ni oiré como un oyente jamás. Muchas personas se confunden con mis relatos. Lo que pasa que en el mundo de los ciegos el tuerto es rey. Del silencio total a lo que puedo escuchar con el implante existe un abismo. El sonido me conecta al mundo exterior y el silencio me sumerge a mi mundo interior. Ojo, amo mi mundo interno porque me salvó de la soledad y locura. No quiero perderlo pero necesito comunicarme con la gente para ser feliz porque soy humana y los humanos somos seres sociales por naturaleza.


Volver a oir me alivió una enorme carga y todo se me hizo más fácil, mismo dejar de fumar. Lo dejé, de esta vez no lo necesito más porque ahora lo tengo al implante como compañero. Los sonidos que me regala alegran mis días.


Y así, sin querer queriendo hoy cumplo diez meses sin fumar. Me costó mucho, fueron diez años de idas y venidas, y en el camino arruiné parte de mi salud. Hay que vivir el presente y hoy les puedo decir que no fumo.


Si yo pude, todos pueden. Dejar de fumar es difícil pero es posible.


Gracias a todos los que me ayudaron a lograrlo.

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Nueve meses

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El viaje más largo empieza con un primer paso. Y así, paso a paso, hoy cumplo nueve meses sin fumar. El tiempo pasó rápido. En los otros intentos el tiempo se hizo largo porque estaba obesionada y sufría por no poder fumar. De esta vez han sido pocas las veces que recordé al tabaco. Ya lo descarté como opción.


Durante estos nueves meses pasé por momentos de tristezas y de ansiedad – propios del proceso del abandono al tabaco – pero mismo así nunca quise prenderme uno.


Me costó sudor y lágrimas cambiar el chip de mi mente pero finalmente aprendí a vivir sin fumar. La cuestión no está en dejar de fumar, eso lo hice miles de veces, a decir verdad cada vez que apagué un cigarrillo lo hice. La cuestión está en aprender a caminar sin el tabaco como muleta emocional, Es por eso que los grupos de autoayuda me ayudaron tanto, porque he sido una paralítica emocional. Desde que empecé a fumar todo lo hice con un cigarrillo en la mano. Eso me causaba una falsa seguridad de misma. Cada vez que tenía que enfrentar algo me prendía un pucho y así fue como llegué a más de cuarenta al día.


Ahora me doy cuenta de la locura que cometí conmigo misma. Fui una suicida. Tenía miedo a enfrentar las diversas situaciones y decisiones de la vida sola. A decir verdad lo hacía todo sola pero no lo sabía. El tabaco es un falso compañero tramposo y siniestro. Me siento feliz de estar fuera de sus garras.


Hace un rato atrás encontré un paquete de cigarrillos que por accidente Germán dejó en la mesita de luz. Lo agarré y lo miré. Estaba casi lleno. No sentí deseo por prender uno pero me hice la película de lo que sería si lo hiciese y fue aterrador. No quiero más volver a pasar por ese infierno. Me arruiné la salud, el bolsillo y mi libertad durante treinta y cinco años por causa del tabaco.


Lo que quiero decir con esto es que si yo pude, todos pueden. Los grupos, remedios, parches y otras yerbas son solo ayudas. Quién deja de fumar es uno mismo. La convicción es la única verdadera arma contra el tabaco y hay que salir a buscarla porque el que busca encuentra. Es como el arte. No se debe esperar a que llegue la inspiración, es mejor que te encuentre trabajando. Lo mismo me pasó con el tabaco: tuve que armar mi propia convicción porque debía dejar de fumar pero no quería. Luché día y noche durante años contra mi adicción. Recaí muchas veces pero me volví a levantar muchas otras veces más. Hubo gente que se cansó con mis recaídas y decía que no era mi momento, que lo volviese a intentar sólo cuando estuviese convencida. No los escuché por suerte. Si hubiese esperado a estar convencida por iluminación divina nunca lo hubiera conseguido.


Estoy convencida de que ahora es la mía pero también tengo conciencia de que soy una adicta a la nicotina de por vida y que siempre seré vulnerable a las recaídas. No importa, si me caigo volveré a levantarme.


Los grupos de autoayuda, remedios, recaídas, lectura e información han sido los principales ingredientes para abandonar el tabaco. Es muy importante conocer a su enemigo detalladamente para derrotarlo. Dejar de fumar fue lo que mejor me pasó en la vida.


Gracias a todos los que me ayudaron a hacerlo posible.

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