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Archive for the ‘implante coclear’ Category

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Mi día empieza cuando conecto el procesador y termina cuando lo apago. Me lo quito para bañarme y para dormir. Me apoderé de los sonidos y ahora forman parte de mi cotidiano. Sigo con limitaciones auditivas porque sólo escucho con un oído, o mejor dicho, con un nervio. Si me hablan del lado muerto no entiendo nada. Tampoco sé de donde vienen los sonidos y cuando conversan más de dos personas juntas me quedo fuera. Me cuestan las reuniones, los grupos, las obras de teatro. Tengo dificultades para discriminar las palabras en la radio y la televisión pero para quien no escucha ni su voz la felicidad que me brinda el implante coclear es enorme.


Tuve mil problemas antes de la cirugía y los dramas personales tomaron dimensiones colosales por la imposibilidad de oír. La tristeza le dio forma al silencio, invadida por la soledad. Ya no quería vivir más. Me operé porque peor no podía estar y con pocas esperanzas, para completar. El día de la activación (un mes después de la operación) lloré como una magdalena cuando escuché la voz de la fonoaudióloga. Mi nervio respondió a los impulsos. Fue el inicio de una larga aventura. Luego aprendí a decodificar los sonidos y a escuchar natural con los electrodos. Mi nueva condición de bebé biónica despertó en mi una esperanza. La fonoaudióloga me recomendó escribir en un diario mis aprendizajes. Abrí el blog.


Escribí todas las semanas durante seis años . Era tanto lo que tenía para contar. Todos los días descubría un nuevo sonido, una nueva melodía, un pajarito cantar. No tardaron en llegar personas con problemas auditivos al blog buscando ayuda, un consejo, una esperanza. Para ese entonces mi felicidad era contagiosa porque vivía en estado de gracia permanente. Había nacido de nuevo.


El ser humano es un bicho de costumbre y eso pasó, me acostumbré a escuchar y me olvidé de la sordera. La necesidad de escribir desapareció. Aún brota un pensamiento lejano en forma de recuerdo de cuando el doctor Arauz me explicó que el implante es un aparato electrónico y como todos los aparatos electrónicos un día deja de funcionar. Ponele diez años – sentenció. Hace ocho años que lo tengo y todavía funciona. Lo trato con mucho cariño, claro. Le llevo a hacer una limpieza cada seis meses, lo protejo del agua, del polvo y la gata. En diciembre pasado pareció fallar. Escuché reiteradamente unos golpes de “martillitos” que parecían venir de los electrodos como si fuese un corto circuito. Entré en pánico. Me saqué el procesador, lo metí dentro del deshumificador y sólo lo volví a prender 48 horas después. Por suerte, los golpecitos no volvieron a perturbar mi paz pero estuve durante dos días invadida por el silencio que con una cachetada me devolvió a la realidad. El implante coclear no cura la sordera. Sigo sorda y seré sorda durante toda mi vida. Mi felicidad cotidiana se vio afectada. Su fragilidad me recordó que un simple desperfecto, una gota en el lugar equivocado, la podían arruinar.


¿Por qué me olvidé de sacar el implante antes de entrar en la ducha durante dos días consecutivos? Nunca lo había hecho antes en los ocho años de mi vida biónica ¿Habrá sido el resultado de una metamorfosis mental que incorporó el aparato a mi organismo cuál mutante? Estoy en el mismo lugar en que se le empezaron a derretir las alas a Ícaro. No me tengo que olvidar para que la caída no sea violenta porque el día que el aparato se rompa se acaba la diversión. No sólo tendré que enfrentar otra operación como además también tendré que hacerle frente a una siniestra burocracia que se dedica a impedir y busca mi cansancio. Para conseguir autorizaciones voy a tener que soportar antes largos meses en silencio.


Hay mucha gente con hipoacusia o sordera que se dice feliz con su condición. A mi, en cambio me duele el silencio, afecta mi salud física y mental. Es por eso que amo el implante coclear y sólo le tengo palabras de agradecimiento. No es propaganda, es lo que siento desde el fondo de mi corazón. Mi audición artificial me permite escuchar a la gente hablar, discriminar sus palabras, reconocer sus tonos de voz. También escucho el agua de la bacha y del el arroyo correr, a los pájaros cantar, a mi gatita maullar, la lluvia golpear contra el suelo, al viento bailar, al fuego crepitar. De todo escucho y ¡también escucho la música! No me saquen la música, por favor, no me alejen de mis seres queridos.


Perdón, me olvidé que soy sorda, yo sólo quiero escuchar.

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Durante seis años escribí ininterrumpidamente en este blog, especialmente sobre el implante coclear del que me beneficié en octubre del 2008. Transmití mi experiencia con esta tecnología que me devolvió una audición artificial. Mi vida cambió por completo, mi humor, mis relaciones, mi trabajo también. Transcribí las leyes que amparan a los discapacitados con el costo de la operación, el aparato, calibraciones y accesorios en Argentina. Transmití información porque la información es poder. Y un día dejé de escribir. Ya lo había escrito todo, por lo menos eso es lo que creía yo. Conocí el facebook. Me metí en los grupos de implantados y discapacitados auditivos. Cada día aparecía un nuevo grupo, siempre con los mismos usuarios, con las mismas historias, con las mismas informaciones, por lo menos así lo creía yo, y me cansé. Finalmente me alejé de los grupos y navegué por la internet, al principio de un modo ameno. Me reencontré con mis amigos de la infancia, con amigos de varios lugares del mundo que hacía más de treinta años que no veía, con los ex compañeros del colegio, con mi familia que vive en Francia, con mis amigos de Recife, donde viví veinte años. Alivió mis saudades, me alegré al saber de la vida de gente que quiero y tengo lindos recuerdos. Promocioné mi taller de pintura, que abrí gracias a la ayuda del implante coclear porque me permitió escuchar la voz de mis alumnos. Publiqué fotos de mis cuadros, vendí algunos de ellos, me encargaron otros. Mucho conseguí en el facebook pero llegó un momento que dejé de controlarlo, me comió el tiempo y la vida, se volvió una adicción. Ahora tengo celular, tablet y computadora conectados al facebook. A cada rato lo abro para ver lo que ya no sé qué, lo abro porque creo que me conecta pero finalmente me pierde, me desconecta de mi alrededor.


Cuando una persona es adicta las sustancias cambian pero la conducta permanece. He sido fumadora de dos paquetes diarios durante 35 años. Me costó una década dejarlo y me dejó un epoc de saldo con el que tengo que convivir de por vida. Pero no todo está perdido. Uno puede aprender a conocerse, a controlar sus adicciones, a crecer. Y ahora me toca desprenderme un poco del facebook, volver a la escritura, seguir con la pintura, brindar mis conocimientos y talentos porque el arte salva y yo soy una sobreviviente.


Y así empezamos una nueva etapa, siempre aprendiendo de nuestras falencias.


Bienvenidos amigos


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Donde existe una necesidad nace un derecho y ese derecho es el que tenemos que reivindicar nosotros, los que escuchamos poco, poquito o nada, porque tenemos dificultad de seguir los programas de la televisión y las películas nacionales cuando no tienen subtítulos.


Algunos programas de la televisión tienen subtítulos, pero cada vez son más las películas dobladas, sobre todo los fines de semana. En la televisión a cable se paga un adicional para tener acceso a todos los programas con subtítulos, y claro, las personas con discapacidad auditiva también tienen dificultad en conseguir un empleo, y por ende les falta dinero para pagar ese adicional.


En la televisión abierta existen los subtítulos ocultos, o closed caption (CC), sobre todo en los noticieros y novelas. Ese sistema deja mucho que desear y debe mejorar. A veces parece que el interprete se quedó dormido porque deja de escribir durante varios minutos para luego mandar una catarata de palabras con faltas de ortografía, omitiendo algunas o cambiándoles el sentido y dejando al telespectador con la frustrante sensación de no haber entendido nada por haber recibido el subtitulado fuera de tiempo y de forma errada. Los defensores del CC alegan que la traducción está hecha en tiempo real. Pero eso no me convence porque los traductores simultáneos hacen su trabajo bien y está hecho en tiempo real. Imaginen un traductor simultáneo cambiando el sentido de la oración en la ONU. Les pagan bien, muy bien, pero eso demuestra que se puede hacer. No sé como funciona con los interpretes de CC. Es posible que les paguen poco. Además ese sistema, que está en manos privadas, no tiene competencia en el país. ¿Qué pensarán los interpretes cuando escriben cualquier cosa? ¿Será que les da impunidad traducir a una pequeña comunidad que no se puede defender? ¿Se dirán? : “Total, no escuchan así que no saben lo que hemos traducido mal”. Pero a veces no traducen, simplemente escriben letras al azar que no llegan a formar una palabra. Por eso no me conformo con eso que dicen algunos de mis colegas de que es mejor eso que nada. Tenemos necesidad y derecho a un CC de calidad.



La sociedad todavía no está preparada para la inclusión plena. Ciertos programas en la televisión abierta llevan la pequeña ventana con una interprete de señas para los sordos  porque no saben que no todos los sordos son gestuales, ni entienden ese idioma. Yo soy una de ellas y necesito de los subtítulos para seguir un programa o película en la televisión.


Como muchos saben soy sorda profunda y usuaria de un implante coclear. Mucha gente cree que por tener un implante uno se transforma en un oyente, pero no es así. Escucho con 24 electrodos y tuve que hacer una reeducación para decodificar los sonidos. Escucho con un sólo oído que no es lo mismo que con dos. Intenten tapar un ojo, es lo mismo con la audición. Escucho la televisión pero no entiendo lo que dicen, por causa del audio. A veces entiendo mejor que otras pero nunca entiendo bien (aclaro, discrimino las voces pero me cuesta cuando es una radio, televisión, videos y cine).


Hace unos meses atrás nuestra colega Rosario se presentó en nombre de la fundación San Francisco de Asis en la Defensoría del Público junto a otras asociaciones, ONG y agrupaciones para hacer el reclamo, lanzar una campaña para difundir la necesidad de subtitulado en todos los canales, dar a conocer la existencia del CC y pedir que estos últimos mejoren.


Junto con Rosario, Diana, Ceci y Doris abrimos una página en el facebook para difundir y darle continuidad a la campaña por los subtítulos. Los oyentes también están invitados, a los que les interesa escuchar la voz de los actores porque forma parte de la actuación, o porque se solidarizan con nuestra necesidad. Estamos recopilando y publicando frases en forma de carteles. Frases que escriben porque queremos subtítulos. Frases mias, frases tuyas, frases nuestras, para que entre todos logremos que la sociedad y los profesionales de la industria audiovisual escuchen cuál es nuestra necesidad.


Los invito a entrar a Juntos por los subtítulos y se sumen a la campaña con un me gusta. Si quieren compartir sus inquietudes, nos pueden mandar una frase y con gusto la adaptaremos en forma de cartel.


Hagamos ruído, luchemos por la inclusión.


completa la frase web

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Olivia Castro Cranwell

Lo deben hacer a propósito, para que una pierda el control y así dominar la situación – se dijo. Estaba nerviosa, hacía media hora que esperaba en un despacho para ser entrevistada. Quería el trabajo a toda costa. No fue porque le gustase ser recepcionista, pero sí por su necesidad de ganar plata, para que su madre dejase de tratarla como una incapaz. Ella podía trabajar a pesar de su limitación y así quiso demostrárselo. Ya sé que recepcionista no es lo mejor para mi, pero bueno, es lo que ofrecen- pensó.


Se arregló la pollera en forma de tubo mil veces. Dejó entrever parte de sus piernas para atraer la mirada, pero no demasiado para no parecer puta. Se arregló el pelo, no soportaba que el rulo de su flequillo tomase la curva al revés. Se lo había alisado para la ocasión, pero el rulo volvió a surgir, triunfante, con las tres gotas de transpiración que cayeron por su frente. Además, temió que la transpiración hiciese una pasta con el maquillaje que expandió por su rostro para parecer bronceada y esconder su blancura de verano haciendo la plancha en su bañadera llena de agua fría. Uno es pobre pero tiene dignidad – se dijo, orgullosa.


Escuchó su corazón latir como un despertador a cuerda cuando se abrió la puerta. En la sala entró un hombre de estatura mediana, ojos azules, canoso, delgado, un hombre bastante atractivo si no fuese por un enorme bigote que le tapaba el labio superior ¿Cómo es posible que tenga tanta mala suerte?- pensó decepcionada. El hombre se dirigió hacia ella, le apretó la mano con fuerza y dijo


– Buenos días, mi nombre es Norberto -. Se sentó del otro lado del escritorio, frente a ella- ¿Y usted cómo se llama?- le preguntó.

– Camila, señor.

– Me puede llamar Norberto.

– Gracias… señor.


Norberto le pidió el currículum con una sonrisa amigable. Ni la sonrisa me ayuda –suspiró Camila. Le miró la boca con insistencia, esperando comprender.


– El currículum, por favor- insistió mientras extendía la mano hacia ella.

– ¡Ah, claro!, ¡el currículum!


Cuando abrió el bolso para buscar la carpeta se le cayó el lápiz labial al piso. Se agachó para recogerlo y el bolso se le dio vuelta dejando caer todo lo que llevaba dentro. Nuevas gotas de sudor destiñeron el rimel que chorreó por sus ojos. Se los quiso frotar pero supo que sería peor. Su corazón parecía una locomotora. No consiguió disimular tanta torpeza. Se arrodilló para recogerlo todo y su pollera se levantó dejando entrever sus muslos. Tiene buenas piernas- pensó Norberto, divertido con la situación. Contuvo la risa y recogió una moneda que aterrizó al lado de su zapato. Se la entregó con un gesto compasivo.


– Disculpe, gracias, disculpe– repitió Camila, con la mirada baja.


Finalmente juntó todo, sacó el papel de la carpeta, cerró la bolsa, se volvió a sentar y acomodó el mechón rebelde, furiosa. Le entregó el currículum con una mueca en forma de sonrisa. Con un guiño, Norberto tomó el papel, le agradeció y preguntó cuántos idiomas sabía hablar. Camila, mientras tanto, le estudiaba el bigote como hipnotizada. Parecía una obsesión. Norberto se sintió incómodo pero también halagado con la actitud de esa chica torpe y hermosa; hay que reconocerlo– pensó. La miró, inclinó su cabeza como lo haría un cachorro al escuchar un silbido y con una sonrisa esperó su respuesta. En vez de eso Camila le pidió si podía repetirle la pregunta mirándolo fijamente a los ojos y luego al bigote, como si estudiase un mapa indescifrable que le revelaría dónde se encontraba el tesoro.


– Es un poco tonta esta chica, aunque bella; hay que reconocerlo ¡Y cómo me mira! ¿Tendré monos en la cara?, digo. Me parece que lo que ella quiere es algo más que un trabajo- sostuvo. la miró con curiosidad , tosió y le repitió pausadamente.

– Idiomas, ¿Cuántos idiomas habla?

Camila, sin perder de vista el bigote de su interlocutor, respondió

– Dos, señor: español y portugués.

– Llámeme Norberto- insistió y continuó -. Qué pena que no hable en inglés, es un idioma imprescindible en el ámbito hotelero -. Cómo me mira esta mina- no pudo dejar de pensar.

Camila leyó los pensamientos de Norberto e intuyó sus palabras perversas sin despegar su atención del bigote y los labios que se escondían detrás de él, bailando con los sonidos graves que Norberto emitía por su boca.


– Una pena – volvió a repetir.

– Una pena ¿qué?- le preguntó ella.

– Una pena que -… ¿Será o se hace? No me escucha pero tampoco deja de besarme la boca con los ojos, eso sí.


Se miraron por un rato que les pareció una eternidad.


– Que no hable inglés, ¡es una pena!


Camila se sobresaltó con el grito de Norberto.


– Algo de inglés hablo, me las arreglo, pero no lo domino como el español y el portugués. Me presenté a la entrevista porque hoy en día hay muchos turistas brasileños en la ciudad, ¿no es así?-. No es tan tonta, me respondió con determinación. No entiendo. Si no es tonta, ¿qué es? ¿loca? Sí, es loca, pero linda, hay que reconocerlo. Continuó con la entrevista:


-Es cierto, tenemos muchos brasileños últimamente pero necesitamos personal que domine el inglés porque es un idioma universal. Tampoco hay que olvidar que tenemos turistas de todas partes de Europa y casi todos ellos hablan en inglés. Y los americanos, obviamente, que no son tantos, pero siempre los hay-…Camila se enroscó con los movimientos misteriosos del bigote de su interlocutor, tan grueso, tan largo, un estorbo a su parecer. Perdió la noción del tiempo y del espacio-.Pensamos ampliar nuestro mercado en Oriente. Cada día llegan más chinos a nuestra ciudad, que se comunican con nosotros en inglés, obviamente -… La entrevista se estancó en un lejano plano, inaccesible a ella. Necesitaba atravesar esos bigotes y llegar a los labios de su entrevistador para que le otorgasen esa tranquilidad que solo ellos le podrían dar en un momento tan íntimo y aterrador como ese.


– No sé señor, no sé si esto vale la pena- balbució sin desviar su vista de la boca de Norberto.


Él no quiso dejarla ir. Esa chica era algo tonta, muy loca, pero preciosa y estaba muerta por él. Nunca una mujer llegó a desearlo de ese modo en una estúpida entrevista. Sus bocas se encontraron a pocos centímetros de distancia la una de la otra. Ella se le había acercado poco a poco con cada palabra que él le había pronunciado. Norberto se enamoró de esos ojos color miel que lo miraban con desesperación implorando por su amor. Cerró los ojos y la rozó con los labios. Camila despertó de su confusión con la lengua de su entrevistador dentro de su boca y se echó para atrás violentamente. Se incorporó en el asiento y lo miró con exagerado asombro. No pudo contener las lágrimas de la indignación y preguntó


-¿Qué hace, se volvió loco?

– ¿Vos creés que me podés engañar, pendeja? ¡No dejaste de desearme en toda la entrevista!

– Señor…

– No me digas señor, ¡decime Norberto!- le gritó furioso.

– ¡Señor Norberto!- exclamó triunfante-. Norberto es su nombre, claro, ya me lo había dicho antes, claro-. Señor, Norberto, ¿de donde sacó esa descabellada idea?

-¿De donde? De tu mirada, nadie te mira así porqué si. Moriste por mí, no sé porqué pero eso fue lo que sucedió y ahora te venís con una de santita.


Camila se arregló el flequillo, se levantó, bajó su pollera tubo hasta las rodillas, acomodó su bolso en el hombro, se dirigió hasta la puerta y le dijo


– No, señor Norberto, y no me tutee, por favor. Lo único que le miré es su horrible bigote, por no poder mirarle la boca, más precisamente el movimiento de sus labios, porque yo escucho y miro con los ojos, cosa que usted no pudo darse cuenta, ¡idiota!-. Salió dando un portazo.


Del otro lado de la puerta Norberto se dijo, ¡Menos mal! Me saqué una loca de encima; hermosa, hay que reconocerlo.

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mi sordera


La sordera es una discapacidad invisible, tan invisible que solo se dieron cuenta que no escuchaba del oído izquierdo a mis 14 años cuando en realidad ya no escuchaba más desde los seis.


-¡ Prestá atención! – gritaba mi madre -. A ver, repetí, ¿Qué te dije?



Mi palabra preferida era ¿Qué? Mi comodín.


En el colegio era tímida y me sentaba en el último asiento, en la esquina opuesta a la que estaban los profesores, para que no me llamasen al pizarrón. En clase me la pasaba dibujando, los profesores se enojaban porque no les prestaba atención. Me arrancaban la hoja y me obligaban a mirarlos. Yo me perdía entre los movimientos de sus misteriosos labios porque que no los sabía leer, ni sabía que era hipoacúsica, solo sabía que era una chica distraída que vivía en otro mundo y le importaba un bledo lo que pasaba a su alrededor.


– ¡Lo hiciste a propósito! – reclamaba Inés luego de una prueba, porque no le había soplado las preguntas.

– No te escuché, le respondía, pero ella no me creía y se enojaba conmigo.

Yo pensaba que no le había escuchado porque había hablado en voz baja.



Era ignorante, me parecía normal no oír el insoportable tic, tac del despertador al girar la cabeza en la cama. Se lo atribuía a la posición. Lo mismo me pasaba en el cine cuando me hablaba una amiga del oído sordo. Me daba vuelta y la escuchaba. Se lo atribuía a la acústica.


En el recreo siempre leía un libro. Mi mente viajaba con las palabras, frases, párrafos y capítulos, a lugares remotos y hermosos, a veces tenebrosos y otros dolorosos. En esos lugares donde nadie me criticaba por no prestar atención, ser egoísta, vivir en la luna; por ser una adolescente que solo sabe mirar su propio ombligo y nada más.


Y luego vino la juventud. Me sentía insegura porque no aceptaba mi discapacidad, que descubrí a los 14 años gracias a la lucidez de la profesora de ciencias. La otoesclerosis avanzaba y cada día escuchaba peor. No me gustaba ir a las fiestas porque la música me aturdía y la oscuridad me alejaba de las personas. Me sentía invisible y extranjera. Sólo Sartre y Camus entendían la soledad y el absurdo de la existencia. Esos comportamientos pasaron inadvertidos por mis padres, porque era adolescente y todos los adolescentes son unos inadaptados.


La gente nunca me registró como una persona sorda (la palabra hipoacúsica la conocí mucho después) . Me veían rara, antipática, extravagante, tímida, soberbia – de todo – menos sorda.


Un poco por la dictadura y otro poco por la difícil relación que tenía con mi padre, a los 22 años me fui de Argentina, con una mochila en la espalda. Pasaron muchos años para darme cuenta que también quería escapar de la sordera y pasaron otros tantos años más para aceptar esa realidad.


Blanqueé la situación. Compré un audífono. Empecé a presentarme con un: Hola, hablame despacio porque soy sorda. Me adapté.


Tuve una vida normal a pesar de las dificultades que se me presentaban diariamente por el hecho de no escuchar. Se aprovechaban de mi discapacidad en el trabajo y en las relaciones. Hasta mi hija se aprovechaba para hacer pavadas sin que la molestase. Mis parejas igual.


Tuve mucha dificultad en crear una pareja. Al principio todo era maravilloso, nos comunicábamos bien porque en esos momentos de magia no necesitábamos hablar. Cuando el idilio terminaba, los problemas de comunicación empezaban y la sordera era un factor esencial para que eso sucediese.


Siempre viví siempre entre oyentes (no conocía sordos). Fui feliz y todavía lo soy. Tengo proyectos, amigos, familia, hijos, nietas y la pintura. Además tengo un implante coclear que me permite escuchar un universo de sonidos, que sin él, dejan de existir. No me puedo quejar, pero a veces, cuando tengo problemas de comunicación, que me causan gran frustración, me pregunto: ¿Por qué no? ¿Por qué no me puedo quejar cuando me dejan sola por la falta de audición?


Tengo que hacer un esfuerzo para estar comunicada y las personas que conviven conmigo también lo tienen que hacer. A decir verdad tengo que hacer un esfuerzo para estar comunicada con cualquiera, pero cuando el vínculo es más estrecho, el esfuerzo es mayor porque también lo es el amor.


¿Cómo puedo explicar lo que oigo y escucho? ¿la diferencia de los dos? ¿la confusión entre los dos? ¿la distorsión? ¿la interpretación? No lo sé, lo intenté por todos los medios, no se puede, no se explica, se siente, y nada más. Lo mismo le pasa a un oyente cuando quiere explicar la música a quién no la conoce. No puede.


Mi hija es la que mejor me entiende, porque es la persona que mejor me conoce. Tuvo que sobrevivir con una mamá hipoacúsica, ser sus oídos también.


– No me estás escuchando, mamá – me dice cuando me distraigo. Los gestos de mi cara cambian, es algo sutil, que pocos pueden leer. Es la cara hago que te entiendo.


Dejo de escuchar por muchos motivos, y uno de ellos es el cansancio. En esos momentos vienen los problemas del tipo:


– No te interesa mi vida, no me prestás atención.

– Me interesa, pero no te escuché.

– Me estabas mirando cuando te hablé.

– Pero no escuché, soy sorda.

– Pero no parecés sorda, yo me olvido que lo sos.


Ya no sé si tomarme eso como un cumplido o como un problema. La gente no me comprende porque no me acepta como sorda. Y lo soy, escucho con un solo oído y con un aparato electrónico.


Parezco oyente por tres motivos. El primero porque la sordera es invisible, el segundo porque hablo como una oyente.


– Es un milagro, me dijo un médico

– Es un caso excepcional, me dijo el otro.


Por último tengo un cerebro de oyente. Me crié entre ellos, fui a un colegio común, sin fonoaudiólogas, ni lectura labial.



A decir verdad me crié con un hipoacúsico también – mi padre – pero se comportaba como un oyente insoportable, que tomaba alcohol y gritaba como un energúmeno. Sobrevivía con un audífono en un mundo hostil, sin fonoaudiólogas, ni lectura labial. Era el guerrero incomprendido, fuerte por fuera y frágil por dentro. Abandonado a su silencio.


A pesar de todo eso él me enseñó a enfrentar mi discapacidad con dignidad, a vivir con actitud.


Por eso vuelvo a repetir:

Soy sorda pero nadie me escucha

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Desde que me implanté no tengo que hacer tanto esfuerzo para escuchar. Me siento más relajada. Me siento feliz. Lo que para un oyente es natural, no lo es para un sordo, que debe hacer cirugías, colocar aparatos, reeducación, calibraciones, etc, para salir del silencio. Porque hay silencios y silencios. El silencio en la montaña, por ejemplo, es tan puro que se transforma en un sonido, pero el silencio por la falta de audición, no es un silencio de paz, es un silencio áspero, agresivo y cortante. Es el silencio que aísla, entristece y enloquece. Es el silencio de la soledad.



De todos modos oigo y escucho con un solo oído y eso causa innumerables limitaciones. Pero salí del silencio (mientras funcione bien el aparato y no me falten baterías o pilas), y me siento feliz por ello. El médico no está satisfecho y quiere que haga un implante en el otro oído. “Es como que te coloquen una sola pierna, cuando te faltan las dos”


Le pedí tiempo para meditarlo, él me respondió que no lo tenía porque mi enfermedad es progresiva y puede dañar la cóclea e impedir la realización de un implante exitoso. No pude seguir adelante con el tema, me costó mucho decidirme por la operación. Tuve miedo, la pasé muy mal.


Paulita me sacó del letargo. Hace cinco meses que se implantó del otro oído. Acompañé por whatssap su recuperación, que no fue fácil. Hoy en día está feliz con los dos implantes, y no podría más vivir con uno solo, como tengo yo y casi todos los compañeros que conozco. Y no es la única. Las pocas personas bi implantadas que conozco dicen lo mismo. Paulita lo explica mejor. Aquí transcribo sus propias palabras:


Bi implante de Paulita


Ayer se cumplieron cinco meses desde mi cirugía del segundo implante coclear.

Olivia, me ha preguntado el porqué no comentaba más sobre ello.


Sinceramente, estoy con muchas tareas diarias, que junto con mi trabajo, finalizo el día, totalmente agotada. Hay días que debo hacer doble esfuerzo para poder hacer actividad física, que realmente me hace muy bien a pesar del cansancio laboral y cotidiano…

Solo se me ocurre contar que todavía estoy sorprendida el que una pequeña tecnología de alto valor, haya logrado suplir mi deficiencia auditiva, causando grandes cambios en mi vida.
Mi primer implante, dio un giro de 180 grados… Pero mi segundo implante, un giro de 360 grados! Es sorprendente!
Es todo lo contrario el escuchar con uno que con dos implantes cocleares!
Para los que no saben de cuáles soy usuaria: Freedom y Nucleus.
Debo esperar unos meses para cambiar el modelo viejo por el nuevo.


Ya casi no hago esfuerzo para escuchar y/o entender, es decir, estoy mas relajada para oír…
Dichas situaciones, ha causado en mí, una revolución de sensaciones, buenas y malas… pero saben que? Pasar por estos cambios externos y internos, me ha ayudado a descubrir que soy más fuerte, más corajuda y con más fuerzas de voluntad… Que francamente, no sé de dónde saco las increíbles fuerzas de seguir adelante, con el gran cansancio que siento en el alma…


En muchas ocasiones me he dicho …” Joder, debería parar un poco, y estar tirada en la cama, o en el césped mirando el cielo, o sentada sin hacer nada, para descansar internamente; pero no, sigo caminando a pesar del gran peso que siento en el alma”…

Me gusta mucho escuchar y oír con los implantes. Ya no puedo quedarme con uno solo… Se siente fuerte la necesidad de tenerlos a ambos…


Puedo escuchar cuando me hablan de espaldas, casi puedo acertar casi todas las palabras; asi como cuando voy conduciendo… Si algo no entendí, pido que lo repita una vez más, y ya esta.
La música la oigo, la siento… Algunas canciones y músicas, las disfruto pero no siempre… Aunque en estos momentos, no me interesa tanto aprenderla… Quizás porque me gusta mucho estar así como estoy, en paz conmigo misma, oyendo el silencio cuando estoy sola, o acompañada en silencio, asi como los ruidos cotidianos, a los cuales ya me acostumbré… De lo único que me quejo son de las voces chillonas, gritonas, y fuertes… Por ahora, es lo que me he es molesto oír…


Antes, me disgustaba estar en el mundo del silencio, pero… Ahora, Disfruto mucho más del silencio… Como cambia todo!…
Asi como por ejemplo, antes me daba mucha vergüenza andar con los dos audífonos, y más todavía cuando me preguntaban el porqué… Ahora, sin tener vergüenza, tengo el cabello atado, y los implantes son mas visibles… Todavía hay personas que me miran sorprendidos qué es lo que tengo, y no me importa nada… Al que no le guste, que no me mire! Ja! Cuando paso por una situación que me afecta de alguna manera, simplemente quedo en silencio… Decía Buda: …”… la mejor respuesta es el silencio, y es el inicio de la sabiduría…”… Será que estoy más sabia? Jajajaja
La vida es corta, nunca se sabe que pasará mañana… por eso intento estar bien, y sonreír, a pesar de todo… Decía Chaplin: …”… Un día sin haber sonreído, es un día perdido…”…


En fin, lo que mencioné anteriormente, con los dos implantes cocleares Freedom y Nucleus, estoy pasando por una revolución de sentimientos, cambios… Que me hacen “hipersensible”… Y realmente me está gustando pasar por esas experiencias, ya sean buenas o malas, porque de alguna manera, siento que casi tengo las herramientas para afrontarlos y saber qué debo aprender de ello… Lo que me ayuda a seguir conociéndome más de mí misma… Así, cada día descubro que soy más fuerte que ayer…


Asi como también, se va descubriendo quién es uno mismo, tal como las personas que rodean mi mundo… Se va sabiendo quién es quién, aunque hayan decepciones, es decir, descubrir que hay más personas interesadas que interesantes…
Siempre agradeceré a mi familia por haberme “hinchado” tanto por mejorar cada dia mejor, siendo niña… Hoy me doy cuenta de que realmente valió la pena… Muchas veces me hubiese gustado que mi Padre, viese en lo que soy hoy en dia… Porque siempre recuerdo los viajes junto mi Madre, a Buenos Aires, en busca de alguna solución y mejores especialistas del país. Y hoy en dia, mi madre junto a mis hermanos, me han brindado todo un amor incondicional, y apoyo total.


También agradeceré siempre a toda persona que ha estado conmigo en línea, a distancia, cerca mío y personalmente… Gracias por todo su cariño, apoyo, acompañamiento y amistad!


Y si, creo que estoy mas directa que antes…

Si, me siento mas fuerte y corajuda con mas fuerzas de voluntad…

Si, me siento cada dia un poco mas feliz y mas en paz conmigo misma…


Y No, no me arrepiento de nada de nada de nada, de ninguna decisión, ni tampoco de mis actitudes en ciertas situaciones, que creo que últimamente, los afronto mejor…
Antes de finalizar con esto, debo decir que el tener los dos implantes cocleares, me ha abierto la mente más que nunca. Creo que depende de cada uno, el querer dejar sorprenderse por los cambios; aprender y descubrir lo nuevo y lo bello, que la vida misma tiene…


Por eso, Seguiré disfrutando aprendiendo a ver la belleza en pequeñas cosas! Todavía me queda todo un camino que recorrer!

Gracias a la vida por estas oportunidades únicas y por todas las personas maravillosas que están en mi vida, asi como las que se fueron, de los cuales siempre aprendi algo nuevo!


He dicho, a seguir viviendo la vida bella!



Pd: Adjunto mi foto de mis implantes cocleares, los cuales le han dado a mi vida, otros colores con sus otros matices, que desconocía.


Paula Cano


05/02/2015 20:38

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Escribí durante seis años ininterrumpidos en el blog. Todos los meses subí una entrada, religiosamente. Al principio escribí varias entradas en un mismo mes, llenas de esperanza y alegría. El 11 de septiembre del 2008 abrí el blog y el nueve de octubre del mismo año, realicé un implante coclear en el oído izquierdo. Fue uno de los momentos más importantes de mi vida porque con esa operación salí del silencio desolador que secaba mis deseos de vivir.


La soledad fue mi mayor compañera durante años. Ella muda y yo sorda, fuimos una pareja perfecta. La odié y la amé, pero por sobre todo la necesité porque sin ella estaba más sola aún. El implante la desplazó con un zarpazo y me devolvió la comunicación. A pesar de todo, siempre estuve comunicada, no sé cómo, pero me las arreglé para tener una vida independiente en el mundo de los oyentes, sin yo serlo. Aprendí a hablar cuatro idiomas sin escuchar. La necesidad tiene cara de hereje, ¿no?


Algunos dicen que no existe el destino y todo es libre albedrío. Otros dicen lo opuesto. Lo que yo no entiendo es porque se necesita negar uno para hacer valer el otro. Nací sorda, eso no lo elegí yo ¿Es destino? Crecí en un medio social, económico y cultural que me permitió desarrollar el habla y aprender cuatro idiomas ¿Es destino? El resto lo hice yo ¿Es libre albedrío? La vida es un coctel incomprensible de oportunidades y tragedias, donde navegamos a la espera de la muerte, en esa ruleta rusa en la cual giran nuestras existencias.


La soledad, vacía de sonidos, me aisló de la gente. El arte fue su antídoto ¿Qué hubiera hecho de mi ansiedad sin un pincel en la mano? El mundo externo me cerró las puertas y yo me sumergí en el universo vasto e infinito, lleno de sentimiento, de tristeza y felicidad, en mi interior.


Llegó el día en que el silencio se hizo insoportable, ni mi voz pude escuchar más. Lloré en la calle, en el colectivo, en el taller, en casa, en cualquier lugar. Las lágrimas brotaron solas, sin poderlas controlar.


– Un implante coclear -, leí en los labios del otorrinolaringólogo que una compañera de pintura me recomendó. Lo miré con desesperación y sin escuchar mi voz le dije:

– Quiero escuchar con un audífono, por favor.

– Sos totalmente sorda, el audífono no te sirve más.

– Me sirve, con algunas palabras me las arreglo.

– Tenés falsas expectativas, el audífono no te sirve más, solo el implante coclear te puede sacar del silencio.


El destino fue implacable. Tuve que usar mi libre albedrío y decidir que hacer con esa realidad que me tocó y de la cual no pude escapar.
Seguí llorando en la calle, en el colectivo, en el taller, en casa, en cualquier lugar. El silencio me atrapó y me deprimí.


– Es normal lo que te pasa – el médico respondió cuando le dije, en lágrimas:

– Me estoy volviendo loca, doctor, solo escucho mis pensamientos.



Me decidí, con el alma arrugada por el miedo.


Miedo, eso fue lo que sentí en los momentos previos a la operación. Miedo al fracaso, a quedar con la cara desfigurada, a tener un aparato implantado en mi oído interno.


– ¿Qué voy a escuchar, doctor? -. le pregunté angustiada.

– No lo sé, lo único que te puedo decir es que lo necesitás.


Me tuve que jugar, esa fue mi única oportunidad.
El día de la activación de los electrodos del implante fue inolvidable. No pude contener la emoción y lloré cuando escuché la voz de la fonoaudióloga – distorsionada y metálica – por primera vez. Luego discriminé sus palabras cuando dijo: ¿Me escuchás? Fue el contacto con la tierra luego de varios años volando por el espacio, como una astronauta.


Después de la activación empezó una nueva etapa, la de aprender a escuchar con los electrodos, a decodificar los sonidos, darles forma y luego comprensión. El agua de la canilla en la bacha de la cocina sonaba como una catarata dentro de una lata, caótica, irritante e incompresible. El sonido de los zapatos al subir los escalones, se asemejaba a una campanada y no a un golpe, como lo es en realidad. Tuve que aprender a reconocer miles de ruídos, las voces y por último la música. La música es un tema a parte y todavía tengo mucho para aprender. Por ahora disfruto las canciones que conocí en el pasado porque mi memoria auditiva completa lo que los electrodos todavía no procesan.


Con los meses descubrí nuevos sonidos, y comprendí mejor la palabra. Las voces se hicieron más naturales, todo se hizo más natural y con el pasar del tiempo mi cerebro aprendió a escuchar de nuevo. La vida dejó de ser en blanco y negro y se convirtió en multicolor.


Lo escribí en el blog, lo escribí por todos lados. Me sentí feliz y quise que todos fuesen felices como yo. Mi felicidad confundió a ciertas personas que pensaron que me había transformado en oyente. Sigo sorda, el implante coclear no cura la sordera. Es más, si un oyente escuchase lo que yo escucho con los electrodos, se sentiría decepcionado y limitado, con tantas palabras sin discriminar y tantos sonidos sin registrar. Para empezar oigo y escucho con un solo oído y eso me limita en los lugares ruidosos, en reuniones, en una mesa con varias personas a su alrededor. Falta el estéreo. Luego, los sonidos de los electrodos son distintos a los del oído natural, no pasan por el oído externo, medio e interno pero van directamente al oído interno. Toman un camino distinto, con resultados parecidos, pero alterados. Con el implante coclear oigo y escucho, eso es lo importante. Escucho mi voz, la voz de la gente, los ladridos, maullidos, agua, viento, gritos, melodías, coches, trenes, el gas en la hornalla, los pájaros, las bocinas, el lloro de un bebé, la lluvia, etc y etc, que me conectan y hacen la vida más fácil, en todos los aspectos.
En estos seis años aprendí a reconocer miles de sonidos y todavía me quedan otros para aprender. Al principio descubrí todos los días uno nuevo. Fui un bebé sonoro, curiosa y asombrada por todo lo que oía. Con el tiempo crecí y dejé de sentir curiosidad por lo que me rodeaba. Maduré y me acomodé con las conquistas auditivas y eso repercutió en el blog. Poco a poco dejé de escribir. Ya no supe que contar sin repetirme. A decir verdad, tengo muchas cosas para contar, no siempre vinculadas al implante coclear, pero me acobardé, perdí la espontaneidad al darme cuenta lo difícil que es dominar el arte de escribir.


Aquí estoy nuevamente, a pedido de Color Esperanza por una nueva entrada. Ella me recordó los buenos momentos que pasamos en el blog, de la gente que conocí con el mismo problema que yo, de los profesionales que leyeron las entradas y los comentarios para entender mejor a sus pacientes, de los amigos oyentes que nos acompañaron, de los testimonios, las risas, los lamentos y los intercambios de información. Hay mucho material archivado en el blog y todos los días entra gente en busca de información. Las estadísticas los delatan. Por eso y por mucho más, vale la pena hacer el esfuerzo y escribir, menos seguido, con menos comentarios, pero escribir igual, para que el blog siga vivo.


Murió el blog, ¡Viva el blog!

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