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Archive for the ‘pigmentos’ Category

Mañana me voy de vacaciones por quince días, en un lugar que no hay internet. Me voy a dedicar a escuchar la naturaleza y eso me encanta. La última vez que fui para allá fue hace dos años. Estaba estrenando el implante, lo tenía hacía cuatro meses nomás y sentí un placer enorme al escuchar los pájaritos después de tantos años. En la pampa hay muchos pájaros y los atardeceres son un espectáculo.


Estoy contenta de salir un poco de esta selva de piedra. A veces me parece que todos están locos en Buenos Aires. Voy a poder bajar el ritmo y eso me encanta. En la naturaleza encuentro mi centro y me conecto con Dios o como lo quieran llamar. A la vuelta terminaré con los últimos detalles para irme a Nueva York y hacer mi primera exposición en esa ciudad. ¡Estoy feliz con el viaje!


En esta entrada subo el último mandala que pinté, espero que lo disfruten. Es el mandala árabe, el septimo de la colección.




Dejo el blog en manos de las locas divinas y de Rodolfo también (a ver si se nos pone celoso :)). Juan Carlos está de vacaciones y espero que nos de noticias a la vuelta.


Portense bien, jajajajajajaaaaaaa.


L@s quieroooooOOOOOOoooOOOOoooooOOOOOoooo

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Mandala africano




Aquí les presento el nuevo mandala africano. Poco a poco vamos completando una serie que pretende mostrar en la diversidad la unión. Los símbolos cambian pero la esencia perdura. Esto me recuerda a lo que dijo Gandhi sobre las religiones, que comparó con un árbol , donde Dios sería el tronco y las distintas religiones las ramas que inevitablemente desembocan en el mismo lugar. Con esto mostró que todas las religiones llevan a Dios, sin distinción. Nadie tiene la exclusividad de Dios ni es dueño de LA VERDAD.

En este mandala Dios es un niño travieso, negro y humano: es africano. Él representa el símbolo divino. Las formas, que vienen a ser las manifestaciones de la vida, son los buzios, mostasillas y figuras geométricas que lo rodean. El color del fondo es marrón – como la tierra – que contrasta con los colores intensos de los primeros planos. Este mandala es fuerte y alegre. Es nuestra madre Africa, de donde surgió nuestra humanidad.

El mandala tiene arena, yeso, pigmentos, acrílico y collage. Es palpable, es sensual.

Hace rato que tengo guardado un secreto: en marzo haré una exposición en Nueva York y los mandalas viajarán conmigo. ¡Estoy ansiosa!

Espero que lo disfruten.

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Es la primera vez que tardo tanto para escribir una entrada en el blog. Me quedé con la mente en blanco, al igual que el mandala esquimal que pinté. Estoy preparando dos exposiciones y me falta el tiempo para pintar, organizar y demás. Necesito pensar para escribir. No fui tocada por la gracia de la inspiración. Lo mío es más bien transpiración.Generalmente, durante la semana ando con un cuaderno encima y aprovecho para escribir en el colectivo o salas de espera mi próxima entrada en el blog. Pero esta vez no tuve la oportunidad de hacerlo porque me dediqué a pintar y dar clases. Cuando termina el día estoy cansada, leo rápidamente los mails y juego un solitario. Porque igual entro todos los días en la internet. ¿Será un vicio, como dice mi madre o una herramienta de comunicacón? Creo que es un poco de los dos, depende de como lo usemos. La internet me mantuvo comunicada mientras estuve en el silencio. Es una herramienta muy rica e infinita. A veces entro para buscar la dirección de una entidad pública y termino viendo fotos de piragüas en Senegal. Uno se pierde en las redes de la matrix, ese universo paralelo. El google – una de las más importantes herramientas de búsqueda – fue una verdadera revolución. Todo y todos buscamos en el google. Por momentos puede ser peligroso, sobre todo cuando queremos saber que significan las palabras que están escritas en el examen médico que fuimos a buscar. De una gastropatía terminé en un cáncer fatal. A veces es necesario y beneficioso ser ignorante. La internet nos brinda infinitas informaciones, la cuestión está en qué hacemos de ellas. Hay que seleccionar y procesar lo que recibimos para no ser un depósito pasivo de informaciones, porque eso es una forma de “alienación”.

Como sabrán estoy pintando una serie de mandalas que representan diferentes tipos de culturas del mundo. Ya hice un mandala mapuche, celta, cristiano y ahora pinté el inuit o esquimal. También quiero hacer uno australiano, musulmán, judío, africano, mexicano… En el google encuentro informaciones y símbolos para cada mandala que quiero crear.

Al buscar símbolos esquimales me encontré con la palabra inuit. Acá les transcribo lo que el wikipedia dice:

Los esquimales son un pueblo que vive en las regiones árticas de América, Groenlandia y Siberia. En Canadá, se definen a sí mismos como inuit, que significa “el pueblo” (en inuktitut, inuit), ya que esquimal es un término algonquino que podría significar «devoradores de carne cruda». El singular es inuk, que significa “hombre” o “persona”.

La palabra esquimal (eskimo en inglés) ha caído en desuso en Canadá, donde oficialmente sólo se utiliza inuit. De hecho, sólo en Alaska y Siberia los pobladores se siguen llamando esquimales. En español, sin embargo, la palabra “inuit” no figura en el diccionario.





Me costó mucho encontrar algún símbolo esquimal, sólo encontré una máscara, que fue la que utilicé para crear el mandala. La religión inuit tiene orígen chamanista y animista. Los chamanes se encuentran en varias religiones de culturas indígenas americanas. Los inuits son indios nómades y cazadores. Cazan focas, ballenas, osos y peces.


La máscara representa el círculo que le da el nombre al mandala. Tiene incrustados huesos y dientes, que son la base de su vida diaria en la caza de animales. Los animales tienen alma y ellos deben hacer un ceremonial cuando estos mueren para que no vuelvan al mundo terrenal. Las plumas los caracterizan con los otros indígenas americanos, todos ellos las usan. El blanco del fondo representa la nieve y el hielo, su habitat.


Me pregunto si esa falta de simbología en el pueblo inuit no será por causa del habitat en que viven. En esa región no hay cavernas para dejar plasmadas allí sus símbolos y obras de arte, ni tierra para usar como pigmento. Sólo hay hielo y nieve y los dos se derriten. ¿O será que la internet me falló? Estuve mucho tiempo buscando un símbolo místico que los represente. Esta máscara fue lo único que encontré.







Los dientes y los huesos los compré en el barrio del Once, donde se vende al por mayor de todo. Fui a una tienda de materiales para crear artesanías. Me dijeron que los dientes son de jabalí pero en el mandala representan dientes de focas. Arranqué dos plumas de un plumero y la otra (de paloma) la encontré en la calle. Me gusta mucho el collage. Mis mandalas son creados con yeso, pigmentos, arena, cemento y collage. En este no utilicé arena ni cemento.





Todavía no sé donde voy a exponer estos mandalas pero van a quedar muy lindos juntos. Pienso colocar una explicación sobre su significado al lado de cada uno. Será una unificación de las diversidades. Me encanta la diversidad y encontrar en todas ellas el punto que los une en una misma búsqueda, una misma humanidad. En los mandalas todos buscan encontrarle un sentido y un órden al universo y a nuestra existencia. Lo buscan a Dios.


Y ahora tengo que pintar el próximo. ¿Alguna sugerencia?

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El oído humano es perfecto y complejo. Se divide en tres partes: el oído externo, medio e interno. En el oído interno se encuentra la cóclea, en forma de caracol. Allí se alojan las células ciliadas que transmiten las ondas sonoras – que les llega del oído medio y externo – al nervio, responsable en hacerle llegar la información al cerebro. Hice un resumen muy rústico de la fascinante historia del oído humano. Para tener mayor explicación cliquen aquí.





En la cóclea hay unas 15.000 células ciliadas y con el implante coclear oímos con 24 electrodos, un dato importante que nos muestra lo rudimentaria que es nuestra tecnología frente a la perfección de la creación. Los electrodos se comportan como las células ciliadas, sólo que estas últimas son unas 15.000. ¡Qué diferencia! Pero el implante funciona y oímos. Hoy en día escucho montones de sonidos, inclusive la música, gracias a él.

Como sabrán, los electrodos dan la vuelta a la cóclea. Yo tengo el oído medio destruído por causa de la otoesclerosis. Normalmente el oído medio transmite las ondas sonoras, que recibió del oído externo, al interno. Con el implante recibo el sonido directamente a la cóclea, sin tener que pasar por el externo, ni medio. Es por eso que los implantados tenemos la sensación de oir desde dentro, porque efectivamente es así. Con el tiempo el cerebro decodifica estos nuevos impulsos sonoros y los procesa como si fuesen naturales. Y así me parece escuchar hoy en día, como si fuese un sonido natural.




Y pinté la cóclea con sus electrodos. Como verán la cóclea es un espiral. Este último simboliza el infinito. En la caparazón de los moluscos, la razón entre el diámetro de cada tramo del espiral coincide con el número 1,618. Es el número Phi, definido por Euclides hace más de 2.000 años. Lo consideraron el número de oro y divino por encontrarlo en varias manifestaciones de la naturaleza, universo y proporciones del cuerpo humano. Esta cifra aparece con una frecuencia asombrosa desde el molusco hasta la forma de las galaxias con millones de estrellas, pasando por cristales como el cuarzo.


Pitágoras y sus seguidores estaban convencidos de que tras la proporción aúrea estaba la mano de Dios. ¿Será que Einstein tenía razón al decir que “Dios no juega con los dados”



Este cuadro es una cóclea, un caracol, un espiral…un mandala.

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Finalmente les presento el mandala cristiano. Ya hice uno mapuche y otro celta. Poco a poco completaré la serie que tengo visualizada en mi cabeza. Los mandalas existen desde hace milenios y los encontramos en todas las culturas. En él se representa el cosmos, ordenado con símbolos. Siempre hemos necesitado darle un sentido a este universo misterioso e impersonal. En un mandala plasmamos este órden y así nos sentimos más seguros. Los símbolos del mandala varían según la cultura y el momento pero siempre representan lo mismo. Las formas son infinitas pero la esencia es la misma. El símbolo más antiguo del cristianismo es el pez. Los apóstoles eran pescadores. El pez es un símbolo de vida no sólo para los cristianos. El agua es la fuente de la vida del planeta. El pez es alimento.



Este mandala está sumergido en el fondo del óceano, por eso su color azul. Son dos peces, uno amarillo y otro azul. Uno cálido y otro frío. Nos encontramos con la dualidad, la misma que se representa en oriente a través del ying y el yang. No conozco los significados de los símbolos que se encuentran alrededor pero son muy antigüos.



Elaboré mi mandala a través de la foto de un mosaico encontrado al hacer unas excavaciones en la prisión de Meguido, Israel. Fue un hallazgo arqueológico sin igual. Algunos piensan que se trata de la iglesia cristiana más antigüa pero nadie lo sabe de verdad ya que en esa época los cristianos seguían su fe en la clandestinidad y es muy raro que tuviesen una iglesia. La cuestión que ese mosaico es un verdadero mandala y al ser tan antigüo nos lleva a los origenes mismos del cristianismo, a los origenes de una misma búsqueda a través de las diferentes culturas y al encuentro de los mandalas en todas ellas.


Como técnica usé yeso, pigmentos, collage con caracoles y acrílico. Los pigmentos tienen una consistencia rústica que nos transporta a los orígenes de los mandalas, de los símbolos y de la propia pintura. Ahora compramos los acrílicos, temperas y óleos en tubos pero nuestros grandes maestros del pasado hacían sus propias pinturas con pigmentos, huevo, aceite, agua….


Ahora vamos por el próximo mandala. ¿Cúal será?

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Los laberintos son mandalas espirituales. Existen hace más de cuatro mil años y se pueden encontrar en muchas tradiciones religiosas y espirituales distintas. Hay laberintos griegos, celtas, cristianos, etc. Han sido usados como vía de peregrinación y como herramienta universal de meditación. Imitan el camino que recorremos en la vida, con un principio, un fin y un camino tortuoso entre los dos. Hay sólo un camino que nos lleva a la meta pero a lo largo del recorrido podemos perdernos por otros que no nos llevan a ningún lado. Cuando nos encontramos en un lugar sin salida podemos volver por nuestros pasos y tomar otro rumbo hasta encontrar nuestro destino. En la vida es igual, pasamos por una relación, trabajo, casa o decisiones equivocadas más de una vez pero siempre tenemos la posibilidad de volver a empezar hasta encontrar el camino que nos lleva al centro, a nuestra paz y armonía. En cada decisión equivocada aprendemos, adquirimos experiencias y nos tornamos más sabios. Simbólicamente, se llega al final del laberinto sólo cuando estamos preparados para ello. Lo mismo pasa espiritualmente:


El laberinto te muestra la sabiduría de no tratar de medir tu progreso: precisamente debido a que el camino no es lineal ni mental, sino cíclico y espiritual. Similar a las vueltas de un arroyo. Lo único que importa es la confianza de saber que estás en el camino. El sendero que te conduce al centro, es un sendero angosto pero te conducirá a la fuente de la vida. La vida es eterna al igual que su fuente. Solo tienes que permanecer en el camino. Si tratas de engañar y saltar desde donde estás a donde quisieras estar sin transitar esa porción del camino, te perderás y quedarás confundido/a. Pero podrás comenzar de nuevo en cualquier momento. La compasión siempre presente de Dios se experimenta más directamente en la permanencia en el camino y en significado del camino que habrás transitado que descubrirás, finalmente, en el centro. Simplemente no deberás detenerte y continuar siempre hacia delante. Cualquiera que busque encontrará.

Extracto de “Christian meditation Newsletter2 marzo 1992
Laurence Freeman OSB



El laberinto de Chartres está trazado en el suelo de la catedral. Es un camino escrito sobre el suelo… una lenta evolución que el hombre recorre hasta llegar a su centro.





Este laberinto es el tercero de la serie de mandalas que estoy creando. Para hacerlo me inspiré con el laberinto de Chartres aunque no tenga nada que ver con él. En el laberinto de Chartres un sólo camino lleva al centro y este no. Lo dividí en cuatro formando una cruz. La flor del centro tiene los colores de los vitraux para recordar las catedrales. Los colores de estos últimos son puros y primarios y contrastan con el fondo grisaceo del cuadro. El fondo fue elaborado con yeso y pigmentos. Al estar el yeso todavía fresco tracé los caminos del laberinto con el dedo dandole así relieve como si fuese trazado en una pared, una roca, algo muy rústico y antigüo como lo son los mandalas y los laberintos.

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Mandala Celta

En el taller de Marcela Baubeau trabajé por primera vez con texturas a través del yeso, arena, pigmentos, etc. Aprendí a pintar con acuarela, con la cúal pinté durante muchos años. Su belleza se dislumbra a través de la transparencia del agua. En contrapartida la belleza de las texturas se dislumbran con los relieves, lo grueso, lo macizo y lo palpable.

Al pintar el mandala patágonico quise expresar el órigen de un pensamiento humano que se repite a través de todas las culturas: La representación del cosmos, de la vida y de la muerte, de las estaciones, del tiempo y del espacio en forma de símbolos.

Mandala significa círculo en sánscrito pero ese círculo ha sido representado en todas las otras culturas tambien. Los símbolos aparecen en el neolítico – cuando el hombre deja de ser nómade y cazador para transformarse en agricultor – y con ellos los ritos y cultos que buscan organizar el universo y vencer la muerte. En ese entonces se pintaba en las rocas y en las paredes. Es por eso que tuve la necesidad de pintar un mandala con texturas.

Al pintar el mandala patágonico sentí tocar un origen. Me causó placer meter las manos en el yeso, como si se tratase de una construcción y desparramar los pigmentos que son la base de toda pintura. De ahí surgió la idea de hacer una serie representando así otros tipos de culturas.

Este es un mandala celta. No se conoce mucho sobre esta cultura milenaria ya que no ha quedado nada escrito. Los monolítos (menhires) nos fascinan por su misterio aunque no sepamos si son originarios de los celtas. De todos modos hoy en dia forman parte de una misma incógnita. Se sabe que los celtas no tenían templos, los eran los bosques y es por eso que pegué entre el yeso y los pigmentos hojas de árboles (amplien la imagen y si pueden encuentren las hojas). El trisquel es un símbolo de tres brazos unidos en un punto central. Los brazos del trisquel suponen la unión de los tres elementos fundamentales del cosmos celta: la tierra, el agua y el aire. La espiritualidad celta gira en torno al número tres y creen que por ello se sincretizaron tán bien con el cristianismo a través de  la trinidad (Padre, hijo y espíritu santo). La mitológia celta está llena de referencias al número tres. Los monolítos y trilitos que encierran el trisquel recuerdan a Stonehenge y sus sombras se expanden en forma radial  formando así este mandala.

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