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feliz 2014


Por primera vez en cinco años no escribí en el blog por navidad No quiero dejar pasar el año nuevo tambien así que acá estoy, exprimiendo mi cerebro para sacar una idea coherente.


“Ya escribiste mucho y por eso que se te hace difícil, aunque historias todavía tenés para contar”, me dicen


Es cierto, en estos años acumulé muchos escritos en el blog. Con lo que tengo ya puedo editar un libro, según Germán. Así lo han hecho Lak Lobato y Pepe Lozano, que difunden el implante coclear a través de sus experiencias y la de los “comentakas” también.


Sueño con escribir un libro aunque este año se me haya ido la inspiración. A veces me pasa eso con la pintura también y creo que eso le sucede a todos los artistas, en todos los campos del arte. Hay momento de creación y momento de recreación. En el ocio se gesta una nueva etapa creativa para el artista. Es como un vaso, que para llenarlo primero se lo tiene que vaciar. Es como la respiración, que exala e inhala, como el propio universo que se expande y se retrae, en una constante búsqueda de equlibrio.


En el 2014 espero volver a escribir como lo hacía antes para compartir mis experiencias con toda esa gente linda que se arrimó y comentó en el blog. Fue una experiencia enriquecedora en todos los sentidos para mi. Este año me gustaría ir a un taller literario y aprender técnicas de escritura. No pretendo ser una erudita en el arte de la narración. Soy autodidacta de vocación. Me identifico con la lectura fácil, cotidiana y costumbrista porque me gusta el arte de la calle. No soy ni seré de la academia jamás ni en la pintura, ni en la escritura, en nada.


El arte me salvó de la tristeza y soledad que me causó la sordera. Paradojicamente la soledad fue mi mayor compañía en momentos cruciales e intensos de mi vida. La soledad la encontré en el silencio y el silencio abrió la puerta de mi mundo interior, lleno de historias de todo tipo, lleno de vida.


“Estoy en la universidad de la vida”, le escribí a mi madre desde Grecia, donde trabajé como campesina en la cosecha de olivas y naranjas. Aprendí mucho en la calle y me transformó en lo que hoy soy. Tenía que vivir para contarlo, por eso largué los libros y me puse una mochila en la espalda. Cuanto más avanzaba mi sordera, más fuerte era mi necesidad de estar afuera, en la acción, en la aventura y con la gente como maestros.


Luego de muchos años llegó el implante coclear en mi vida, me devolvió los sonidos y lo compartí en el blog. Luego lo compartí en mi taller de pintura con alumnos. Ahora puedo escuchar, dar clases y compartir mis aprendizajes. De todos modos sigo con mi soledad. Ella no me deja sola. Como lo ha escrito Georges Moustaki en una hermosa canción: “No, no estoy nunca solo con mi soledad”. Me siento privilegiada de tener ese mundo interior porque allí se gestan mis proyectos y mi arte.


Hay que encontrar tesoros y riquezas en nuestros sufrimientos. Con la sordera encontré mi mundo interior.


Esta noche festejaremos la llegada de un nuevo año y con ello renovaremos la esperanza. Quiero que sepan que siempre los tengo en mi corazón y no los olvido nunca. Les deseo todo lo mejor en el 2014. Qué este año que viene nos mantenga unidos y podamos compartir nuestros aprendizajes con el silencio, el implante coclear, con nuestros éxitos y frustraciones para llevar un mensaje de esperanza a todos los que buscan en la internet ayuda.


El arte salva


Besos a todos

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Y ya estamos llegando al final del 2013. Este año se me fue volando. Parece que fue ayer que estuve en Paris con mi familia. Y sí, la vida es la que se va a toda velocidad. Este año tuve bastante abandonado al blog. Todavía tengo historias para contar, por suerte, pero el taller me llevó mucho tiempo y energía tambien. Me entrego de cuerpo y alma en cada clase. Al final de día no puedo pensar más y para escribir yo necesito pensar. Tampoco me sobró fuerza para pintar. Sólo tres cuadros en todo el año. Fue el año de la docencia.


Olinda ha crecido desde que nació, hace casi cuatro años. Alumnos de todo tipo forman parte de esta comunidad de artistas. Muchas de ellas son sordas e hipoacúsicas. Con implante, con audífono, oralistas y gestuales, se acercaron a pintar en el taller. Y los oyentes, por supuesto conviven perfectamente con todas ellas.


Es por eso que esta exposición se llama “Vínculos”, porque Olinda brinda un espacio de arte para que se formen vínculos de todo tipo entre sordos y oyentes… y mucho más.


Tengo la inmensa satisfacción de invitarlos a la muestra que se realizará este jueves 19 de diciembre en y a beneficio de Casa Hogar (Asociación de Sordomudas Argentinas). Allí estrecharemos nuestros vínculos con todas las comunidades, a beneficio del arte.


¡Los esperamos con una copa de champagne!


“La única forma de entender la pintura es ir y verla” –Pierre-Auguste Renoir (1841-1919), pintor.

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La sordera es invisible pero aisla más que la ceguera. No me gusta comparar pero eso es lo que los médicos dicen. No me extraña, el silencio me aleja de todos los que me rodean. Me aleja de la vida.


Con el implante coclear recuperé la audición perdida, lo que me permitió retomar actividades que en el silencio no puedo hacer. Antes de seguir con mi relato quiero aclarar que lo que oigo con el implante no es lo mismo que un oyente. Primero de todo oigo y escucho con un solo oído. En segundo lugar escucho con 24 electrodos en vez de las cinco mil células ciliadas que forman parte del complejo y perfecto oído humano. Pero todo está “en relación a” en la vida. Lo mismo pasa con los colores de un cuadro. Cada color se hace valer en relación a otro. Un rojo al lado de un verde resalta más que si estuviese al lado de un naranja. Yo oigo miles de sonidos maravillosos con el implante coclear que para un oyente son rústicos e incompletos. Es la famosa ley de la relatividad.


La sordera nos limita la comunicación, que es fundamental en la vida de cualquier persona. Yo no pude terminar la facultad porque no escuchaba más a los profesores. Perdí trabajos por ese mismo motivo. Soy buena en ventas y hablo cuatro idiomas pero nadie quiere tener a una vendedora o guía turística sorda, claro está. Al no encontrar un empleo en relación de dependencia me dediqué a la artesanía y pintura. Me gusta trabajar con las manos y no necesito oídos para ninguna de esas dos actividades.


artesanias


La pintura es mi vocación y la artesanía fue mi medio de subsistencia durante años pero un día me cansé de trabajar mucho y ganar poco. Me volqué a la ilustracíón y busqué clientes en las agencias de publicidad. En aquel entonces vivía en Recife, un lugar turístico. Me dediqué a dibujar y pintar en acuarela mapas del Estado de Pernambuco y sus hermosas playas tropicales. El primer mapa que pinté me lo encargó un tal Marcos Lira, para la municipalidad de Olinda. Este señor se aprovechó de mi sordera y me estafó. Yo no escuchaba nada en las reuniones que tuvimos con la agencia de publicidad que se encargaba de promocionar esa ciudad. Dependía de las traducciones de este buen señor que era muy simpático pero solo me decía lo que le convenía y me ocultaba el resto. Le pedí un contrato por escrito y me dió vueltas y más vueltas con un “no te preocupes”, “ya lo vamos a hacer” “¿No confiás en mi palabra?” No me quedaba otra alternativa. Necesitaba trabajar. Resultado: Solo recibí el 10% de lo estipulado. Sentí una gran frustración pero no me pude defender.


Un día el teléfono tocó y mi hija atendió. Era mi amigo Antonio, artesano al igual que yo pero ella me dijo que era Marcos Lira. Tomé el tubo con odio y le dije:

– ¡Hay que ser caradura para llamar!

– Me parece que no estás de muy buen humor hoy

– ¡Claro que no!, ¡cada vez que escucho tu nombre me pongo de muy mal humor, sinvergüenza!

– Mejor te llamo otro día entonces.


Antonio era un hombre tranquilo y humilde. Cuando me dijo que iba a llamar otro día lo reconocí en el acto. Le pedí miles de disculpas. Todavía me río cuando me acuerdo de la conversación. El humor siempre ha sido mi mayor remedio contra la amargura. Muchas de las situaciones que pasamos los sordos de tan absurdas se vuelven divertidas y esta fue una de ellas.


Me han estafado muchas veces en la vida. Tambien trabajé gratis con la esperanza de que un día valorasen mi trabajo. Nada de eso sucedió pero adquirí experiencia y un vasto curriculum.


La pintura y las ilustraciones no me aportaron la estabilidad económica que necesitaba para vivir así que un día tuve que volver a la artesanía para el pan diario. Decidí pintar y vender ropa de playa, en la playa. No podía hacerlo sola porque no escuchaba a los clientes cuando me llamaban. Marulinha – mi hija de corazón – se caminaba kms en la arena conmigo. Llevabamos la ropa en una canasta y los pareos alrededor del cuello. No oía pero hablaba y así encantaba a los clientes con mis cuentos tanto en portugués, español, francés, inglés y unos rabiscos en italiano. Nos hicimos famosas y vendíamos bien pero el dinero solo daba para comer. De todos modos siempre que ponía los pies en la playa frente a ese mar turqueza intenso, agradecía a Dios por la oficina que me había tocado. Era hermosa pero también era agotador caminar bajo el sol rajante sobre la arena blanda durante cuatro horas seguidas. Mi esfuerzo dió resultado y saqué adelante la economía porque dos niñas adolescentes dependían de mi y una de ellas era mi hija.


Cuando volví a Argentina perdí el cinco por ciento de audición que me quedaba. Conocí al Dr. Arauz de casualidad y me aconsejó hacer un implante coclear. Yo no quería saber nada pero no me quedaba otra alternativa. No supe del paso importante que había dado hasta algunos meses después de la activación. No tenía expectativas y por eso que lo mío fueron todas ganancias. Con el implante llegaron los sonidos y con ellos nuevas oportunidades. Abrí un taller de pintura.


taller


Antes del implante coclear no hubiera podido ser profesora. Ahora escucho las voces de mis alumnas cuando me llaman y hacen preguntas. En el 2008 me operé y en el 2010 abrí el taller de Olinda: Oficina de Arte. La primera alumna sorda que tuve fue Alma. Luego llegaron Diana, Loli y Maffy. A Laura la trajo Loli y otras amigas le siguieron. Son todas distintas, algunas con implante, otras con audífonos, o sin audífonos, oralistas y gestuales. Entré en la dimensión de la discapacidad auditiva, con todos sus matices. Un nuevo mundo se me abrió. Laura y Loli me enseñan la lengua de señas entre risas y colores. Gracias a ellas descubrí lo fascinante que es.


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Amo mi taller, mis alumnas y la diversidad. En Olinda Arte conviven artistas oyentes y sordas de todos los colores, en armonía. El arte es nuestro idioma en común y nos entendemos muy bien. No las quiero nombrar a todas por miedo de olvidarme de una ya que todas son especiales para mi.


Gracias chicas. Las quiero

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Para descomprimir:


Los Colores de mi Tierra

Técnica mixta

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Estuve durante todo este tiempo ausente en el blog por varios motivos. El más importante fue la organización de la exposición de fin de año del taller de Olinda Arte. Colgué más de cincuenta cuadros por toda mi casa y taller, que está arriba. En esos días vino Paulita desde Cipolletti para visitar a sus compañeros biónicos y se quedó a dormir en casa. Ella me ayudó a poner los ganchitos, alambres, colgar y ver si los cuadros estaban derechos. Cayó a mi casa como si fuese una hada. Su ayuda fue de gran valor. Ella me cebaba mate mientras charlabamos y reíamos. Siempre le voy a estar agradecida por su generosidad. A pesar del trabajo pudimos disfrutar de nuestra compañía porque Paulita es encantadora.


Me dió mucho trabajo organizar la exposición. Había que colgar los cuadros, darles buena iluminación, comprar comida, champagne, gaseosas, crear e imprimir invitaciones y diplomas. Se deben resolver miles de detalles para que todo salga de diez. Y así fue, la exposición fue maravillosa. Todas las alumnas estaban radiantes y felices junto a sus amigos y familiares. A las siete empezaron a llegar y al poco tiempo la casa se llenó. La exposición duraba hasta las diez de la noche pero a las once la fiesta seguía. Todos charlaban y reían. El champagne ayudó. Después llegó el momento de entregar los diplomas. Alma obtuvo el diploma de alumna fundadora al igual que mi vecina Marcela. Ellas fueron mis dos primeras alumnas, cuando inauguré el taller hace dos años atrás.


Todo eso me trae tantos recuerdos. No sabía si iba a ser capaz de enseñar. Soy autodidacta y lo mío está más en la experiencia que en la teoría. Le ofrecí a Marcela darle unas clases gratis – cómo si fuese un conejito de India- por un mes. Estabamos las dos solas. Le gustó tanto que se quedó hasta el día de hoy. Sus cuadros son cada vez más lindos. Después llegó Alma. Se venía todos los sábados religiosamente, a las cuatro de la tarde. Estabamos solas también. Alma nunca había tocado un pincel en su vida, no sabía nada de pintura pero eso no la desanimó porque es una mujer perseverante, dedicada e inteligente. En el taller descubrió su talento. Se enamoró de la pintura y es por eso que aprendió tan rápido. Hace unos meses atrás se presentó en un concurso y obtuvo el primer premio de pintura abstracta. No se pueden imaginar el orgullo que sentí.


Hoy en día tengo varias alumnas. Algunas llegaron al taller sin saber pintar y todas aprendieron a hacerlo. Me di cuenta que al enseñar también se aprende. Todo es un ida y vuelta, un alimento mutuo. Yo crecí como pintora junto a ellas.


Las alumnas subieron las fotos de la exposición en el facebook. Las pueden ver a través del enlace Olinda: Oficina de Arte. Nieves creó un video con las fotos de la exposición y de los cuadros que fueron pintados durante el año. Es precioso y lo comparto con ustedes, espero que lo disfruten.


¡Gracias Nieves!


La próxima entrada que subiré es muy importante para la familia biónica. Se trata de la activación de Color Esperanza. Quiero escribirla bien y para eso necesito sentarme tranquilamente una tarde, cosa que no pude hacer en estos días. Fue muy emocionante 🙂

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Desde que abrí el taller de pintura no tengo más tiempo para escribir en el blog. Estoy muy contenta con mi nuevo proyecto ya que realicé el sueño de mi vida, tener un espacio propio para pintar. Antes pintaba en mi cuarto. Lo transformaba según las necesidades. De día un taller, de noche un dormitorio. Cuando terminaba de pintar tenía que juntar todos los pomos, guardar el caballete, sacar los papeles de diario que había puesto en el piso, el bastidor, etc. Era muy cansador ya que después de ocho horas de trabajo lo único que quería hacer era tirarme en la cama y no pensar más. Ahora puedo dejar el bastidor encima del caballete y los pomos en la mesa. Me siento millonaria por ese motivo.


Con el taller vinieron alumnas, las primeras de mi vida. A decir verdad ya dí clases de pintura hace 17 años atrás en el colegio francés de Recife. Me hice maestra por una cuestión de necesidad mayor. Ese hecho me abrió las puertas al mundo del arte y empecé a pintar profesionalmente.



En aquel entonces yo trabajaba haciendo y vendiendo artesanías de todo tipo. Mi hija tenía una beca en el colegio francés, que renovaba todos los años. Ese año decidimos no renovarla porque nos ibamos a vivir a Rio de Janeiro. A último momento el proyecto se pinchó y se había acabado el plazo para pedir la beca. No sabía que hacer, no podía pagar el colegio francés porque este era en francos ( ¿o ya eran euros?). La cotización del franco aumentaba todos los días por causa de la hiperinflación que Brasil padecía en aquel entonces. Fui a verlo al director del colegio y le conté mi situación. Me atendió muy bien y dijo algo que nunca voy a olvidar:


“Ningún francés deja de estudiar, ¿Qué sabe hacer usted?”


– “Pintar”


– “Bueno, traigame alguna de sus pinturas para que la vea”.






Estaba cansada de hacer artesanía que al fin de cuentas no deja de ser un trabajo de obrero al repetir una y otra vez lo mismo. Se me ocurrió pintar un cuadro de la playa de Boa Viagem – en Recife – con la intención de reproducirlo en forma de postales y posters para la empresa de turismo de Pernambuco (Empetur). En ese cuadro dibujé y pinté los personajes y las situaciones que se ven en el día a día en forma de historieta. No faltaba nadie: las niñeras con los chicos, los turistas, las prostitutas, el ladrón, el policía, los artesanos, las bellas desfilando por la costa, el bañista, los payadores y los miles de vendedores que te ofrecen desde cangrejos, anana, agua de coco, sandwiches, ostras, artesanías, cervezas, pescado frito, etc y etc. Conozco esa playa de memoria no sólo porque viví como también porque vendí durante años artesanía ahí. Caminaba por la arena y ofrecía mis “artes” a la gente. Conocía a todos los vendedores, algunos de ellos me cambiaba una pulsera por 12 ostras o por cangrejos deliciosos.




Volviendo al cuadro, se lo llevé al director del colegio. Le gustó mucho. Me propuso hacer una exposición en el colegio y me preguntó si podía dar clases de pintura a los chicos de la primaria. Ese colegio era igual a los colegios rurales que hay en el interior de Argentina o Brasil. Sólo había 50 alumnos en total. Toda la primaria estudiaba en una misma sala y con una única maestra. Los de secundaria estudiaban con el director y mandaban sus tareas y examenes por correo a Francia para que se los corrigan allí. En el colegio no había un profesor de arte y yo acepté en el instante. Pagué el colegio de mi hija dando clases de pintura gratis. Fue una experiencia fantástica. Estudiabamos en un jardín lleno de árboles frutales como mangos, goiaba, cocoteros, pitanga, etc. Dos monitos revoloteaban alrededor de la mesa fascinados con los lápices de colores que al primer descuido robaban.



En el colegio hice mi primera exposición. No tenía dinero para ponerle marcos a las acuarelas y las monté con papel de cartón. El cónsul me compró el cuadro de la playa de Boa Viagem y el director de la Alianza Francesa me propuso hacer una exposición allí. Esa fue mi primera exposición formal. A los franceses les gustaba mi pintura y me las sacaron de las manos. Vendí todo. A partir de ahí dejé la artesanía y me dediqué a pintar hasta el día de hoy. Ahora tengo mi taller y lo estoy disfrutando mucho. De todos modos no quiero dejar de escribir en el blog aunque se me haga difícil. Mucha gente entra buscando información sobre el implante coclear y para dejar de fumar. Me gusta ayudar a la gente y espero poder seguir adelante.




Edito y subo esta música de Alceu Valença, de Recife. Esta canción habla de la playa de Boa Viagem. De esta vez pude escucharla gracias a mi implante coclear. ¡Cómo me alegra la vida!


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Aquí les presento Olinda, oficina de arte , una oficina donde no se trabaja… se hace arte. Después de un año en obras ya estamos listos para abrir sus puertas y brindar clases de dibujo, pintura, pintura decorativa, creación de mandalas, teatro, etc. Hemos subido una página en el facebook que pueden acceder a través del ícono que se encuentra en la columna derecha del blog. No sólo queremos enseñar distintas formas de arte como también ofrecer un espacio ameno para compartir. Haremos exposiciones de artistas y alumnos. Presentaremos obras de teatro. Venderemos todo tipo de artesanías. Invitaremos a eventos y seminarios vivenciales del mandala. Y lo iremos publicando en el facebook para que lo vean. No se necesita tener conocimientos previos para formar parte del taller, sólo se necesita tener ganas de aprender y disfrutar para soltar al artista que todos tenemos dentro.

¿Por qué Olinda? Olinda fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco. Está situada en Brasil, al lado de Recife, en el estado de Pernambuco. Viví 20 años allá y me enamoré locamente de sus laderas, casas antigüas, iglesias barrocas, el verde de los cocoteros, mangos, y otros montones de árboles frutales tropicales que se dispersan por entre las casas sin olvidar el mar turquesa que lo ilumina todo. Dicen que los portugueses, al ver ese lugar exclamaron: ¡Oh Linda! y de ahí le quedó el nombre de Olinda. No me extraña, Olinda es bella y encantadora. En los años sesenta fue copada por artistas. Instalaron sus talleres de pintura en las casas antiguas que pintaron por fuera y refaccionaron por dentro. Hoy en día hay talleres por doquier. Olinda respira arte. Todos los viernes unos viejitos cantan serenatas por las calles. Los domingos hay ferias de artesanías en las plazas y bailes populares en el mercado.Olinda tiene el carnaval de calle más grande de Brasil. Olinda tiene “Arte en todas partes”, una semana en que los artistas abren las puertas de sus talleres a la calle. En Olinda el arte popular convive con el arte formal y erudito porque todo se comparte en la calle. Es por eso que la amo tanto.

Ahora tenemos Olinda en Buenos Aires, una oficina donde no se trabaja, se hace arte. Y les abre las puertas.

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