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Archive for 25 junio 2012

Mis queridos amigos biónicos, Loli me mandó un escrito sobre su cirugía y quiero compartirlo con ustedes. La otra etapa es la de la activación, que les adelanto que va muy bien. Ella viene a pintar en el taller de Olinda Arte y charlamos mucho personalmente. Escucha nuevos sonidos, que nunca había conocido antes. Todavía tiene un largo camino para recorrer pero nuestra bebé biónica es muy ansiosa y clama por paciencia, jajajaja. Está fenomenal.  Esto es un testimonio, y los testimonios son una riqueza para todos los que neccesitan hacer un implante. Aquí va 🙂



Aquel 11 de abril me despedí de mi pobre audifono, fue lo ultimo que pude hacer es dar el gran paso a la cirugía del oído derecho..
Una vez ingresada a la clínica con mama y papá, que fueron mis ángeles de la guardia, su fuerza y valor me hacían sentirme mejor verlos a los 2 unidos por una razón para mi.
Luego de la camilla preparada ya con la presentación de la anesteciologa le pedí un relajante muscular para no entrar en nervios en un quirófano, el peor de los casos da pánico entrar en un lugar así, sabiendo mentalmente q te óperas de algo para uno es importante.
Me acompañaron hasta la entrada del quirófano mama y papá, me dieron un beso los 2 en la frente y un fuerte apretón de manos. Y me despedí con un hasta luego..
Senti un aire frío, el frío no me molesto, una vez visto a la anesteciologa y el cirujano, lo gracioso fue preguntarle si podía ver la parte interna, y me dijieron que no, pese para no tener insectidas y esos bichitos invisibles y prevenir un poco a q no pase nada q esta bien cerrado, a mi lado de mi cabeza huelo un olor a cebolla, y la ultima pregunta de la anestecióloga fue cuanto pesaba, y antes de responder lo respondió perfectamente el cirujano, me puso la mascara olorosa de oxígeno y cerre los ojos ni bien fue rápido por todo lo que tenia, el relajante muscular y el efecto me hizo muy rápido.
 Luego de las 2 horas y media de un sueño profundo, me costo despertarme, tuvieron q despertarme a la fuerza diciéndome que ya estaba perfecto y todo sin problemas, mientras me despertaba, me tocaba mi propio oído vendado y mi fuerza interior fue como si yo misma me díjiera, supere el peor miedo, y me supere a lo q todos tenemos miedo a un quirófano..
Ya en el cuarto, los vi a mama y papá, aun así drogada de la anestecia me hacia un efecto de borrachería y viendo a mis médicos felicitandome lo bien que salio todo, que el nervio  respondía muy bien todos los electrodos y no hubo ningún cortocircuito…
Tuve unos momentos de mucha molestias de no poder hacer mis necesidades, gritando a 4 vientos ir al baño cuanto mas hablaba mas me quejaba, mama andaba por algún lado fuera d mi cuarto, y papá a mi lado con una notita me decía: ” loli, heredaste de mi no poder ir al baño, ahora voy a buscar a la enfermera” claro en esa actitud que tenia fue por el estado de anestecia y no entendía nada de nada., una vez llegada la enfermera me metió al baño, y me sente en el retrete, y pensé lo mas lindo q pude, y volví a mi dulce cama, y de a ratos en frente de mi cama había un espejo y me fijaba para ver si mi reflejo existía de una vida o un sueño, porque no caía de la realidad si era verdad q estaba viva o cualquier fantasía que tenia en mente…
Mas despierta estuve a mediodía, paso una linda visita de mi hermana Cali, que también valoro su compañía, me dio de mimar un poco con sopa y gelatina, y luego mi otro hermano Rafa me regalo 1\2 kg de helado de freedo la tentación q tenia era la frambuesa, estaba en contra de las reglas de la dieta estricta luego d una cirugía profunda, pero mis caprichos valen mas que eso y compartir un frío dolor de cabeza con la madre fue divertido!
Entre revistas y charlas, pasaron gente linda, mi madrina, la psicóloga del equipo médico, y otros mas…
Una vez ya anocheciéndo, cene la ultima cena que tenia y era caldo de verduras, mas q feo era un asco, papá me acompaño hasta las 11 de la noche, le dije q se fuera tranquilo y que me deje con una luz prendida del baño y intentaría dormir tranquila, sobre todo en el cuatro había otra paciente a mi lado, así q no había tanto problema en q se quedara, y claro no había cama tampoco dormiría en un piso duro de lo canosito que es, mejor que tenga un colchón y descanse lo mucho q paso el día importante..


12 de abril
Amaneci a las 6 de la madrugada para tomar los primeros antibióticos, había dormido mas o menos de a ratos, feo es dormir en una cama que no es tuya queriendo dormir plácidamente en una propia cama, debe sonar bastante molesto hasta las almohadas duras ni soportaría, por suerte tenia mi propia almohada en mano. Era el gran día luego de una internacion bastante larga, ya no daba mas para quedarme encerrada en un hospital donde yo me sentía pleno al día siguiente, hablaba y hablaba, caminaba muy bien pero de los mareos de a ratos que tenia era del efecto anestesiológico, y es muy normal, sobre todo te decís ” soy una gata sin bigotes bien robótica”  de lo divertido fue ver al médico y que me sacara la venda y viera mi propia cicatriz, y luego vendarla nuevamente pero mas suave a q no moleste, (obvio q molesto), una vez salida a la calle, salte de la alegría y quería hacer todo lo que tenia a mi alcance, visitar a mi abuela Mamalu, tener un dulce almuerzo en familia materna, salir a caminar con la cuñada Andrea, recibir la linda visita de mi ex Cesar con un regalón de flores rojas, con mi cuñada Vicky y matear y contar una y otra vez lo importante que fue mi momento, recibir otro capricho de helado, ir a cenar con papá a la noche una pizza rica, hablar de la vida, hablar de lo bueno q me ha ido en ese día… Eso fue lo q hize, caminar y caminar y hablar como si nada me hubiera pasado, pese a las advertencias de los médicos, reposo absoluto. No hice un poco de caso, bah algo de eso si, estar en casa y tomar un poco de aire no suena tan grave…


13 de abril
Como todo médico dice, guardar reposo, no hablar, no moverte, descansar mucho…
No hice mucho caso a ninguna de esas cosas, tuve una consecuencia bastante loca, una compota grande en mi ojo derecho, fuimos a la misma guardia q me atendieron aquel día de operación, me vio el médico ayudante del equipo, obvio de buena manera me reto, pero quedo en solución, inyección desinflamatoria en la colita y mucho hielo, hacer reposo, no articular mucho la boca, y manejar las cosas con calma.
Entonces fui mas consciente aque día, y mas tranquila y dormir como una marmota mas.
A mediodía mamá lo invito a papá, especialmente por mi a almorzar con papá y Rafa en casa, un rico almuerzo,  una buena charla, y me pegue la linda siesta a pleno descanso en no moverme mucho..
Y los días rutinarios fueron muy tranquilos.

A ser un poco mas consciente de lo q pasa una vez tenido las consecuencias…


La bendita venda
Por fin la bendita venda se me ha ido!!
Aquel miércoles 18 después de una semana operada fui a control y a sacarme la bendita venda, me revisaron los puntos, todo en perfectas condiciones, un poco inflamado, pero según mi médico dice q mi propia piel es demasiado rápida para curarse tan bien, y el especialista, nuevamente me dijo de la compota, es normal, es el impulso de querer salir corriendo a brindar e disfrutar que uno sale del hospital sin sentir dolor, por supuesto que en ningún momento lo senti, solo molestias y me tome un par de veces un ibuprofenó indicado por el médico si te duele o molesta lo tomas solo por eso..
Y mi pobre pelo estaba sucio, bastante y con olor feo.
El viernes por fin pude lavar mi larga cabellera, con ayuda de papá el lavado y secado, un buen peluquero tuve en lavar y secarlo con aroma a lavanda! El resto de los dias visitando a papá y tomando mate, acompañándolo y q me acompañe, ya que mama se volvió al trabajo luego de una semana de licencia por mi..

En esta etapa fue mas que bueno tenerlo a papá, fue bastante paciente, y también de sus nervios, demostraban los míos y al rato mandarlo al cuéte, pero se la re banco mis puterios,  de no ir al baño, cuestión que hace años q no pasa eso, es normal demostrando sus miedos siendo hija discapacitada, aunque en otra época era candidata al implante y papá nunca quiso aceptar esa situación de chiquita por miedo, o porque no estaba seguro.. Pero al fin de cuentas, uno es grande y decide su propio camino..
Mamá también lo estuvo, pero ella sabe mas de que si me demuestra sus nervios yo mas me pongo nerviosa, prefirió callar y sonreír, y sus nervios quedaron adentro.
Fueron solo 7 puntos de cicatrización..

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Finalmente, después de un año de ausencia hice una nueva calibración. Tuve que superar la vergüenza por haberme olvidado de comparecer a los turnos una y otra vez durante todo el año 2011. Soy muy distraída y lucho diariamente contra ese mal. A pesar de anotar mis compromisos en la agenda, a veces me olvido de abrirla, cómo también me olvido de anotarlos, un verdadero despelote mental. Ahora aprendí cómo anotar los compromisos en mi celular, con alarma y todo. De todos modos me pregunto si lo de la calibración no fue un autoboicot psicológico. Le fallé a la fonaudióloga por lo menos cuatro veces el año pasado. Siempre me olvidé. Moría de vergüenza y me deshacía en disculpas ya que si hay algo que no puedo perder es el equipo de la fundación Arauz. Dependo de ellos de por vida. Suena aterrador, pero no es nada comparado a la felicidad que me brinda el implante al devolverme la audición. Las fonoaudiólogas fueron muy pacientes y les estoy agradecida.


Cómo muchos saben estos olvidos coincidieron con la enfermedad que le detectaron a mi madre. El maldito cáncer que se apoderó de gran parte de mi familia. Abuelos, tías, madre y padre murieron bajos sus garras. Primero vino la cirugía y luego la quimioterapia. Mamá luchó intensamente contra su enemigo, cómo ella misma lo llamaba. Por suerte pude acompañarla durante todo el proceso pero olvidé mis responsabilidades para estar con ella.


Se fue el día que bajó los brazos y la entendí perfectamente. Con su muerte quedó un vacío enorme, una tristeza profunda. Después fueron los trámites, ¡miles de trámites! Lo tuve que hacer todo sola y fue desgastante. Todavía no terminó aunque ya se despejó bastante el panorama.


Pedir turno para hacer una calibración fue el principio de una nueva etapa: Pensar en mi. Anoté la fecha del turno en la agenda, celular y computadora. No podía fallar, no tenía más excusas. Las fonoaudiológas me recibieron con mucho cariño. Primero Ana me hizo un examen con vocales, consonantes, palabras de dos sílabas, tres y cuatro, frases y por último me leyó un cuento que repetí sin problemas. Luego Patricia se ocupó de la calibración. Examinó los electrodos, que por suerte funcionan bien. Subió las frecuencias de los graves que estaban más bajos que el resto porque me molestaban para discriminar las palabras. Equilibró el “piano”. Luego aumentó la frecuencia de todos los canales de forma pareja. Antes de partir tuve una sesión con Carolina, la psicóloga del equipo. ¡Tenía tanto para contarle! Finalmente me preguntó: ¿Y el implante?. Me cambió la vida, estoy más relajada, casi no leo los labios y disfruto plenamente de la música.


Con cada nueva calibración pienso que ya no hay más cambios por hacer. Hace tres años y medios que me implanté. Además soy un bicho de costumbres, me aferro a la última calibración cómo la mejor. Error, escucho mejor con esta. Nuevos sonidos me sorprenden y alegran. Me llamó la atención escuchar la música del quiosco situado a un metro y medio de la parada del colectivo que esperaba. La música se hizo lugar por entre los ruídos caóticos de la calle y mis electrodos la podían localizar. Escucho mejor la televisión, ya consigo discriminar frases enteras. Mis alumnas del taller lo notaron también. Marulinha exclamó: ¡Es por eso que estás escuchando todo! cuando les conté que había hecho una nueva calibración.


Siempre pienso que ya llegué al techo, pero todavía aprendo a escuchar mejor. Me pregunto hasta cuando. ¿Llegará algún día ese techo o las calibraciones son de una infinita evolución? Ni idea, en noviembre tengo que volver y veré que pasa. Espero no fallar, voy a llenar la casa de papelitos, porque esto se está poniendo cada vez mejor.

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Cuando Margarete vino a visitar Buenos Aires yo estaba en el silencio total. Nos conocimos en Recife y mantuvimos una amistad durante quince años allí. La tenía que atender a pesar de mi situación. En aquel entonces sólo quería vivir enclaustrada en el mundo visual de la internet. Estabamos en el 2007 y hacía sólo dos años que vivía en Argentina. Extrañaba Brasil, me sentía sola y perdida en el silencio.


Margarete se quería divertir. Era la primera vez que venía a Buenos Aires, que tanto anhelaba conocer. Quiero bailar tango, me dijo. Yo quería que la tierra me trague, tomar la pastillita azul y esconderme por siempre en la matrix. Para Margarete mi sordera no era un problema. Siempre había escuchado poco con el audífono que ya no podía usar. Habíamos bailado juntas en varios carnavales a pesar de no escuchar la música. Bah, algo escuchaba, unos ruídos incompresibles e irritantes que completaba gracias a la vibración que el cuerpo percibía al son de la percusión.


Margarete era una buena amiga, no la podía dejar en banda. A decir verdad no conocía la noche porteña, era casi tan extranjera como ella. Recordé la noche que fui a bailar tango – de vacaciones por Buenos Aires – cuando todavía vivía en Brasil, en el club Armenio. Era un lugar agradable, con ambiente ameno y daban clases gratis de tango antes de bajar a la pista. No habían turistas y eso lo hacía más interesante aún.


Cuando llegamos al club una pareja de profesores bailaban mientras las mujeres, por un lado y los hombres por el otro, los miraban. Nos juntamos al grupo, del lado de las mujeres, claro. Intentaba copiar los pasos sin la compañía de la música que los otros escuchaban. Me sentía torpe, no era tango lo que se bailaba, y sí milonga. Con el primero no tengo problemas porque el hombre lleva a la mujer, pero en el segundo caso los pasos son más complicados, en un momento se quiebra el ritmo con un saltito. Yo no sabía hacer el saltito, mucho menos cuando, al no escuchar la música.


Los profesores se detuvieron y me imagino que la música también. Era nuestro turno: hombres y mujeres se enfrentaron a la búsqueda de parejas. Raúl, que nunca había visto en mi vida, me eligió. Lo miré desconcertada y asustada pero no me podía echar atrás. Le dije avergonzada: No sé bailar milonga, no escucho la música, no escucho nada. No importa, me contestó. Me pregunto si me creyó.


Raúl tampoco sabía bailar milonga y no tenía la habilidad para conducirme. Le miraba los pies, buscaba que me den una respuesta. Estaba nerviosa y sólo se me ocurría hablar y preguntar a cada segundo qué hacer. Dimos varias vueltas con pasos torpes mientras le explicaba porque estaba ahí. En un momento me dijo divertido: No escuchás pero hablás mucho. Sin darme cuenta tomé el control de la situación. Yo llevaba el baile y él me seguía la corriente. Un desastre. Estaba tan concentrada con los pies que no sabía lo que ocurría a nuestro alrededor. Cuando levanté la vista nadie bailaba. En vez de eso nos miraban atónitos, con los brazos cruzados, a nuestro alrededor. ¿Terminó la música?, les pregunté avergonzada y luego me eché a reir por lo absurdo de la situación.


La clase acabó y la gente marchó a la pista, que se situaba en el subsuelo. Margarete y yo hicimos lo mismo. Buscamos una mesa para sentarnos. Raúl nos siguió y se sentó con nosotros. Los “galanes” se paseaban por las mesas e invitaban mujeres a bailar una pieza con ellos. Cambiaban de pareja al terminar una canción. Raúl charlaba conmigo como si le escuchase. No era fácil leerle los labios en la semipenumbra y sus bigotes eran un verdadero obstáculo para mi comprensión. De todos modos charlamos. Llevaba una lapicera y cuaderno para los momentos críticos, que eran muchos. A la segunda cerveza dejé de preocuparme con el silencio. Margarete estaba feliz y aceptaba divertida los convites de los “galanes”. No me quedé atrás. Me levantaba y decía: No escucho la música, no escucho nada. La respuesta de todos fue únanime: ¡No importa!


Bailé tango sin problema, lo debo llevar en la sangre. A medida que las cervezas se multiplicaban por las mesas la música se diversificó. Fue folclore, tango, milonga, rock, tecno y pop. Ya no necesitaba pisarle los pies a mi pareja de baile, ahora estaba suelta, podía improvisar y dejarme llevar por la vibración.


Nos quedamos hasta las cinco de la mañana y Raúl no se levantó de la mesa hasta el último momento. Nos despedimos de él y tomamos un taxi entre risas y abrazos. Estabamos alegres. Margarete por haber bailado tango en el propio Buenos Aires y yo por haberle vencido al silencio.


En el taxi me sentí insegura. Margarete hablaba sin parar en portugués. Las dos habíamos bebido y eran casi las seis de la mañana. Me sentía expuesta, los argentinos tienen un concepto equivocado de las brasileñas. Se creen que son rápidas y tontas. Un mito estúpido. Resolví hablar con el taxista: “Mire, ella es brasileña pero yo no y entiendo perfectamente el español… sólo que soy sorda”. No podía verle los labios al estar a nuestras espaladas y en la oscuridad así que me le acerqué para ver su reacción. Mi confesión agravó la situación. Me tomó la mano y la puso en su hombro. Me dijo que tenía un sobrino sordo y eso lo llenaba de “compasión”. No le creí pero le seguí la corriente mientras alejaba mi mano de su hombro sigilosamente. El taxista estaba fascinado. Le excitaba los sonidos dulces y sensuales del portugués pronunciado por Margarete, el olor a cerveza y la fragilidad de mi silencio. Lo sentía tentado ante tal situación.


Al llegar a nuestra calle él no frenó ¡Va a seguir de largo!, pensé. Lo obligué a doblar con un grito firme. Le hice parar en la esquina de casa, no quería que supiese donde vivía. Él bajó del taxi con nosotras y me invitó a bailar. Me encontré frente a un hombre alto y robusto. Le llegaba a los hombros. Me tomó la mano y bailamos un tango silencioso, en una calle desierta. Si el enemigo es más fuerte que yo mejor engañarlo con la inteligencia. Le agradecí y le entregué un número de teléfono falso para que nos dejara ir. Se fue feliz con la conquista y nosotras entramos a casa al verlo partir.


Ya dentro, me sentí aliviada y feliz. Margarete había desafiado mi silencio. Nos reímos, bailamos, bebimos y para colmo, me levanté dos tipos. ¿Qué decir? Si nos abrimos, la vida se vuelve mágica.


“La mente es como el paracaídas. Funciona si está abierta” Albert Einsten

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