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Archive for 24 marzo 2010

Un año sin fumar

Hoy cumplo un año sin fumar, el primer cumpleaños de esta nueva vida sin malos humos. Para mí es un gran día, una conquista de la cual me siento muy orgullosa. Dejé de fumar por primera vez en el año 2000. Pasé diez años intentando dejar de fumar y eso me hizo tomar conciencia de la enorme adicción que sufría con el tabaco. Recuperé mi libertad. El tabaco se había apoderado de mi alma y me tenía como un títere de acá para allá. Me mandaba comprar cigarros en cualquier circunstancia, lugar u hora. ¡Se acabó! ¡Me libré de su tiranía!

En el año 2007, después de varios intentos fallidos, me invitaron a hacer un tratamiento contra el tabaquismo en el centro adventista de vida sana (CAVS) en la provincia de Entre Rios. Estuve una semana internada en un lugar de lujo, con piletas, sauna, baño de vapor, masajes, caminatas, médicos, etc. La pasé muy bien a pesar del accidente que sufrí. Me metieron en un baño de vapor alegando que era bueno para los pulmones y ahí me entró agua en la trompa del oído y no pude más usar el audífono. Quedé en el silencio total durante casi dos años, cuando me hice el implante coclear. Por suerte fue una tragedia con final feliz pero eso mostró una cierta improvisación e irresponsabilidad de la parte de CAVS. En fin, mejor no entro en detalles.

En ese centro me diagnosticaron epoc (enfernedad pulmonar obstructiva crónica). Nunca había escuchado hablar de esa enfermedad silenciosa y progresiva causada fundamentalmente por el tabaco. Cuando te querés dar cuenta ya estás con un respirador y los días contados. Me arrepentí tantas veces por haber entrado en ese baño de vapor pero no hay mal que por bien no venga, es así que conocí el implante coclear como también descubrí la existencia oculta del epoc en mis pulmones. En las radiografías no aparece, sólo con una espirometría se detecta. Desde que lo supe me pregunto porque los médicos clínicos no hacen ese simple examen a todos los fumantes.

A pesar del diagnóstico no conseguí dejar de fumar y me asusté. El cigarro dominaba mi sentido común y mi voluntad. No quería morir pero por sobre todo no quería vivir una larga agonía causada por mi misma. Decidí buscar ayuda. No podía ir a un grupo en tiempo real porque no escuchaba las voces de la gente. A decir verdad no escuchaba ni mi propia voz. Busqué en el google información y es así que conocí el Quitómetro; un programa y un foro para dejar de fumar fantástico.

En ese foro dejé de fumar unas cuantas veces sin éxito porque para mí dejar de fumar significaba un enorme sacrificio. No sabía como vivir sin mi compañero asesino, mi compañero de todas y en todas. El problema estaba en mi cabeza, la mente le da poder a nuestras adicciones. Existen miles de ayudas pero sólo son ayudas, quién deja de fumar es uno mismo y sólo se consigue con CONVICCIÓN. No hay vuelta que darle.

Desde que supe que tenía epoc no podía fumar tranquila. Ya tenía conciencia del mal que me causaba. Recaí muchas veces durante más de un año. Seguía fumando pero no había vuelta atrás. La ilusión se había esfumado y no podía más adornar la adicción con la excusa de un placer irremplazable. No hay que desanimarse con las recaídas, forman parte del proceso. Cada vez que lo intentamos nos acercamos cada vez más a nuestro objetivo: Dejar de fumar. Aprendemos con las recaídas como aprendemos con nuestros errores. En cada recaída tenemos la oportunidad de volvernos a levantar y ahí está nuestro valor.

En el quitómetro conocí mucha gente de distintos países de lengua hispana. Aprendí mucho con las experiencias de los otros. Un día Serlio – el creador del quitómetro – cerró las puertas del foro por motivos que desconozco. Pero ya no estaba sola, había conocido un grupo enorme de aliados que me acompañan hasta el día de hoy. Magui – mi madrina – juntó un grupo de amigos y creó el quitémonos. La mayoría del grupo vive  en Argentina y de cuando en cuando nos reunimos, comemos un asado, tomamos unos vinos, nos abrazamos, reimos y así nos ayudamos a vencer la adicción. Desde España está Nieves, mi madrina virtual. Ella creó otro foro: Apagaelcigarro. Nos escribimos a diario y me apoya en todo momento. Dejar de fumar me enseñó muchas cosas y una de ellas es la humildad. Yo creía que mi relación con el tabaco era única. Un grupo de auto ayuda no podría entenderme jamás. En ese entonces no sabía lo poco original que era y lo parecidos que somos todos frente a la adicción. No hay secretos, nos inventamos las mismas excusas, tenemos los mismos miedos, negamos la realidad y nos tenemos auto compasión. La mayor ayuda para dejar de fumar son los grupos. Nos sentimos comprendidos e identificados con la gente que nos brinda una red de contención para superar las angustias que sentimos al perder nuestra muleta.Es por eso que al abandonar una adicción crecemos: aprendemos a caminar solos.

Hoy me convertí en una ex-fumante oficial según la OMS (Organización Mundial de la Salud). Sólo después de un año se considera que hemos vencido al tabaco, antes de eso somos vulnerables a las recaídas. De todos modos no hay que bajar la guardia, conocí mucha gente que volvió a fumar después de un año. Esto no termina aquí, es un largo proceso que dura para siempre pero tiene una increíble recompensa: LA VIDA.

Hoy dedico esta entrada a todos los compañeros que me acompañaron hasta acá. A los que están y a los que ya no están. A los ex-fumantes, a los que recayeron, a los que nunca lo dejaron y a los que lo van a dejar. Todos ellos fueron importantes para mí.

Se lo dedico especialmente a Serlio, al Quitómetro y a nuestra deliciosa moderadora Seda.

Se lo dedico a Anadry, a ella que me enseñó la palabra convicción.

A Nieves, que me enseñó la palabra voluntad.

A Magui, que me enseñó la palabra persistencia.

Por fin se lo dedico a Erregabe, Kiko, Nuncamás, Labegue, Josses, Terral, Dieter, Xuso, Alejandro, Nieta, Alhuerto, Latabernafantasma, Bohemia, Eros, Carmen, Pia, Martina, Rosadiaz, Tonidecadi, Vicent, Gazmira, Cris, Gothic Princess, Jeremías, Mar, Esperanza, Murciana, Ines, Castulo, Felipe, Luke, Nurieta Floreta, Miluva, Dorian, Utiru, Eterno, Saravi, Fran, Mosaris, Mora, Eu, Diane, Nikola, Lali, Reina Andrés, Laia, Iluisa, Kriss, Arratxiki, Analia, Bichita, Malú, Martina, Claudiacecilia, Victor, Miguelón, Sauce, Ritafer, Luji y todos los que no he nombrado pero formaron parte de mi liberación.

Ahora me puedo fumar un cigarrito, jejejee ¡Nooooo, de ninguna manera, Yo YA NO FUMO!

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Françoise vive seis meses en Francia y los otros seis meses en Buenos Aires. Ella estuvo en mi exposición “Del trópico a las pampas”. Le gustaron varios cuadros pero especialmente le gustó el de la selva. Me dijo que un dia le pintaría un “trompe l´eoil” en su casa. La semana pasada desaparecí de la matrix por ese motivo, pinté una selva en la casa de Françoise. Me encanta hacer este tipo de trabajo pero en Argentina la gente no tiene costumbre. Tenía que ser nuevamente una francesa para yo pueda pintar nuevamente un trompe l´oeil.

Por suerte llevé mi máquina de fotos y saqué paso por paso. Dije  suerte porque siempre me olvido y después me arrepiento.

Lo pinté en tres días y con el pie roto. En esos momentosuna fuerza se apoderade mis pinceles y me da la fuerza necesaria para conseguirlo.Si lo tendría que hacer de vuelta no sé como lo haría. Lucia, mi amiga de siempre y de todas me acompañó durante dos días y me ayudó con el pie sujetando la escalera, agua y pinturas. La pasamos muy bien y estamos muy felices con el resultado.

Espero que lo disfruten

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Reprogramación

Ayer fui a la fundación Arauz para hacer una reprogramación después de cinco meses. Tuve que posponerla dos veces por causa del pie que me rompí. Y que largo es esto del pie, me siento cansada con el tema. Ya no tengo la bota y empecé a hacer rehabilitación. Ahora estoy renga y camino a paso de tortuga pero finalmente camino.

La audióloga me hizo unos examenes para ver como estaba discriminando.Tuve que repetir sin mirarle los labios las vocales, consonantes, palabras y finalmente frases completas. Me fue muy bien con todo menos con las consonantes. La audióloga me dijo que  se debía a que estaba oyendo menos los graves y eso iba a ser considerado en el momento de la calibración.

Despues pasé a ver a la psicóloga quién me ayudó desde el inicio a sobrellevar el silencio que invadió mi vida y después enfrentar la cirugía. Me sacó de un pozo y confío mucho en ella. Le hablé durante toda la sesión de mi pie ya que el implante no es más un problema para mí, al contrario, es una bendición. No pude caminar y dependí de los otros durante dos meses, una experiencia que no me gustaría repetir.

Cuando me quise dar cuenta ya era la hora de la calibración. La fonoaudióloga prendió la computadora y pude ver los doce canales donde se alojan los 24 electrodos que me conectan al mundo sonoro. Me sentí muy bien con el mapa que llevé durante los últimos cinco meses. Necesité muy poco de la lectura labial, entendía casi todo, sobre todo las conversaciones cara a cara y en los lugares ruidosos me manejé bastante bien. Pero no miro televisión, ni escucho música (se me rompió el mp3) y casi no hablo por teléfono por el sólo hecho que me olvido que existen.

Por ahora sólo hablo por teléfono con mi madre porque es ella la que me llama. Mis amigos me desvincularon del teléfono hace rato y se comunican conmigo a través de los mensajes de texto via celular, messenger o mail. La tele no me interesa y la música la amo pero desde que se me rompió el mp3 la perdí de vista, o mejor dicho de oído. Pasé mucho tiempo sin usar el teléfono, la tele y la música. Me acostumbré a vivir sin ellos. Ahora tengo que reprogramarlos en mi cerebro e instalar sus nuevas versiones. Tengo que hacer un esfuerzo y reconozco que me cuesta. Aprendo a escuchar con el implante en el día a día, en la calle, con la gente, con los ruídos de fondo que me rodean.

La fonoaudióloga empezó a subir el volumen de los electrodos canal por canal. Después los oi a todos de una sola vez, del más grave al más agudo en forma de piano. Estaban muy altos, al límite de lo soportable así que los volvimos a bajar un poco. La fonoaudióloga me explicó que el sonido puede estar alto pero siempre debe ser cómodo. Después de unas cuantas pruebas llegamos a la calbración deseada. A decir verdad nunca sé cúal es la calibración deseada y tengo miedo de perder la que tenía. Como dicen; más vale malo conocido que bueno por conocer.

Por primera vez la fonoaudióloga grabó dos tipos de calibraciones en mi control remoto. En este último se pueden grabar hasta cuatro programaciones distintas. Una es la que hicimos juntas y la segunda es igual a la primera pero le bajó los graves porque puede ser ese el motivo por el que no distingo las consonantes. Un volumen demasiado alto produce el mismo efecto que uno demasiado bajo. Una vez más los extremos se juntan. La fonoaudióloga recomendó que use esta última calibración por unos días y si no me gusta vuelva a la que hicimos juntas; con todos los electrodos al mismo volumen.

Hoy a la mañana fui al supermercado a paso de tortuga. Oí mucho y entendí poco. Pedí un pollo:

– ¿Lo quiere cortado o entero?

– ¿Cómo?

– Que si lo quiere cortado

¿Mojado? No, no debo haber escuchado bien, mejor le digo que soy sorda.

– Discúlpeme, soy sorda, me puede repetir?

– Cortado o entero

– Cortado por favor

– Y digame, usted no escucha nada?

– Escucho con un implante. Y se lo mostré de lo más orgullosa.

Me cortó el pollo y con una sonrisa me preguntó:

– ¿Algo más linda?

– ¿Qué?

– ¿Algo más linda?

– ¿Qué?

– ¡¿ALGO MÁS LINDA?!

Y ahí le escuché y todos los que estaban en el supermercado también. El piropo compensó la vergüenza.

Como buena cabeza dura que soy había puesto el programa de todos los electrodos altos así que lo cambié por el otro. Empecé a escuchar más agudo pero también más claro. Creo que la fonoaudióloga le pegó en el blanco.

Ahora estoy escuchando muchos ruídos de fondo nuevos. Algunos me molestan bastante por ahora.

¿Que escuché?:

El ventilador como si fuese una turbina de avión. El taladro de la vecina, mi hija se sorprendió. Los perros de la otra vecina ladrando, mi hija se volvió a sorprender. Como abría la puerta de entrada no sé quién en el piso de abajo. Ahí mi hija exclamó: ¡Escuchás todo!. No sé si le gustará.

Ya me estoy acostumbrando al ventilador y los otros ruidos no lo sé porque todos se fueron a dormir menos yo.

Cada día estoy más conectada gracias a mi implante coclear. La ciencia me devolvió la audición. Me siento muy feliz y sólo me desconecto para tomar baño y para dormir. A veces me olvido que escucho con el implante y sólo me acuerdo que soy sorda cuando la pila se acaba. Ahora no me olvido más las de repuesto.

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Limpiavidrios

Este cuadro lo terminé en noviembre y desde ese entonces no volví a pintar más. Es uno más de la serie “social” que un dia pienso exponer. No sé todavía que nombre ponerle: “Los otros”, “Dentro de una misma realidad”, “¿Realismo fantástico o fantástico realismo?”, “Sobrevivir es un arte”. Todavía no lo sé. Esta serie pretende ser, entre otras cosas, un homenaje al pintor argentino Antonio Berni que tanto admiro. Su pintura es social. Él creó un personaje llamado Juanito Laguna. Juanito es un niño que vive en la villa y nos presenta esa realidad “incómoda” que forma parte de nuestra humanidad o deshumanidad, no lo sé. A veces el artista está para denunciar con su mirada algo que ni él mismo puede entender. ¿Si todos somos iguales ante Dios y los hombres por qué existen tales contrastes?. Me lo pregunto a menudo y Juanito también cuando mira desconcertado a la nave que va a la luna desde el basural. Antonio Berni ha sido uno de los primeros pintores a usar collage con plásticos, telas, arpilleras, maderas, etc. Este cuadro representa bien el enorme contraste social que vivíamos en los años sesenta  y todavía vivimos hoy. Me impresiona lo actuales que son sus temas aún hoy en dia y me pregunto en que hemos mejorado desde entonces.

Este cuadro que  pinté es un limpiavidrios, me imagino que ya se dieron cuenta pero igual se los presento. Un personaje que representa algo más que un desempleado, representa una parte de la sociedad que no tiene espacio en el mercado de trabajo. Lo podríamos llamar “desempleable”. Creo que este es uno de los peores males que vive nuestra sociedad, la fuerza de trabajo dejó de existir y el ser humano pasó a ser un producto desechable. El desempleo es un problema grave pero no tener un espacio en el mercado de trabajo es más grave todavía. Yo no soy quién para decir como se debe solucionar este problema, para eso están los políticos que infelizmente se muestran bastante ineptos o demasiado codiciosos para hacer algo al respecto. No sé, formo parte de los que no creen en los políticos. Es más, desconfío plenamente en ellos. La política huele mal. El poder es un arma de doble filo. Hay que atravesar lugares muy sombríos para llegar y mucho más oscuros aún para permanecer en él. No puedo evitarlo, odio la política. Por suerte hay otras maneras de hacer política y una de ellas es a través del arte. El artista denuncia y su denuncia sirve para movilizar. El artista “oficial” no puede hacer política porque sino hace propaganda y la propaganda sirve para alienar a la gente. Estoy tocando un terreno barroso y no me quiero embarrar, no quiero meterme con los políticos, sólo quiero ser el ojo incómodo, sobre todo para ellos. Para eso se debe vivir al margen, como este personaje que pinté. Desde la otra vereda se hace política al denuciar la hipocresía, al sonreir a un extraño, al darle la mano al que se tropezó, al compartir con el “otro” un “que calor hace”. Se puede hacer política en el día a día siendo coherentes con nuestras ideas. La política de los políticos no es lo mío, me pongo mal y me sale lo peor. Lo mío es hacer arte. El arte es denuncia y tambien es belleza, el arte es un modo de expresión. Esta serie tiene como objetivo denunciar una sociedad hipócrita y deshumana pero no me quiero adherir a ningún partido político con ello. De todos modos no sólo quiero denunciar, tambien me gusta pintar la belleza y la alegría de la vida. El mundo no es una pantalla en blanco y negro, es multicolor y con muchos matices intermedios. En esta serie busco una denuncia … con belleza y por eso pinté al limpiavidrios que nos obliga a que lo miremos. En cada semáforo nos dice: “No me podés ocultar”.

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